El dominio público suma una nueva generación de clásicos que hoy cualquier creador puede tomar, mezclar y transformar sin pedir permiso ni pagar regalías, desde personajes animados hasta novelas, películas, pinturas y canciones de 1930.
La palabra puede sonar extraña y no tiene nada que ver con el perro vago y cariñoso del mundo de Walt Disney. De qué se trata y cómo adaptar el liderazgo a estos tiempos.