Por qué Messi se equivoca al dejar la Selección
Alex Milberg Director
Alex Milberg Director
Lo primero que despierta la carta, escrita de puño y letra, es emoción, porque hace tiempo que lo primero que nos despierta Messi son emociones. Sin importar lo que diga o haga: si llora, lloramos todos; si es feliz, somos felices. El ser humano vivo más reconocido de la historia enciende sentimientos en millones de personas en todo el mundo. Pero la noticia no es que se retira del fútbol, sino de la Selección Nacional. Es un texto claro, propio —y ya lo dijimos— conmovedor: repasa su amor por la camiseta, le agradece a Dios ser argentino y dice que es tiempo de dar lugar a los jóvenes, de alentar desde afuera, de ser uno más.
Aunque es obvio aclararlo, Messi es dueño de sus decisiones y tiene el derecho de hacer lo que quiera de su vida. Es tan obvio que lo repito porque, en tiempos de haters, redes ansiosas y poca comprensión de texto, es importante reiterar: nadie cuestiona a Messi. Pero sí es posible discutir su decisión. En los manuales de corrección política de nuestra época, miles de debates pretenden clausurarse con el «vos tenés una opinión y yo otra, respetá la mía y ya». Las opiniones no están para ser respetadas sino para ser debatidas, cuidando a las personas pero analizando a fondo el contenido.
Hay al menos tres razones atendibles para entender por qué hoy toma un camino equivocado.
La primera es el contexto. Admite que lo escribió dos días después de haber perdido la final y que ratifica su decisión ahora tras la muerte de su padre. Leo está en pleno duelo: uno deportivo, de mucho menor peso, donde sintió que en la final «no le daban más las piernas», y por supuesto, en el duelo más profundo y doloroso por la partida de Jorge Messi. Las decisiones tomadas en tanto dolor pueden ser desafortunadas. Messi, dolido por las críticas de una sociedad tan exitista como la nuestra, ya abandonó la Selección hace 10 años, tras perder la final de la Copa América por penales, en medio de la angustia y la frustración. Es comprensible que hoy sea una reacción instintiva, pero el duelo profundo no es el mejor contexto para tomar una decisión tajante.
En el management de alta competencia y en la toma de decisiones estratégicas existe una regla de oro: nunca definir el rumbo a largo plazo durante una tormenta emocional. El agotamiento físico extremo y el dolor personal estrechan el campo de visión y distorsionan la perspectiva del propio valor. Los grandes líderes, al igual que los atletas de élite, suelen confundir una fatiga transitoria con un ciclo agotado. Cuando la mente procesa un duelo, el instinto busca el alivio inmediato de la retirada; pero las decisiones estructurales exigen la distancia del tiempo para no clausurar prematuramente un activo irremplazable.
La segunda razón es que contradice su propia vigencia. Nadie duda de su amor por la camiseta, pero alguien que sigue estando entre los tres mejores jugadores del planeta —y me cuesta encontrar a los otros dos— privará al equipo de un factor desequilibrante. Antes del Mundial se instaló en el debate público que Messi «estaba para jugar los últimos veinte o treinta minutos». La realidad lo desmintió: jugó todos los partidos, metió 8 goles decisivos, fue la figura del torneo y merece el Balón de Oro, tal como dejó entrever Mourinho al cuestionar a quienes premian por inercia burocrática a integrantes del plantel campeón antes que a los verdaderos fuera de serie. El propio Ángel Di María, acaso el quinto o sexto jugador más importante de la historia del fútbol argentino, se retiró campeón de la última Copa América. En su caso, veinte o treinta minutos hubieran marcado la diferencia en cualquier partido de este último Mundial. Di María, en otra escala, también se equivocó.
La tercera y última razón por la que Messi se equivoca en dejar la Selección es que le queda más para disfrutar, para ser feliz dentro de la cancha, con la cinta de capitán y su magia actual. Hizo cuatro goles (cuatro) en la MLS contra rivales veinte años más jóvenes, desparramando gambetas y talento. Física y técnicamente está preparado para jugar la Copa América 2028. O, al menos, tiene mucho tiempo por delante para tomar una decisión definitiva.
Lo lógico, lo habitual es entender que hay ciclos terminados. Que el paso del tiempo es irrevocable. Nadie lo pone en duda. Pero, en una era en la que los tiempos de los atletas se alargan (Djokovic continúa dando batalla en un deporte individual a los 40), no es imposible soñar que Messi podría seguir probando, que se apuró, que puede volver atrás, que nos vuelva a ilusionar un poco más.
Estoy en etapa de negación. Todavía nos queremos ilusionar.