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El manejo de los intangibles es un reto significativo para una empresa moderna que busca evolucionar constantemente, que pretende adaptarse y ser flexible en un entorno cambiante y poco previsible.

19 Junio de 2024 15.51

La constante evolución en el entorno empresarial ha hecho que, en los últimos años, las corporaciones busquen factores diferenciadores que les otorguen ventajas competitivas frente a sus competidores. Es ahí donde nace y se desarrolla una poderosa corriente en la cual las empresas comienzan a enfocarse en factores que van más allá de su tradicional visión de productos y servicios físicos. De esta manera toma relevancia el manejo de los intangibles.

Se conoce como intangibles a los activos no físicos que generan un valor sustancial a las empresas. Un proceso que ha transitado desde la economía de los accionistas (en donde el único objetivo empresarial era el socio) hacia una más amplia, que abarca a sus grupos de interés, conocidos como stakeholders. Una transición en la cual hace pocos años predominaba la valoración de activos físicos tales como edificios y maquinaria, a una nueva e innovadora era que contempla la utilización del conocimiento, reputación, propósito, comunicación, uso de tecnología, atracción de talento, y un adecuado y estratégico manejo y gestión de las relaciones externas e internas de la empresa. Estos activos no tienen una presencia física o tangible, pero son reconocidos como factores diferenciadores que mejoran la imagen, el desenvolvimiento y la competitividad de la empresa.

Los mercados e inversionistas reconocen y aprecian con mayor frecuencia a las empresas con una clara y efectiva estrategia de manejo de sus intangibles, convirtiéndose cada vez más determinante a la hora de valorar económicamente una unidad de negocio. Según Corporate Excellence, un tanque de pensamiento internacional especialista en manejo de intangibles, “si se suma el valor de todas las empresas que cotizan en Bolsa a nivel mundial, el 52% de su valor son activos intangibles”. Una buena gestión en el manejo de los activos no físicos aumenta el impacto positivo que una empresa genera en la sociedad, en sus accionistas y demás grupos de interés. 

La innovación y la tecnología constituyen un valor fundamental en la economía de los intangibles. La mejora constante en los procesos productivos desafía tradicionales modelos de negocio que se ven desbordados por sorprendentes y veloces cambios tecnológicos. Estas transformaciones pasan por el uso de herramientas de inteligencia artificial capaces de concentrar conocimiento, tanto para la producción de bienes y servicios como para la relación de fidelización y persuasión con el cliente u otros agentes exógenos o endógenos. 

Otro valor intangible es el relacionamiento con los grupos de interés de una empresa y la lectura correcta de los escenarios político, económico y normativo, pues adquieren más relevancia como un activo empresarial que permite conocer, escuchar e interactuar eficazmente con todos los actores que constituyen su entorno de impacto. El relacionamiento técnico y ético con stakeholders externos redunda en un beneficio reputacional, encaminando a formar un círculo virtuoso de desarrollo económico sostenible que beneficia tanto al negocio como a la comunidad. Con mayor frecuencia se requiere de expertos en el manejo de los asuntos públicos empresariales, así como de las herramientas disponibles para incrementar la reputación de la empresa, con el legítimo objetivo de mejorar su percepción e incidencia ante el público general, sus colaboradores, comunidad inmediata, gobierno, proveedores, clientes, entre otros. 

El manejo de los intangibles es un reto significativo para una empresa moderna que busca evolucionar constantemente, que pretende adaptarse y ser flexible en un entorno cambiante y poco previsible. La profesionalización en la gestión de los intangibles se torna cada vez más necesaria en un contexto nuevo y desafiante. Es perfectamente aplicable para las empresas la frase atribuida a Charles Darwin sobre las especies: “No es el más fuerte el que sobrevive, tampoco el más inteligente. Es aquel que es más adaptable al cambio”. (O)

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