El estratega que encontró en el ‘caos’ su mejor lienzo
Julissa Villanueva Periodista
Julissa Villanueva Periodista
Era mayo de 2016 cuando Sergio Moraga, un creativo que ya había probado el éxito en las agencias de Chile y España, recibió una llamada que cambiaría su geografía. Un colega en Guayaquil le advirtió que una agencia local buscaba un director general Creativo con visión internacional. En ese entonces, dice, Ecuador apenas aparecía en el mapa publicitario regional, pero para Moraga, ese ‘vacío’ no era una carencia, sino una invitación.
"Cuando les decía a mis amigos que me iba a Ecuador, me preguntaban: ‘¿Pero por qué Ecuador?’. En esa época, el país no estaba en el radar latinoamericano de la creatividad", recuerda Moraga, quien hoy se desempeña como director Creativo Adjunto en Gran Idea S.A. y docente en la Universidad Casa Grande.
“Mi respuesta fue siempre la misma: ¿y por qué no Ecuador?, prefiero estar en un lugar donde no está todo hecho porque hay más oportunidades de crear, que en uno donde todo está establecido, pero -a mi modo de ver- mal hecho".
Nacido en Santiago en 1982, Moraga es un nómada por convicción. Su carrera empezó prematuramente a los 20 años en agencias chilenas como Mackenna & Armstrong, donde a los 24 ya lideraba equipos creativos para marcas globales como Volkswagen.
Sin embargo, su instinto aventurero lo llevó a Barcelona para cursar un máster y trabajar durante cuatro años, una experiencia que le enseñó a reaprender códigos culturales desde cero.
Para Moraga, el caos no representa desorden, sino el estado de oportunidad donde las estructuras convencionales se rompen para dar paso a lo nuevo.
En su visión, los mercados saturados o las crisis de marca son el lienzo en blanco ideal: un espacio donde el estratega no llega a "arreglar" piezas viejas, sino a diseñar soluciones desde cero con una mirada global. Bajo esta filosofía, su llegada a Ecuador fue la búsqueda de un territorio donde el lienzo aún permitía trazos amplios y ambiciosos.

Llegó a Guayaquil hace diez años junto a su esposa, Bernadita Justiniano. En este tiempo, vio crecer a su familia. León es el hijo mayor tiene 16 años y nació en Barcelona, España, durante la época en que Sergio y su esposa estudiaban sus másteres (alrededor de 2004-2008). Josefa (14), la segunda hija, nació en Chile, en el periodo en que la familia regresó de España antes de migrar a Ecuador (entre 2011 y 2015). Renata (6) es la tercera hija. Ella nació en Guayaquil, Ecuador, tras el asentamiento de la familia en el país.
En este trayecto, ha sido testigo y motor de la transformación de la industria local, al tiempo en que -dice- evolucionaba su perfil. "Ecuador ha pasado de ser un país con pocos casos de éxito creativos a tener agencias que hoy son referentes regionales", destaca.
El mayor desafío que Sergio Moraga encontró al aterrizar en el mercado ecuatoriano no fue logístico ni económico, sino conceptual. En sus primeros años, se topó con una barrera invisible: la obsesión por el "insight local". Equipos y clientes insistían en buscar ideas exclusivas para el territorio, una visión que Moraga cuestionó desde su experiencia global.
Para él, los insights no tienen pasaporte; son universales porque nacen de la condición humana. Su labor estratégica consistió en derribar esa creencia, enseñando que, aunque existan costumbres particulares, las motivaciones profundas de un consumidor en Guayaquil son las mismas que en Tokio o Santiago de Chile.
Entre las campañas exitosas que lideró, que acumulan reconocimientos nacionales e internacionales, están las de componente social, como aquella denominada Bandera honesta, que sensibiliza una atención por el cuidado del ambiente y que motivó una declaratoria de emergencia climática en el país en 2019, recuerda.
O la campaña ‘El Viaje’, cuyo producto central es un cortometraje que aborda la historia de niños diagnosticados con cáncer y que evidencia cómo -más que por la enfermedad- muchos mueren por ser pobres o vivir lejos del hospital, para su tratamiento. Este último trabajo motivó la construcción de espacios, para el hospedaje temporal de los pacientes,
Para Moraga, la comunicación no es un producto terminado, sino un proceso de aprendizaje continuo. Esta filosofía lo llevó a la docencia, donde rompe la barrera tradicional del profesor que profesa. "Creo en la lógica de pararnos tanto el docente como el estudiante en el rol de aprendiz. Uno aprende mucho más enseñando; es un proceso de retroalimentación extraordinario".
Su impacto en el ecosistema ecuatoriano no se limita a las marcas. Como cofundador y director ejecutivo del Colectivo Cabos, lidera una acción ambiental que busca soluciones sostenibles, demostrando que la reputación de un profesional en el siglo XXI se construye también con propósito social.
A una década de su llegada, Moraga valora lo que el ecuatoriano a veces da por sentado: la calidez humana. "Ese saludo, esa cercanía al empezar una conversación. Como cuando entras al ascensor y te saludan o cuando estás en una reunión que inicia con un preámbulo de cómo estás, algo tan sencillo y humano... en Chile o España vas directo al punto. Aquí hay una pausa necesaria que enriquece", confiesa.
Con la mirada puesta en un futuro donde la tecnología y la humanidad deben converger, Sergio Moraga sigue apartando el sillón de la comodidad. Para este chileno con corazón guayaquileño, el negocio -al igual que el mundo- nunca deja de moverse, y mientras haya algo por hacer, él seguirá aquí para diseñarlo. (I)