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Educación financiera para la mejora de las decisiones personales y familiares

Wilson Araque

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Otros actores que pueden contribuir a fortalecer los impactos positivos de la educación financiera para las buenas decisiones de las familias son aquellos organismos públicos que, por su competencia normativa, están llamados a ayudar a cuidar el bolsillo personal y familiar de la población.

4 Noviembre de 2026 15.13

El Premio Nobel de Economía 2026 fue otorgado a los profesores estadounidenses Robert E. Hall y Michael Woodford en reconocimiento a sus aportes realizados -para estabilizar la economía de una nación- al demostrar con evidencia científica que las decisiones de cada persona y, por supuesto, de las familias impactan en los resultados de carácter macro de los países. 

De ahí, bajo ese escenario explicativo de la macroeconomía a partir del comportamiento microeconómico, toma fuerza la importancia del impulso a todo nivel -etario, territorial, de género, del nivel educativo acumulado- de la educación financiera como ese medio que ayude a proporcionar bases teóricas y, principalmente, prácticas para que las personas, desde el interior del entorno familiar, tomen decisiones que fortalezcan la cultura del ahorro, eviten el sobreendeudamiento, orienten las compras hacia aquellos bienes y/o servicios que realmente se necesitan. También, es importante que accedan a bases formativas que les permitan decidir para la generación de otros ingresos gracias a buenas inversiones financieras y/o a aquellas que estimulen actividades emprendedoras productivas.

Para completar este mapa de habilidades financieras -en un mundo que se mueve sobre la base de una digitalización acelerada-, es importante, por un lado, facilitar el acceso y, al unísono, el aprendizaje sobre el buen uso de aplicaciones digitales pro aplicación financiera y, por otro -como escudo protector del patrimonio personal y familiar-, es imperativo formar para la protección personal y familiar frente a ciberataques y a toda aquella información errónea que circula en la internet y que, por su poder de masificación virtual, puede llevar a que las personas tomen decisiones equivocadas.

Y claro, para desarrollar estas habilidades pro buenas decisiones que fortalezcan la economía del hogar hay tres actores clave que pueden colaborar interactivamente, por una parte, el sector educativo formal, luego, las instituciones financieras a través de sus propios programas de educación financiera y, como complemento clave, también los medios de comunicación especializados en economía y finanzas.

Otros actores que pueden contribuir a fortalecer los impactos positivos de la educación financiera para las buenas decisiones de las familias son aquellos organismos públicos que, por su competencia normativa, están llamados a ayudar a cuidar el bolsillo personal y familiar de la población. Por ejemplo, la Defensora del Pueblo a impulsar el conocimiento y, sobre todo, respeto de la Ley Orgánica de Defensa del Consumidor; otro organismo, llamado a también a esta tarea, es la Superintendencia de Competencia Económica mediante acciones que eviten prácticas que, por el poder económico y tecnológico acumulado en el mercado, pueden inducir a que el consumidor decida sobre cosas que quizá realmente no necesita y, con ello, el proceso de decisiones personales y familiares se ve sesgado y, como bien resaltaron los premiados con el Nobel de Economía 2026, esos sesgos se acumulan y, luego, terminan generando malos resultados en los indicadores macro de un país. 

En medio de estos desafíos -sobre la relación íntima entre lo que sucede y se decide al interior de las familias y la macroeconomía nacional- surge, como un facilitador clave para mejorar la toma de decisiones financieras de nivel micro, lo que propuso Daniel Kahneman -también Premio Nobel de Economía 2002-  alrededor de la denominada "Economía del Comportamiento" que, por su énfasis en el ámbito actitudinal humano, se relaciona de forma directa con lo que se puede hacer desde la comprensión de espacios como la neurociencia aplicada al marketing y a las finanzas personales y familiares.

Es tan poderosa la neurociencia aplicada, por ejemplo, al marketing que, si no hay una actitud inteligente y racional de parte del consumidor, le puede llevar a realizar adquisiciones que, luego de un tiempo, simplemente estarán en la bodega de la casa, como un indicador de que lo que se compró realmente no se necesitaba -fue más bien un impulso emocional-. 

Un antídoto simple que, desde la óptica de inversores referentes como Warren Buffett, se puede aplicar para evitar decisiones de compras innecesarias es que, cuando surgen compras impulsadas por el "antojo emocional", estas se deben realizar el día de mañana; ya que, así, la decisión final toma un momento de respiro ayudando al comprador, gracias al paso del tiempo, a que surja algún  justificativo fuerza -desde la racionalidad del consumo- que le diga "no es necesario comprar ese bien y/o servicio", pues, hay otras prioridades y, así, al evitar ese egreso innecesario se optimiza el uso del dinero y se evita problemas futuros de sobreendeudamiento presionados por compras que no son necesarias y que, más bien, responden a un impulso momentáneo -compras impulsivas- debido a que, quizá, se activó alguno de los sentidos humanos producto del accionamiento de estímulos emocionales de origen físico o virtual. (O)

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