Forbes Ecuador
Fotos de stock gratuitas de actividad divertida, al aire libre, alegre
Columnistas
Share

Cada conversación con mis hijos es una clase de vida. Ellos siempre hacen lanzan las preguntas más complicadas. Y el reto de ser padre es cada vez mayor.

8 Febrero de 2026 21.54

“A mi en el colegio nunca me han enseñado nada sobre manejo de la plata o sobre qué son los impuestos. Tampoco me han explicado qué sentido tiene madrugar para ir a clases”. Esas son algunas de las decenas de inquietudes que me planteó mi hija menor hace pocos días.

Ella, inquieta y curiosa como buena adolescente, no disfruta del colegio como un padre desearía. Rebelde e inteligente, perspicaz y dulce a la vez, duda mucho sobre los beneficios del tradicional modelo educativo. Cumple las tareas, pero no las disfruta. Asiste a clases, pero no le interesan. Entiende conceptos, pero siente que no le serán útiles en la vida adulta.

Cuando conversamos hacemos bromas sobre las clases, los profesores y todo lo que ocurre en su colegio. Y cuando le pregunto qué planea ser de grande no lo tiene claro aún. Entonces me pregunto si los colegios saben lo que realmente necesita aprender un adolescente que está en permanente cuestionamiento de todo lo que le rodea.

¿Saben los colegios, sus profesores y sus autoridades la importancia que tienen temas como la educación financiera, la capacidad de hablar en público, el manejo de las emociones, el miedo al rechazo, la sexualidad o el buen uso de la inteligencia artificial?

Ellos podrán defenderse diciendo que cumplen con elaborar una malla curricular acorde a los tiempos y en cumplimiento a lo que exigen las autoridades educativas. Para estos últimos van las mismas preguntas y más. ¿Entienden cómo ha cambiado el mundo en los últimos diez años? ¿Tienen idea de cómo usan los adolescentes todas las herramientas de IA que existen hoy? ¿Están fomentando el pensamiento crítico o sus políticas educativas se enfocan en el absurdo modelo de la mejor nota-mejor estudiante? ¿Por qué insisten en el tema de horarios fijos, uniformes y otros formalismos que en ocasiones frustran en lugar de motivar?

La educación es un proceso y como tal está en permanente cambio. Vean cómo eran las salas de clase hace 50 o más año y vean cómo son ahora ¿Hay algún cambio más allá del uso de pizarras electrónicas o de marcadores en lugar de tizas? Los cambios que importan en la educación no son los de forma; podemos usar plataformas para educación en línea, para evaluar a los alumnos y para compartir con los padres de familia los avances de la materia.

Pero primero hay que hablar con ese adolescente inseguro y tímido, con esa jovencita de 15 años que no entiende porqué es importante aprender de los errores, con esos miles de estudiantes que crecen en un mundo hiperconectado en donde los estereotipos pesan más que los valores, en donde los principios quedan relegados por lo que dictan las redes sociales. Hablar y escuchar a chicas y chicos que pueden ser tentados por la modernidad. Preguntarles sus intereses, sus miedos, sus ideas y sus angustias.

Es tiempo de actualizar la educación. Es tiempo de dar pequeños pasos como incorporar clases de comunicación oral, de manejo de presupuestos, de salud mental y de tantos otros temas que formen y guíen a quienes van a guiar este mundo en los próximos años. (O)

10