Las ciudades, por su propia naturaleza, exigen coordinación. La planificación urbana y el desarrollo económico dependen de decisiones que trascienden competencias aisladas. La fragmentación no solo es ineficiente, es regresiva.
El país requiere una visión común, decisiones valientes y un compromiso sostenido que supere los ciclos políticos. La vida de millones de ecuatorianos y el desarrollo productivo del país dependen de ello, ya que cuando la salud progresa, todo progresa.
Quito puede recuperar su dinamismo y volver a brillar, no solo como joya patrimonial y potencia turística, sino como una capital moderna, de negocios, innovadora y que cumpla con los más altos estándares de calidad de vida y bienestar social.
Como en todo inicio, estamos vigilantes, pero también con esperanza y ansias por prender motores, maximizar el potencial del Ecuador y juntos proyectarle hacia un futuro prospero, solidario y de paz.
El Papa Francisco nos enseñó, y fue un claro ejemplo también para otros líderes mundiales, que en contraste con el profundo gozo interior que proviene de la humildad, la soberbia produce mucha frustración y tristeza.
No se trata solo de escoger a un presidente, sino de apostar por un liderazgo que nos impulse a alcanzar nuestro verdadero potencial. Es momento de dejar atrás la desesperanza y con optimismo volver a creer en lo que podemos lograr juntos.
No podemos quejarnos de falta de ética sino comenzamos nosotros mismos a trabajar en el cuidado sobre nuestro comportamiento diario en la familia, en actividades sociales o en los negocios. Porque la integridad empieza por uno y en lo pequeño, para tener verdaderos resultados y cambios sociales a lo grande.
Todos estamos llamados a ser parte de la solución, dejando aparte el egoísmo, la arrogancia, la queja y la pasividad, para buscar con verdadera solidaridad y empeño el bien común.
La capital de los ecuatorianos, siempre democrática, acoge a estas manifestaciones. Sin embargo en más de una ocasión, ha debido reaccionar en su defensa, que muchas veces termina siendo la de todo el país. Es un gran mérito como sociedad, y podría hasta ser un caso de estudio, ya que a pesar de que haya ausencia de líderes, Quito se auto convoca, se organiza y responde con altura a estas embestidas.
En cada cambio de administración existe la amenaza y la mala práctica del “borrón y cuenta nueva”. Si cada cuatro años vamos a refundar la ciudad, la sentencia de estancamiento urbano está dictada. Se vienen elecciones seccionales: candidatas y candidatos, si dentro de sus planes está trabajar por una ciudad competitiva, recuerden que no tienen que arrancar de cero.
Quito necesita un líder que tenga un plan y conceptos claros en materia de responsabilidad y desarrollo social, inclusión, sostenibilidad, competitividad, economía violeta y naranja, innovación y de Smart City. Un estadista que tenga una agenda clara de atracción de inversiones con proyectos que incluyan modelos participativos con el sector privado para el desarrollo de obras de infraestructura que generen empleo y mejoren la calidad de vida de todos.
Con la certeza de la seguridad y eficacia de las vacunas disponibles en Ecuador, es responsabilidad de todos 'poner el hombro' para de la mano de la ciencia, superar esta crisis sin precedentes y reactivar la economía, hoy en día tan golpeada por una recesión que hace dos años no estaba en el radar de nadie.
Tenemos una responsabilidad y compromiso común: con actitud positiva, y amor por la ciudad, restablecer la identidad y el orgullo quiteño, y para eso se necesita mucho más que manifestar malestar, indignación e impotencia un tuit.