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economia y comportamiento humano
Columnistas
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11 Febrero de 2026 12.33

La economía suele ser vista como un laberinto de frías estadísticas y gráficos indescifrables. Sin embargo, en su esencia, es una ciencia en la que las decisiones humanas son determinantes de los grandes cambios en sus premisas y postulados. Se nutre, entre otras disciplinas, de la psicología, la política y la historia. Cuando la teoría económica sale de los libros y se convierte en hechos, impacta la vida de los ciudadanos, a veces de formas muy sorprendentes. 

A lo largo de la historia  se encuentran hitos que, más allá de los números, se convirtieron en anécdotas que transformaron nuestra visión del mundo y demostraron que, en economía, lo inesperado es una constante.

Por ejemplo, tras el crack de 1929, el mundo descubrió que el mercado no siempre se arregla solo. Surge aquí la figura de John Maynard Keynes, quien planteó una idea que en su momento sonó a locura: en crisis profundas, el Estado debía gastar dinero, incluso si era para pagar a gente por cavar hoyos y volverlos a tapar. La anécdota resalta la esencia de la economía circular: lo importante era que el dinero llegara al bolsillo del trabajador para que este comprara pan, el panadero comprara harina y la rueda volviera a girar. Podría decirse que este enfoque dio origen al "Estado de Bienestar" y cambió para siempre la política global.

En otro ámbito,  en el caso de la guerra, la economía surge como un instinto. El economista R.A. Radford documentó cómo, en los campos de prisioneros, apareció un mercado espontáneo usando cigarrillos como dinero. Había tipos de cambio, ahorristas y hasta inflación cuando llegaban paquetes de la Cruz Roja. Este hecho permitió descubrir que la economía tiene también una respuesta biológica: el ser humano, ante la necesidad, siempre creará sistemas de intercambio para sobrevivir

En el diseño de un nuevo orden mundial, en 1944, en Bretton Woods, se enfrentaron dos gigantes: el británico John Maynard Keynes y el estadounidense Harry Dexter White.  Este encuentro político, donde el dólar se convirtió en la moneda reina,  demuestra cómo las negociaciones de poder detrás de una mesa de conferencias pueden dictar el destino económico de miles de millones de personas por décadas: Keynes proponía una moneda global llamada "Bancor", para evitar que un solo país dominara a los demás. Sin embargo, White (y el poder de los dólares estadounidenses) se impuso. El resultado fue la creación del FMI y el Banco Mundial, y un sistema ligado al oro.

En la década de 1960, Francia y Brasil estuvieron a punto de entrar en guerra por un debate puramente económico y taxonómico: ¿la langosta camina o nada?

Brasil reclamaba que las langostas eran recursos de su plataforma continental porque "caminaban" por el fondo marino. Francia, buscando proteger a sus pescadores, argumentaba que "nadaban" y, por tanto, eran propiedad de quien las capturara en aguas abiertas. Este conflicto no fue una simple riña pesquera; fue una clase magistral sobre la importancia de los derechos de propiedad en la economía internacional. Sin definiciones claras sobre quién posee qué, la cooperación se rompe y da paso al conflicto. Finalmente, la diplomacia (y la biología aplicada) evitó los disparos, pero el evento quedó como un recordatorio de que la economía necesita reglas claras para funcionar.

En los años 70, el economista Sam Peltzman planteó una tesis que dejó perplejos a los reguladores de tráfico. Al estudiar la implementación de medidas de seguridad obligatorias en los vehículos (como el cinturón de seguridad), Peltzman observó algo inusual: las muertes por accidentes no disminuían tanto como se esperaba.

Se encontró la fuerza del comportamiento humano. Al sentirse más seguros, los conductores compensaban el menor riesgo conduciendo de forma más temeraria o distraída. Este fenómeno demuestra que la economía no solo estudia el dinero, sino el papel de los incentivos para alterar la psicología. Es una lección importante para los decisores políticos: una ley puede tener un efecto técnico perfecto, pero un resultado social inesperado, si no se entiende la respuesta del individuo.

Estos hechos nos demuestran que la economía no es una ciencia aislada de la realidad; es el tejido mismo de nuestra interacción social. Desde un cigarrillo en un campo de guerra hasta un tuit que hace temblar a Wall Street, los procesos económicos son historias humanas llenas de intereses, deseos, pasiones, ingenio y riesgo. La ciencia económica nos enseña que, aunque los números importan, son las pasiones humanas, las necesidades, los miedos y la astucia de las personas lo que realmente mueve al mundo. Entender estas anécdotas nos permite ver el mundo no como un conjunto de datos, sino como un escenario vivo donde la información es, hoy más que nunca, un  activo importante. (O)

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