Una secadora de ropa y la IA
Pedro Maldonado Ordóñez Editor
Pedro Maldonado Ordóñez Editor
Parece mentira, pero es verdad. La inteligencia artificial me ayudó a pasar una secadora de ropa de la cocina al cuarto de máquinas, en el departamento donde vivo. La secadora llegó a mis manos por una serie de razones que no vienen al caso y mi urgencia era instalarla.
El tema fue que la secadora tenía 65 centímetros de fondo y el espacio por el que debía pasar era de 67 centímetros. Hasta ahí, todo perfecto. El problema era que el electrodoméstico que protagoniza esta historia tiene una pequeña válvula en la base que sumaba tres centímetros adicionales, haciendo que el fondo total llegue a 68 y complicando aún más la tarea.
Luego de varios intentos en los que el peso del aparatejo y la impaciencia de quien escribe se confabulaban para que el trabajo se suspenda llegó un eureka: ‘Oye ChatGPT, cómo podemos pasar una secadora de ropa que mide 67 cm por 74 cm por un espacio de 65 centímetros y con una válvula que topa con el marco de la puerta. Te voy a mandar fotos’.
Con las imágenes en poder de la IA, el audio de respuesta no tardó. La voz metalizada de la aplicación sugirió desmontar la válvula, pero yo le dije que no se podía. Enseguida recomendó: “conviene inclinarla de modo que la parte donde sobresale la válvula quede en el lado más alto. Si la válvula está atrás, por ejemplo, inclinen la secadora ligeramente hacia adelante. Así, la parte más profunda pasa por el espacio libre primero. Eso reducirá el riesgo de que la válvula choque”. Clarísimo.
Lleno de incredulidad seguimos los pasos y lo logramos. En menos de un minuto, con fuerza y cuidado, la secadora estaba en el lugar correcto. Entre risas reconocí que hasta en las tareas más sencillas y cotidianas la inteligencia artificial es un apoyo. Pero también confirmé que las tareas con herramientas no son mi especialidad.
Ahora, luego de contarles este casi ridículo episodio del uso de la IA veamos qué está pensando Sam Altman, el fundador de Open AI (la empresa que dio vida a Chat GPT) y un personaje al que Forbes USA lo califica como el alquimista de la inteligencia artificial.
Altman habla de posibilidades infinitas con la IA. Lo menos atemorizante es, quizá, crear una familia de dispositivos capaces de ofrecer “conciencia contextual extrema y asistencia proactiva”. Y lo más radical, por otro lado, es que su plan de sucesión para OpenAI: quiere que la empresa, llegado el momento, sea dirigida por un modelo de inteligencia artificial. “Nunca me opondría a eso”, dijo hace poco, luego de hacer público los planes futuros de su empresa, valorada en US$ 500.000 millones.
Altman encandila a cualquiera con estas y otras ideas. Quienes seguimos de cerca la evolución de la IA solo podemos quedarnos con la boca abierta al conocer las posibilidades infinitas que esta tecnología (en la academia ya la describen como una infraestructura habilitadora o la base de todas las estrategias) puede lograr.
Veamos más hechos que marcan la evolución de la inteligencia artificial. Hace un par de años las empresas crearon un nuevo cargo: Chief IA Officer (CIAO) o director de IA. Según datos de LinkedIn, un 13 % más de organizaciones creó roles de liderazgo ejecutivo en IA desde diciembre de 2022.
Ahora volvamos al mundo terrenal, a la cotidianidad en la que la IA es consejera, amiga, compañera y más. Mujeres y hombres le piden asesoría antes de ir a la peluquería, pero también para prepararse ante una entrevista de trabajo o a la hora de planear un almuerzo. Los estudiantes hacen consulta todo el tiempo y hasta los therians diseñan su vestuario con ella. Los emprendedores le sacan el jugo para preparar un pitch y altos ejecutivos la tienen como fuente de consulta antes de reuniones de directorios o a la hora de analizar el mercado.
Entonces, cuando se sienta un bicho raro preguntando todo a su ‘asistente artificial’, no se olvide que hay gente que le consulta cómo mover una secadora de ropa. (O)