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Mientras existan actores que resguarden al individuo por sobre la sociedad y a la libertad por encima de la justa redistribución de los bienes sociales, seguirá habiendo –para bien– una derecha y una izquierda.

4 Noviembre de 2026 14.51

Nos lleva al título la reciente derrota de la extrema derecha brasilera, bienvenida por la Iberoamérica responsablemente comprometida con la justicia social. El Diccionario de la lengua española (RAE) define "ultra", en la política, a lo "extremista". Interesa profundizar en el alcance del prefijo al ligarlo a dos corrientes político-ideológicas: ultraderecha y ultraizquierda. Es decir, cuando la derecha y la izquierda adoptan posturas radicales en desmedro de la democracia y sus revelaciones. Como todo fundamentalismo, los enfoques políticos absolutistas o dogmáticos son siempre nocivos, pues generan reacciones atentatorias de la paz y, por ende, desembocan en violencia.

Las monomanías, obsesiones y paranoias próximas a la dicotomía derecha-izquierda –bondad-maldad– tienen raíces místicas. Entre los católicos vienen a la mente los bandidos escoltas de Jesucristo en su crucifixión. A la derecha tenemos al "ladrón bueno", Dimas, defensor de la inocencia del Hijo de Dios, quien recibió la promesa de estar con Este en el paraíso al fin del día. La Iglesia católica ubica a la izquierda al "ladrón malo", Gestas, aquel que retando a Jesús lo emplaza a salvarse a sí mismo y a los bandoleros crucificados. El episodio es recogido en los evangelios apócrifos y en la tradición apostólica. Insólito… suena a populismo: a Dimas, ratero caritativo que roba bien, la iglesia lo llevó a los altares. El santoral católico recuerda a san Dimas el 25 de marzo. Luego vendría su artificiosa pragmatización política.

Corrían los tiempos de la Revolución francesa. La Convención Nacional, cuya primera sesión se instauró oficialmente el 21 de septiembre de 1792 con cerca de 1.200 miembros, abole la monarquía. Ante la dificultad de contabilizar los votos a favor y en contra de las diversas mociones, optó por una solución salomónica. Convinieron los legisladores en que los "girondinos", diputados moderados en los difíciles momentos de transición, ocuparan el ala derecha del recinto. Los "jacobinos", asambleístas radicales en su enfoque de la revolución, son ubicados a la izquierda de la cámara. Quedó así definida, para el contexto político futuro, la derecha con una postura conservadora resistente al cambio, y la izquierda con anhelos de progreso social.

Los girondinos tuvieron en Marie Jean de Condorcet (1743–1794) a un pensador ecuánime alejado de hostilidades… representante de una tendencia política algo más conciliadora y ponderada que aquella de los jacobinos. Seguramente, nunca concibió que con el paso de los siglos "su derecha" derive en extremismo. Los jacobinos poseyeron en Maximilien de Robespierre (1758–1794) a su más conspicuo actor; personaje alentador de la sangrienta represión desatada durante el Reino del Terror, procurador de una izquierda fanática.

Intereses convencionales, presentes desde hace algunas décadas, abogan por abandonar la bifurcación derecha-izquierda. Estas pretensiones gestaron, principalmente, a raíz del desplome del comunismo, cuyo evento emblemático es la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. Tras de ellas radica la falsa noción de que hablar de "izquierda" es describir al socialismo. Los promotores de tales "sugerencias" transmiten el mensaje de que parece existir una vía única para enfrentar las serias diferencias sociales y económicas que mantienen a buena parte del mundo en franco deterioro en materia de equidad y justicia. Al hacerlo olvidan que derecha e izquierda –políticas– no son expresiones espaciales, pero actitudes y orientaciones hacia la forma de desafiar el quehacer del Estado frente a las necesidades del pueblo… uno de sus elementos constitutivos.

Mientras existan actores que resguarden al individuo por sobre la sociedad y a la libertad por encima de la justa redistribución de los bienes sociales, seguirá habiendo –para bien– una derecha y una izquierda. No se trata de atentar contra uno y otra, ni de coartar la autonomía personal de cara a intereses comunitarios, sino de velar por el bien común. Allí reside la importancia de las corrientes o ideologías políticas.

El conflicto no sería mayor en tanto la derecha y la izquierda adopten posiciones sensatas y prudentes, como es de esperar que suceda. Deviene en contrariedad si ambas transitan en el ámbito de lo "ultra". O sea, cuando la primera pasa a ser reaccionaria recargada; y la segunda, demagógica en su visión de la problemática socioeconómica a resolver. En los dos casos pierden la necesaria objetividad analítica de los fenómenos sociales… se embarcan en juicios etéreos en perjuicio político propio y de la sociedad en su conjunto.

En la próxima entrega abordaremos cómo la ultraderecha y la ultraizquierda navegan en un mar de disparates. Luego del penoso período populista que algunos países de Iberoamérica enfrentaron, tenemos el reto de enrumbarnos por consecuentes sendas de cordura y de reflexión políticas. Nuestra región está convocada a cerrar el paso a ultras… de derechas y de izquierdas. (O)

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