Forbes Ecuador
Rubén Orozco, CEO de la florícola Utopía Farms.
Fotos : Armando Prado Viteri
27 Agosto de 2026 06.00

David Paredes Periodista

Es la número uno y vende 350 millones de flores ecuatorianas al mundo

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Utopía Farms es la empresa líder en las exportaciones del sector. En 420 hectáreas producen 34 especies entre rosas, lirios, ásteres, gipsófilas y girasoles. Los productos llegan a 35 destinos a escala global y los principales son Estados Unidos, Europa y Colombia. La florícola genera empleos para 5.000 personas y controla la exclusividad de los tallos desde la genética, cultivo y logística. En 2025, tuvo ingresos por ventas de US$ 129,5 millones.

La oficina de Rubén Orozco, CEO de la florícola Utopía Farms, tiene un aroma especial. Su espacio está decorado con ocho jarrones y cada uno tiene distintas flores que se producen en sus 12 fincas. El perfume dulce que envuelve el lugar es una combinación de las rosas y especies de verano. 

Rubén Orozco
Rubén Orozco, CEO de la florícola Utopía Farms.

Esta empresa produce 350 millones de tallos en una extensión de 420 hectáreas, que luego se exportan a Estados Unidos, principalmente, y a otros 34 destinos en Europa, Asia y América Latina. En 2025, registró ingresos por US$ 129,5 millones, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros, y se ubicó en el top uno de los mayores exportadores en Ecuador.

Los destinos en el mercado europeo pueden incrementarse, ya que la carga ecuatoriana entra por el aeropuerto de Ámsterdam (Países Bajos) y se distribuye a otros países. Por eso, el ejecutivo quiteño, de 44 años, señala que el producto de Utopía adorna los ambientes de toda Europa Occidental.

Una vez al mes, visita las 12 haciendas productoras que están en Cayambe, Perucho y El Quinche, en Pichincha, para garantizar que se cumplan todos los procesos y que se respeten los protocolos de calidad. 

Con un sombrero de fieltro de lana café, con cintillo, una camisa remangada hasta los codos y zapatos tipo botín, Rubén camina entre las plantaciones, conversa con los empleados y conoce cada etapa del cultivo. Ese hábito profesional lo comenzó hace 10 años, cuando asumió el liderazgo de la organización. 

Llegó a la firma hace 20 años como agricultor, cuando la empresa operaba con otra razón social. En 2016 asumió la gerencia. Desde entonces ha tomado decisiones que transformaron la historia de la florícola.

“Entré cuando la compañía se llamaba Hilsea y su propietario y fundador era el alemán Peter Ullrich. En 2016, ya en la gerencia general, me tocó enfrentar la incertidumbre que se generó tras el fallecimiento de nuestro fundador”, recuerda Orozco. 

En su primer año como CEO entendió que en el compromiso y la calidad estaba la clave del éxito. Tras la muerte de Ullrich, fue testigo de cómo Clarice (origen estadounidense), su viuda y heredera, vino al país para atender el negocio y sacarlo adelante.

“Me conmovió ver como Clarice sin entender nada de flores, madrugaba, se ponía las botas y recorría la finca para mantener a flote el negocio. Si ella lo logró ¿por qué nosotros no íbamos a apoyarla y lograr buenos resultados?”.

Hasta 2019, Hilsea tenía 180 hectáreas, trabajaban 1.000 personas y generaba ingresos por US$ 39,3 millones, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros. Todo cambió con la pandemia. 

Fue un momento de quiebre. Orozco tomó decisiones complejas. Su equipo se redujo al 50 % y se dejó de sembrar y cultivar 80 hectáreas. El mercado se cerró por completo ante las amenazas del Covid-19.

“Llegábamos a distribuidores directos en Estados Unidos y Europa y a los grandes organizadores de eventos. De la noche a la mañana nuestro mercado se cerró por completo". La crisis sanitaria coincidió con la temporada de San Valentín. 

A mediados de 2020, la florícola entró en proceso de venta. En mayo, Sunshine Bouquet, de capital estadouidense, adquirió las haciendas e impuso una estrategia de crecimiento agresiva.

El estadounidense John Simko, su nuevo propietario, encontró en Ecuador la oportunidad de crecer en la región. Como parte de Hilsea, también adquirió Operflor, la compañía de transporte y logística, y Genviv, encargada de la genética y la ciencia detrás de cada semilla.

Entre 2020 y 2022 se invirtieron US$ 60 millones en la adquisición de nuevos terrenos e infraestructura para operar.

Esto permitió que las personas despedidas fueran contratadas nuevamente. Actualmente, cuenta con 5.000 colaboradores para toda la operación. “Los primeros meses de la pandemia la compañía perdió US$ 15 millones. Si no llegaba Sunshine Bouquet hubiésemos quebrado, porque en plena crisis sanitaria era prioritario comprar comida que tener en casa flores de exportación”.

La empresa se transformó en Utopía Farms. El nombre surgió de esa idea de recuperar fuentes de empleo y tierras que quedaron desprotegidas en plena pandemia.

“La sugerencia era que se llamara Sunshine Ecuador, pero John nos dijo que quería algo nuevo y distinto a lo que ya había en la región. Le pusimos Utopía en honor a lo que hicimos. Era una utopía volver a operar en plena emergencia sanitaria”.

Sunshine Bouquet tiene su centro de distribución en Florida, Estados Unidos, y operaciones en Colombia, con 1.400 hectáreas. Las flores producidas en Ecuador se exportan con la marca Esmeralda.

La estrella es la gipsófila o velo de novia

Plantación de flores Utopía
Plantaciones de gipsófilas en Utopía Farms, en El Quinche. Foto: Armando Prado Viteri

Según un estudio publicado en 2025 por la Universidad Técnica del Norte, Ecuador es el principal productor de gipsófilas en el mundo. Se estima que en el país hay 400 hectáreas dedicadas a este tipo de flor, también conocida como velo de novia. Para Utopía Farms, esta variedad es su principal fuente de ingresos y representa el 20 % de su producción. Al año, cosecha 75 millones de tallos.

La Asociación Nacional de Productores y Exportadores de Flores del Ecuador (Expoflores), en su informe anual, revela que en 2025 se exportaron 9.907 toneladas de gipsófilas a 80 destinos a escala global. Estados Unidos y Europa son sus principales mercados. Esto generó ingresos de US$ 81 millones al país, que corresponden al 8 % del total de las ventas nacionales.

Esta florícola envía velo de novia dos veces por semana a Colombia. La empresa vende este producto a las otras unidades de negocio del grupo, que se encargan de armar ramilletes con otras flores y las exportan.

Utopía creó su propia variedad que se llama Overtime y fue producida en sus laboratorios hace más de una década. Su genética exclusiva está registrada en Europa, Estados Unidos y en la región. Desde su corte, tiene un tiempo de vida de hasta 40 días, lo que la hace única y atractiva en el mercado global.

“Es nuestra estrella. Es una variedad exclusiva de producción. Nadie más en el mundo produce Overtime. Su característica principal es su blanco puro y la duración extremadamente larga”.

Según Fedexpor, la gipsófila es la segunda flor de corte que más se exporta en Ecuador, detrás de las rosas, que son, por su colorido y variedad, las más apetecidas por los consumidores.

En sus fincas se producen 34 especies de flores. Entre ellas, las más solicitadas son las gipsófila, las rosas estándar y spray (que por tallo pueden tener hasta tres botones), los girasoles y los lirios.

Por eso, caminar por las plantaciones de gipsófila, en la hacienda La Mora, en El Quinche, es como estar en las nubes. Son centenares de metros pintados de blanco, donde apenas se puede divisar dónde empieza y termina el invernadero.

La calidad no se negocia

Plantación de flores Utopía
Personal selecciona las flores cosechadas, en la zona de empaque. Foto: Armando Prado Viteri

Rubén Orozco reconoce que uno de sus objetivos es nunca sacrificar la calidad de sus productos. “Se puede cosechar menos tallos, siempre y cuando las flores cumplan con todas las características que se necesitan para sorprender al consumidor final en el otro lado del mundo”.

El 100 % de la producción se exporta. Cuando no cumplen con los estándares, son utilizadas como compostaje para la tierra. “No vendemos nuestros productos en el mercado local. Hay empresas que adquieren estos rechazos y los exportan como suyas y a menor costo. Así evitamos dañar el mercado”.

En la finca La Mora hay una zona dedicada al control de calidad minucioso. Cada tipo de flor pasa por un simulacro completo. En ese lugar se verifica si resisten al movimiento carguero, si la temperatura es la adecuada y qué pasa cuando llegan a su destino final.

“Las sometemos a todo lo que pasa durante su exportación. Analizamos y verificamos cuáles resisten más. Así podemos mejorar tiempos y la calidad”.

Orozco se graduó de ingeniero agropecuario en la Escuela Politécnica del Ejército (ESPE), en Quito. Por eso, habla con conocimiento. Hay que tener la data para controlar los procesos de producción, desde cómo se pone la semilla, hasta la hidratación y cosecha.

“La floricultura es agronomía. Hay que entender que en este negocio hay factores que se van de nuestras manos, como las condiciones climáticas. Uno tiene que dejarle a diosito que haga su parte. Que salga el sol, que llueva, que haga viento. Pero no le puedes dejar todo a él. Uno tiene que hacer su parte y eso implica preparar bien el suelo y la siembra, fertilizar y regar adecuadamente, cuidar todos los días que las plantas no se enfermen”.

En una de sus fincas tienen una zona de propagación, donde cada semilla que se desarrolla en el laboratorio se siembra. Este es el primer paso para determinar las nuevas especies y las variedades que serán enviadas al extranjero en 2027. Por eso su CEO y parte de su equipo aseguran que en Utopía Farms la temporada de San Valentín empezó en agosto. (I)

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