Por qué el acuerdo entre Apple y Google por la nueva Siri es solo un parche en la estrategia de IA
Apple quiere ganar tiempo mientras desarrolla chips y servidores propios, pero todavía depende de tecnología ajena para sostener sus promesas.
Apple quiere ganar tiempo mientras desarrolla chips y servidores propios, pero todavía depende de tecnología ajena para sostener sus promesas.
Sergey Brin superó a Larry Ellison de Oracle y a Jeff Bezos de Amazon para convertirse en la tercera persona más rica del mundo, situándose de nuevo detrás de su compañero cofundador de Google, Larry Page, mientras que las acciones de la empresa matriz, Alphabet, subieron hasta alcanzar su último hito.
La suba de 2025 dejó la vara alta: la inteligencia artificial, márgenes en alza y un fallo judicial clave impulsaron el rally de la compañía. Pero el nivel de inversión y los riesgos regulatorios reavivan las dudas para este año.
Con funciones que van de lo lúdico a lo técnico, el servicio demostró que una interfaz amable puede convertir tareas tediosas en ejercicios casi placenteros.
Su empresa, nacida en una fábrica de motores para lavarropas, multiplicó su valor gracias al auge de la inteligencia artificial y la demanda global de hardware para centros de datos.
Aprovechar la inteligencia artificial, automatizar tareas y saber dónde publicar contenido son algunas de las claves para destacarse online sin gastar de más.
Desde estudios empresariales de largo plazo hasta experiencias directas en Google, Apple, y Kimberly-Clark, una selección que reúne lo mejor del pensamiento sobre liderazgo moderno. Lecturas fundamentales para quienes buscan dirigir con propósito y eficacia.
Pese a que reinvierte buena parte de sus ingresos, Alphabet recompensó a sus accionistas con más de US$ 350.000 millones en una década. Cómo se explica esta cifra y qué otras empresas integran el podio.
La compañía incorporó una función que permite a los administradores de dispositivos laborales acceder al contenido de los chats, incluso si están cifrados. La promesa de privacidad en la mensajería, otra vez en debate.
Dos ex empleados de Palantir y Google crearon una empresa de inteligencia artificial que ya vale miles de millones. Su software reproduce voces con una naturalidad inquietante, y se volvió una herramienta clave para youtubers, editoriales y empresas globales.
Un investigador de seguridad descubrió una falla desagradable en la herramienta Antigravity de Google, el último ejemplo de cómo las empresas se apresuran a lanzar herramientas de inteligencia artificial vulnerables a la piratería.
La suba del 2,2% en las acciones de Alphabet le permitió a Sergey Brin desplazar a Larry Ellison del podio. El avance se potenció tras rumores de una posible alianza con Meta para proveer chips de inteligencia artificial.
Sergey Brin superó este martes a Larry Ellison de Oracle para convertirse en la tercera persona más rica del mundo, situándose detrás de su compañero cofundador de Google, Larry Page, mientras que las acciones de la empresa matriz Alphabet han subido en las últimas semanas gracias al optimismo por su negocio de inteligencia artificial.
El papel de Broadcom pegó un salto tras aliarse con Alphabet para fabricar chips diseñados a medida. Los analistas creen que, si sostiene su posición en inteligencia artificial y consolida los ingresos por software, su precio podría seguir trepando a pesar de la volatilidad.
Arrancó con una notebook, sin capital ni inversores, y logró que su firma trabaje con gigantes como la NASA y Google. La apuesta por edificios con cero emisiones, tecnologías limpias y un modelo de negocio coherente con sus principios lo convirtió en referente del rubro.
Mientras los gigantes tecnológicos ponen servidores y chips, las petroleras aportan infraestructura y energía barata. El auge de la inteligencia artificial los une en una sociedad inesperada, pero rentable.
Apuntan a reducir costos y mejorar la precisión sin intervención humana. Fundaron un laboratorio en Nueva York y desarrollaron una arquitectura que filtra datos de forma autónoma.
Con un vehículo propio, desarrollado junto a una automotriz china, Apollo Go logró igualar el ritmo de viajes de la compañía de Google y avanza con planes concretos para desembarcar en Europa y Medio Oriente.
En lugar de confiar ciegamente en datos y tableros, dos gigantes muestran cómo una simple duda puede cambiar el rumbo de una organización. Qué revela la curiosidad estratégica, por qué sirve más que tener respuestas y cómo una consulta bien formulada puede convertirse en motor de crecimiento.