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La historia de Estados Unidos es, en buena medida, la historia de cómo una nación transformó sus recursos, su talento y su innovación en prosperidad para sus ciudadanos y en aportes decisivos para el desarrollo del mundo.

1 Julio de 2026 15.04

En el 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, resulta imposible comprender su historia sin comprender la energía. Durante dos siglos y medio, la capacidad de producir, innovar y aprovechar sus recursos energéticos ha sido uno de los pilares de su desarrollo económico, tecnológico y geopolítico.

Desde 1776, la joven nación entendió que la libertad política necesitaba una base económica sólida. Primero fueron los bosques, los ríos y el carbón que impulsaron la Revolución Industrial. Más tarde llegaron el petróleo, el gas natural, la electricidad y la energía nuclear, que transformaron a Estados Unidos en la mayor potencia industrial del siglo XX.

La abundancia energética permitió construir carreteras, puertos, universidades, hospitales y centros de investigación. También impulsó una agricultura altamente productiva, una poderosa industria manufacturera y un ecosistema de innovación que dio origen a avances tecnológicos que cambiaron el mundo.

La historia del petróleo estadounidense merece un capítulo especial. Desde el primer pozo comercial de Pensilvania en 1859 hasta la revolución del shale del siglo XXI, la industria energética ha demostrado una extraordinaria capacidad para reinventarse mediante ciencia, ingeniería y emprendimiento. Gracias a ello, Estados Unidos pasó de prever una dependencia creciente de las importaciones a convertirse nuevamente en uno de los mayores productores de petróleo y gas del planeta.

Ese liderazgo no solo fortaleció su economía. También transformó la geopolítica mundial. Las exportaciones de gas natural licuado y petróleo han contribuido a diversificar el abastecimiento energético de numerosos aliados, reduciendo vulnerabilidades y fortaleciendo la seguridad energética internacional.

Hoy, al cumplir 250 años, Estados Unidos continúa apostando por la innovación. Bajo el liderazgo del secretario de Energía, Chris Wright, el Departamento de Energía ha enfatizado que el desafío no consiste en producir menos energía, sino en producir más energía, más limpia, más segura y más asequible. La estrategia incluye fortalecer la producción nacional de gas y petrole (Drill,Baby,Drill), acelerar nuevas tecnologías, apoyar la energía nuclear, mejorar la red eléctrica, desarrollar captura de carbono y mantener la competitividad industrial.

La principal lección para América Latina y el mundo es que el desarrollo sostenible requiere abundancia energética. No existe país industrializado que haya alcanzado prosperidad con escasez de energía. La discusión no debería enfrentar unas fuentes contra otras, sino aprovechar todas las tecnologías disponibles para garantizar electricidad confiable, combustibles competitivos y menores emisiones mediante innovación.

Estados Unidos demuestra que la energía no es únicamente un recurso económico. Es un instrumento de libertad, seguridad nacional, bienestar social y liderazgo tecnológico. Su experiencia confirma que la riqueza de los recursos naturales solo genera progreso cuando se combina con instituciones sólidas, inversión privada, investigación científica y visión de largo plazo.

En este 4 de julio, más que celebrar una fecha histórica, vale la pena reconocer una realidad frecuentemente olvidada: gran parte del progreso moderno ha sido posible gracias a la energía. La historia de Estados Unidos es, en buena medida, la historia de cómo una nación transformó sus recursos, su talento y su innovación en prosperidad para sus ciudadanos y en aportes decisivos para el desarrollo del mundo.

Feliz Día de la Independencia a Estados Unidos. Que sus próximos 250 años continúen inspirando innovación, libertad y una visión pragmática de la energía como fundamento del progreso humano. (O)

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