Forbes Ecuador
hambre de exito
Columnistas
Share

Lo que quiero decirte es que, si estás construyendo algo, cualquier cosa, asegúrate de que no solo tienes ganas. Asegúrate de que tienes hambre. Hambre de hacer que suceda. Hambre de no parar hasta que pase. Hambre de no conformarte hasta que tu sueño alimente a otros también.

14 Enero de 2026 15.23

Ya son tresa años desde que decidí dar el salto: dejar mi país para expandir nuestra compañía en nuevos territorios. Y si algo tengo claro es que el primer año y medio fue una travesía. Tuve que aprender a entender el sistema empresarial, social y político de Estados Unidos. Pero lo que más me costó comprender, y lo que más valor tiene hoy para mí, fue su sistema mental.

 Estados Unidos, a diferencia de nuestros países, es una nación construida desde la diversidad. No existiría como tal sin su historia migrante. Sin embargo, esa riqueza multicultural convive con una mentalidad fundacional, un modelo de pensamiento que, aunque no se enseña, se respira. No sabría cómo definirlo con precisión, pero sí puedo afirmar que, intencional o no, esa forma de pensar me ha ido moldeando desde que llegué.

Durante estos tres años he intentado identificar qué hace que en este país algunos lleguen a niveles de crecimiento que parecen imposibles para quienes venimos de otras realidades. No me refiero a ciudadanos estadounidenses. Me refiero a quienes habitan aquí, sin importar su origen. 

Hace cuatro años me preguntaba por qué aquí se hablaba de cifras que, para nosotros, resultaban inalcanzables. Descubrí, por ejemplo, que un millonario en Ecuador apenas califica como clase media aspiracional en Estados Unidos. O que pertenecer al 10% de mayores ingresos en Ecuador equivale a estar dentro del 50% en este país. Pensé que todo tenía que ver con la productividad, con el esfuerzo, con la meritocracia. Y sí, hay gente brillante, incansable, pero también hay comodidad, mediocridad, como en cualquier lugar del mundo. 

Entonces, ¿qué hace la diferencia? 

Desde mi llegada, hemos abierto dos nuevas sedes: una en Estados Unidos y otra en Colombia. En los próximos tres años, proyectamos abrir cuatro más. Nuestra facturación ha crecido más del 80% respecto a 2022, y mis niveles de productividad nunca habían sido tan altos. Me rodea gente más inteligente que yo, y lo mejor es que no tengo que salir a buscarlos: llegan. Estoy convencido de que tiene que ver con el liderazgo que he ido construyendo, pero también con algo que descubrí hace apenas unos días.

 Estaba en un evento en Ciudad de México, y junto a mí se sentó una mujer extraordinaria. No hablaba de ella, sino que escuchaba al resto. Su presencia era poderosa, no por lo que decía, sino por cómo escuchaba. Más tarde supe que se trataba de Terry Gutiérrez, CEO de Tesla para México y Latinoamérica. No fue ella quien lo dijo. Lo descubrí al buscar su nombre, tras sentirme intrigado por su forma de estar en el mundo. 

Cuando tuve la oportunidad, le pregunté sobre su experiencia con Elon Musk. Me habló con pasión, pero lo más valioso fue cuando le pregunté qué cree que hace que él sea quien es. Su respuesta fue contundente: "Hambre".

Sí, eso dijo: hambre. 

Cuando le pedí que me lo explicara, me dijo que se refería a ese deseo ardiente, incontenible, de sacar lo mejor de todo. Hambre de resolver problemas reales. Hambre de convertir su empresa en la más grande del mundo. Hambre de desafiar lo imposible, no por ego, sino porque sólo apuntando al límite se logra avanzar. 

Y en ese instante entendí. Lo que cambió en mí no fue mi capacidad, ni mi disciplina, ni mi propósito. Todo eso ya lo tenía. Lo que cambió fue que ahora tengo hambre. Hambre de hacer crecer mi propósito. Hambre de transformar la vida de mis estudiantes. Hambre de ver a mi familia florecer. Hambre de ver a mi equipo alcanzar sus sueños. Hambre real, no solo ganas. 

Porque las ganas pueden inspirarte un día. El hambre no te deja dormir. Las ganas te hacen empezar. El hambre te obliga a seguir. Las ganas son un impulso. El hambre es una necesidad. 

Y si tuviera que darte una imagen, te diría esto: tener hambre no es decir que quieres comer. Es buscar el pan, encontrarlo, y comértelo con ganas.

Lo que quiero decirte es que, si estás construyendo algo, cualquier cosa, asegúrate de que no solo tienes ganas. Asegúrate de que tienes hambre. Hambre de hacer que suceda. Hambre de no parar hasta que pase. Hambre de no conformarte hasta que tu sueño alimente a otros también.

 Porque los negocios no se construyen con intenciones. Se construyen con hambre. Y lo que más tengo hoy por hoy es hambre… (O)

10