Treinta años de mover al Ecuador: Fastline y su apuesta por la movilidad eléctrica
De 15 taxis y una línea telefónica a 3.500 vehículos en todo el país. Diego Padilla, gerente general de Fastline, cuenta cómo convirtió una idea disruptiva en la empresa de transporte ejecutivo más consolidada del Ecuador, y por qué la transición eléctrica es el siguiente capítulo de esta historia.

Era 1996 cuando Diego Padilla decidió que había un problema que nadie quería resolver. Pedir un taxi en Quito significaba salir a la calle principal, esperar, y rezar para que el conductor aceptara el destino. “Si parabas un taxi y decías lléveme a San Juan, la respuesta era: no, es mucha cuesta, allá no voy”, recuerda. Esa realidad, tan cotidiana como frustrante, fue el punto de partida de Fastline.

El primero de mayo de ese año, en un guiño consciente al Día del Trabajo, Diego Padilla y tres soñadores arrancaron con 19 vehículos, la línea nemotécnica 222-2222 y una promesa que sonaba casi revolucionaria: el taxi llega a tu puerta, a la hora que sea. Hoy, 30 años después, Fastline opera 3.500 autos a nivel nacional y da servicio a cerca de 850 empresas en todo el país.

La promesa del servicio puerta a puerta transformó la relación entre el pasajero y el transporte urbano. Ya no era el usuario quien se adaptaba al taxi, sino al revés. Esa filosofía, atender bien, llegar a tiempo, no negociar destinos, sigue siendo el núcleo de la operación. Un operador 24/7, conductores verificados y un compromiso de respuesta convirtieron a Fastline en el aliado de movilidad de miles de ecuatorianos. 

Tecnología propia, identidad ecuatoriana

Lo que diferencia a Fastline de cualquier aplicación que llegó después con la infraestructura que construyó desde el primer día es software ecuatoriano, call center 24/7 y cuatro canales de atención: app, teléfono, web y WhatsApp. El sistema lleva el nombre de la hija mayor de Padilla, Andrea, quien hoy tiene 32 años y es gerente en Guayaquil. “Las plataformas internacionales solo operan por app. Acá tienes un aplicativo, un call center, un oficial de cuenta y toda una empresa respaldándote”, explica.

Seguridad como ventaja competitiva

Cada conductor pasa por un proceso de selección de al menos siete días: verificación de antecedentes penales, revisión de procesos judiciales en curso y capacitación en políticas internas. Además, cada ocupante cuenta con una póliza de hasta US$ 15.000 por accidente. Esa ecuación de confianza convenció a más de 850 empresas que contratan con Fastline la movilidad de sus empleados.

El siguiente capítulo: movilidad eléctrica

Padilla tiene una forma concreta de explicar el impacto eléctrico: habla de socios. “El primer socio en este negocio se llama combustible. Sin US$ 22 en el bolsillo no puedo trabajar. Con un vehículo eléctrico, el mismo recorrido cuesta US$ 2,25”. Fastline firmó un convenio, obtuvo la certificación ISO 14064-1:2018, compensó su huella de carbono y se integró al Programa Ecuador Carbono Cero (PECC) del Ministerio del Ambiente y Energía. El objetivo: convertir al menos el 90 % de la flota a movilidad eléctrica. “En China no hay un taxi que no sea eléctrico”, dice Padilla tras visitar ese país. “Ecuador no va en dirección contraria, va tarde, pero va”.

Treinta años después de esa primera llamada al 222-2222, Padilla resume su visión en una frase: “Una movilidad responsable. Con el usuario y con el medio ambiente”. Fastline es, en sus palabras, su vida, su juguete y su pasión: una empresa que nació sin modelo previo y que sigue escribiendo su propio guion. (P)