La crisis de Medio Oriente entre Irán y Estados Unidos constituye uno de los escenarios contemporáneos más representativos de confrontación estratégica indirecta. Con persistencia y prolongación en una fase crónica, caracterizada por tensiones, eventos recurrentes alternativos entre disuasión, treguas temporales y ataques tipo “strike” o quirúrgicos, que pueden interpretarse en el teatro de operaciones como la existencia de una modalidad de guerra limitada.
Las situaciones de crisis no se definen mediante una declaración formal de guerra, sino por la restricción deliberada de los objetivos políticos y militares perseguidos. Aunque las políticas exteriores de los países incluyan mutuas amenazas existenciales como en el caso de Irán e Israel que han escalado el conflicto a una confrontación regional directa, en una dinámica de confrontación controlada, en la que la coerción, la disuasión, la proyección del poder y la maniobra, reemplazan a la batalla por una victoria militar decisiva.
Desde esta perspectiva, las teorías de la estrategia de André Beaufre y Basil Liddell Hart proporcionan marcos conceptuales adecuados para interpretar los comportamientos belicistas en los escenarios de Medio Oriente.
André Beaufre define la estrategia como una dialéctica de voluntades, o choque de voluntades opuestas en la que cada uno busca imponer su decisión, utilizando el poder para resolver los conflictos.
En la crisis con Irán, Estados Unidos trata de imponer restricciones al comportamiento iraní con presión militar, económica y diplomática para cortar su libertad de acción, sin recurrir a una invasión directa; buscando asimismo incentivar la reacción de la población iraní, movilizada y en protesta por insatisfacción social, para lograr un cambio de régimen.
Se acompañó a este objetivo psicológico con la eliminación del Ayatola Ali Jamenei en febrero 2026, y a los líderes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica CGRI provocando gran incertidumbre, que finalmente no fue más allá de presión política, social y militar internacional.
La lógica de la escalada se produce ante la inminencia de una amenaza geopolítica por la posesión de 400 kg. de Uranio enriquecido al 60 % y la capacidad de procesamiento para tener un arma nuclear por parte de Irán, lo cual motivo un ataque preventivo al mismo tiempo que la disuasión ofensiva estadounidense, para evitar la continuación del enriquecimiento de uranio y la entrega del material nuclear por parte de Irán, para asegurar la estabilidad del Medio Oriente.
Estados Unidos coaligado con Israel realizan una campaña estratégica como parte de la diplomacia coercitiva, con una combinación de operaciones de diversión y engaño en el Pacifico seguidos por ataques tipo “strikes” Martillo de Media Noche de junio 2025 y Furia Épica en febrero 2026, con bombardeos B-2 Spirit y misiles anti bunker CBU-57 contra las facilidades nucleares de Irán en Teherán, Isfahán, Fordow y Natanz. y otros objetivos dentro de 13.00 ataques selectivos. Destruyendo: radares, sitios de drones, lanzadores de misiles, destruyendo radares, sitos de drones, lanzadores de misiles con bombardeos contra la infraestructura eléctrica critica.
Sin embargo, la geografía es para Irán, uno de los principales factores multiplicadores del poder en Medio Oriente, configura el escenario geopolítico de asimetrías estratégicas más destacadas; de dominio marítimo al estilo de Mahan en el caso estadunidense y de dominio continental a estilo Mac kínder o del estratega iraní Hassan Abbasi.
Según Abbasi se reconoce que Irán no es una potencia naval, sino continental y recomienda por lo tanto una estrategia de negación de acceso al Estrecho de Ormuz para servirse de el como una palanca para neutralizar las sanciones internacionales, e intercambiar libertad de navegación por eliminación de los embargos económicos.
La estrategia iraní sigue, por lo tanto, la recomendación de Liddell Hart, de aproximación indirecta y resistencia estratégica al considerar que, en situaciones de asimetría comparada con los Estados Unidos, es más efectivo explotar las vulnerabilidades, alterar el equilibrio psicológico y geoeconómico, en una prolongación del conflicto al estilo de Mao Zedong, para forzar reacciones en condiciones desfavorables.
En consecuencia, el estrecho funciona como un instrumento de disuasión geoeconómica como un componente fundamental de la estrategia iraní.
No obstante, se complementa la estrategia iraní, con una disuasión defensiva; con ataques misilisticos a los países del Golfo aliados de los Estados Unidos, con drones como el Shares 136, misiles hipersónicos como Fattah, sistemas de defensa aérea, guerra electrónica y negación de área. Estos sistemas le permiten compensar parcialmente las asimetrías existentes que le otorgan una superioridad tecnológica.
Mientras Estados Unidos basa su estrategia en la capacidad de proyectar su poder naval absoluto, siguiendo la estrategia de Alfred Mahan, de dominio del mar que determina la supremacía global de las rutas marinas energéticas y la protección y control de las líneas de comunicación marítimas que son de interés vital para la estabilidad del sistema económico internacional y de la seguridad de la región.
Con esta finalidad desplego sus fuerzas en el mar de Omán frente al estrecho de Ormuz, con grupos de ataque de tres portaaviones, Abraham Lincoln, Gerald Ford y George Bush, que incluyen submarinos nucleares, bombarderos de largo alcance y sistemas de radares THAAD, misiles TOMAHAW, antimisiles PATRIOT, drones TRITON, inteligencia satelital y de neutralización aérea.
Estados Unidos mantiene un bloqueo lejano del Estrecho de Ormuz, según Stephen Roskill o un contrabloqueo al de Irán, para interceptar el tráfico comercial y de hidrocarburos mucho antes de que se acerquen a la zona de conflicto, con intensión de sofocar económica y políticamente en un virtual aislamiento, para lo cual seguirá manteniendo una sólida presencia naval, alianzas regionales y capacidad de respuesta rápida para la protección de las rutas marítimas y de la infraestructura energética.
En conclusión, la principal característica del conflicto es la coexistencia de una superioridad militar convencional y una capacidad iraní de resistencia estratégica. Esta combinación impide soluciones sencillas y favorece la continuidad de un conflicto prolongado, con episodios de crisis que demandan mayor despliegue diplomático y gestión permanente de control del riesgo.
Desde una perspectiva geopolítica, la importancia del Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz seguirá siendo determinante. Dado que la diversificación de las rutas energéticas puede reducir parcialmente la vulnerabilidad global, la región mantendrá su relevancia estratégica durante las próximas décadas
Como se ha llegado a una situación de equilibrio estratégico, ninguna de las partes puede lograr fácilmente una victoria absoluta, pero todas tienen la capacidad suficiente para infligir daños significativos al adversario sin llegar a una guerra total.
En consecuencia, la confrontación tiende a mantenerse dentro de los límites de la escalada, mejorando sus capacidades irrenunciables de negociación diplomática, aunque sin abandonar la diplomacia coercitiva, la disuasión cruzada, alternados con sistemas de no intervención que sirven para la desescalada y la distensión. (O)