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Tenemos una responsabilidad y compromiso común: con actitud positiva, y amor por la ciudad, restablecer la identidad y el orgullo quiteño, y para eso se necesita mucho más que manifestar malestar, indignación e impotencia un tuit.

03 Septiembre de 2021 16.32

Sí, Quito está en crisis. Todos lo sabemos, lo vemos y nos lo recuerdan a diario. Es una crisis institucional, política y de falta de liderazgos, sumada a una profunda desconexión entre ciudadanos y sus autoridades de turno. Es evidente y permanente la indignación de muchos quiteños que manifiestan su frustración en redes sociales y conversaciones cotidianas. 

Lamentable situación en momentos en que el país da mensajes diametralmente opuestos, de esperanza, orden, confianza y oportunidades. Quito en su enredo deja de aprovechar esta percepción positiva del Ecuador, y pierde espacio en su promoción como destino para negocios, inversiones y turismo de excelencia, lo cual le permitiría dar pasos firmes hacia el tan anhelado desarrollo sostenible con progreso y responsabilidad social. 

Dentro de este complejo escenario, sin lugar a duda uno de los detonantes más graves de este mal momento capitalino, es el pesimismo y la perdida de orgullo de quienes viven en ella. La abrupta interrupción y suspensión de sus fiestas históricas y tradicionales, con todo lo polémico que puede ser el tema, no solo conllevó a un lamentable impacto en materia económica y turística, sino que también afectó a la personalidad de la ciudad. Tampoco se puede olvidar que, como capital y centro político nacional, seguramente con la anuencia de sus autoridades, la ciudad ha sido escenario de manifestaciones violentas y vandálicas que han agredido su integridad, infraestructura y ornato, golpeando de esta manera también su dignidad. Adicionalmente, Quito incluyente, generosa y pluricultural, ha sabido acoger a extranjeros y ecuatorianos de otras regiones, quienes motivados por su dinamismo económico han llegado a establecerse en busca de oportunidades y estabilidad. Esta migración nacional e internacional, siempre bienvenida mientras se inserte y adapte con respeto y de manera sistemática, por distintos motivos ha sido otro de los elementos que han alterado la identidad y sentido de pertenencia de sus ciudadanos, elementos necesarios para consolidar una sociedad prospera. 

En fin, Quito no esta bien. A todo esto, podríamos añadir que a ratos parecería que al quiteño le gusta lamentarse de su situación y que la queja se ha vuelto una norma en la sociedad. Esto debe cambiar. 

No podemos olvidarnos del honor y privilegio que es vivir en Quito. No dejemos que el negativismo opaque aún más a nuestra querida ciudad. Después de todo, la capital de los ecuatorianos, con un skyline y una geografía espectacular, tiene el centro histórico más grande, rico y mejor preservado de América Latina, y es mucho más que el primer Patrimonio Cultural de la Humanidad. De acuerdo con revistas especializadas, organizaciones e índices internacionales, Quito es una de las ciudades más seguras de la región; tiene una cobertura superior al 96% de servicios básicos, lo cual está muy por encima de la media latinoamericana; y su entorno, sumado a sus amplios parques urbanos la han catalogado como una de las ciudades más verdes de Suramérica. 

Quito es también un polo de desarrollo económico y productivo dinámico, y con gran potencial. Aporta con el 25% del PIB nacional, y concentra el 30% empresas del Ecuador. Representa el 35% de las exportaciones de manufactura y valor agregado del país, y tiene el 21% del comercio interno ecuatoriano con el 43% del total de las ventas nacionales. Desde Quito se generan el 20% de las exportaciones no petroleras; y desde su aeropuerto internacional, lleno de reconocimientos y galardones, se transportan más de 250 mil toneladas anuales. Líder en talento humano, Quito aglutina el 35% de las universidades del país, y el 37% de su población económicamente activa tiene un titulo de 3er nivel.Son cifras mayores con relación a otras ciudades de la región, y podríamos seguir? Quito rebelde y democrática, gestora del Primer Grito de Independencia de América, es única, fascinante y excepcional. 

Pero sí, Quito está estancada y maltratada, imposible negarlo. La prioridad hoy por hoy es levantar el ánimo y orgullo de quienes vivimos en ella. Los partidos políticos tradicionales deben tener una visión de largo plazo que vaya más allá del cálculo electoral, y concentrarse en la formación en militancia de jóvenes con ideología, civismo y valores éticos. A su vez, élites y ciudadanos deben dejar de lado su individualismo y bienestar particular, y comprometerse en serio con el desarrollo de la comunidad. 

Las autoridades son temporales y transitorias, la ciudadanía y la empresa privada transcienden en el tiempo y están para quedarse. Tenemos una responsabilidad y compromiso común: con actitud positiva, y amor por la ciudad, restablecer la identidad y el orgullo quiteño, y para eso se necesita mucho más que manifestar malestar, indignación e impotencia un tuit. (O)

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