Forbes Ecuador
8 Febrero de 2026 06.00

David Paredes Periodista

De hacienda en ruinas a hotel de lujo

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Cuatro décadas de evolución transformaron la antigua hacienda familiar de Mauricio Letort en un modelo de rentabilidad hotelera. San José de Puembo hoy equilibra lo rústico con una gestión moderna y sostenible, que se presenta como un refugio exclusivo para el mercado corporativo y familiar.

Entrar a la hostería San José de Puembo es como meterse en una burbuja, donde el ruido de la ciudad se esconde detrás de los árboles milenarios que adornan los patios. Cada rincón está perfectamente decorado. Hay salas al estilo campestre, con pisos de madera y cerámica, techos que son sostenidos por vigas de madera vista que le dan un toque rústico.

La recepción de la hostería parece sacada de una casa del Quito colonial. Pinturas y esculturas religiosas la decoran. La sala de espera tiene muebles de estilo victoriano, alfombras tipo árabe y un candelabro rústico. Su arquitectura de casa de campo se contrasta con el resto de salones que fueron remodelados y tienen diseños más contemporáneos.

Este hotel tiene armonía, tradición y modernidad. Ejemplo de ello es el comedor principal, que tiene ventanales en paredes y techo, pero a sus costados hay salones más tradicionales. Mauricio Letort, su propietario y CEO, recibió a Forbes Ecuador para contarnos su historia.

Mauricio creció en esa vieja hacienda, ahora transformada en una hostería de lujo. Cuando tenía 11 años, desde ese lugar emprendía sus aventuras junto a sus amigos. Viajaban “jalando dedo” a Papallacta para pescar trucha. San José de Puembo se convirtió en su punto de partida y lugar seguro donde pasar vacaciones y feriados era obligatorio.

Hacienda San José de Puembo
Salón principal del hotel. Foto: Patricio Terán  

“En Puembo no había casas. Solo estaban unas cuantas haciendas. Era el lugar donde pasábamos vacaciones y nos reuníamos con los amigos. Quito estaba lejos y no había buses para llegar ”, recuerda.

Su padre, que también se llama Mauricio, adquirió la propiedad en la década de los 80. La remodeló, porque la casa era vieja, con una estructura deteriorada que se caía a pedazos, cuenta. Esta metamorfosis arrancó en 1988 y fue pensada para ser un sitio de estancia para la familia y una especie de asilo para sus tías, que ya eran mayores.

Ellas nunca llegaron a San José de Puembo por diferentes razones. “Lo del ancianato para la familia no funcionó y cuando mi padre abrió la hacienda, dos años después de iniciar la remodelación, le llamaban sus amigos para realizar convenciones y eventos empresariales”.

En los 90, la hostería contaba con 23 habitaciones y dos salas de eventos. No había piscina, ni canchas. Era un espacio para empresas.

De la industria láctea a la hotelera

Mientras su padre reconstruía su hacienda, él estudiaba en Estados Unidos. Se graduó en Food Science (ciencia de alimentos) y ganó una beca a Nueva Zelanda para estudiar ingeniería de alimentos.

Regresó al país a mediados de los 90 y decidió emprender. Con la ayuda de varios socios abrió la empresa Lenutrit, de leche pasteurizada en funda, en Cayambe.

“La idea de Lenutrit era darle más rentabilidad a la leche de la gente que estaba en Cayambe. Era una época en la que no había flores y la ciudad estaba en depresión”.

El boom de las flores y el ingreso de otros actores en el mercado afectaron su negocio. El Gobierno de Abdalá Bucaram introdujo Abdalact, un producto popular que se vendía a precios bajos.

“En esa época vendíamos nuestra leche a 1.200 sucres el litro. La de Abdalá entró a 600 sucres el litro. Eso fue un golpe feroz. La diferencia de precios era enorme”, dice.

Mauricio y sus socios decidieron liquidar la empresa. Si bien hubo actores exógenos, las decisiones administrativas no fueron las adecuadas para salir de la crisis. En ese primer fracaso emprendió su camino para ser empresario.

"El fracaso te enseña lo qué no hiciste bien, pero el éxito te enseña qué hiciste bien y es más fácil de replicar. El éxito te da el camino para el éxito continuo".

Mientras su empresa se apagaba, ayudaba a su padre a levantar la hostería San José de Puembo. Se involucró específicamente en la cocina. Aplicó sus conocimientos académicos, que incluían buenas prácticas de manufactura y sistemas de inocuidad alimentaria, que eran nuevos en esa época.

Hacienda San José de Puembo
Fachada de la hacienda San José de Puembo. Foto: Patricio Terán 

En esos años fundó Truly Nolen, una empresa de control de plagas, de la cual es presidente. “Pasé muy ocupado en los 90. En esos años era joven, no estaba casado y tenía el hambre de salir adelante”, reconoce.

En 2000, junto a un primo y un amigo de infancia, fundó Food Knowledge, una empresa que actualmente se dedica a hacer inspecciones a plantas de alimentos e implementaciones de Buenas Prácticas de Manufactura y Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control.

Su liderazgo en transición

A pesar de involucrarse en varios negocios, nunca dejó el hotel. Desde 2018 es gerente general de esta hostería. Gracias a su gestión logró transformar la hacienda en un espacio de lujo. "Empezamos en los 90 con 23 habitaciones y dos salas; hoy tenemos 78 habitaciones, 10 salas de reuniones y dos piscinas". En 2025, San José de Puembo facturó US$ 3 millones con una rentabilidad del 20 %.

Su éxito se forjó a pulso y con el trabajo de su equipo, que se consolidó con los años. Tiene 62 colaboradores a los que considera familia.

“Muchos de nuestros colaboradores son de Puembo y se formaron con nosotros. Hay familias que trabajan en diferentes áreas. Por ejemplo, el panadero y el jefe de mantenimiento son hijos del maestro que hace las reparaciones estructurales. El capitán de saloneros y la jefa de amas de llaves son esposos; su hijo trabaja en bodega y su sobrino en cocina”, dice orgulloso.

Para Mauricio Letort, el éxito no solo se mide en habitaciones ocupadas, sino en la evolución de su propio carácter. Reconoce que en sus inicios su liderazgo era “tirano”, basado en el control absoluto. Hoy, esa rigidez dio paso a una gestión horizontal donde la información fluye y el equipo es el verdadero motor.

"Los estilos gerenciales no son una fórmula que sirve para toda empresa. He cambiado. Antes era un estilo más fuerte, ahora es más suave, más de equipo, más de pedir información. Al principio era un tirano”, dice.

Durante su gerencia se realizó una remodelación completa de las 78 habitaciones, así como del área inferior y el spa. También se construyó un nuevo salón. La inversión fue de US$ 800.000. En 2024, por primera vez en su historia, hubo distribución de utilidades.

“En hotelería tienes que estar renovando todo el tiempo, aunque sea cambiar de lugar los muebles”, dice.

En el edificio moderno hay habitaciones dobles con camas matrimoniales y otras más sencillas, pero con amenidades como chimeneas y sillones que vuelven a los espacios más acogedores y abrigados. 

Hacienda San José de Puembo
Habitación principal de las cabañas familiares de la hostería.  Foto: Patricio Terán  

Para las familias hay cabañas completas que están más apartadas. Hay de una y dos habitaciones. Cuentan con su sala comedor y una cocina equipada con utensilios. La temperatura de los cuartos puede ser regulada a través de un sistema que calienta el ambiente desde el piso.

Hospedarse una noche puede costar entre US$ 91 hasta US$ 198 por habitación. También hay pases full day para disfrutar de las instalaciones durante una mañana completa y sus precios para adultos van desde los US$ 39 hasta US$ 45. Para los niños el costo es entre US$ 19 y US$ 25.

La pandemia le mostró el camino

La pandemia fue un momento complicado para el negocio hotelero. Tuvieron que cerrar sus puertas durante la crisis sanitaria. A pesar de esto, Letort siguió con su gestión y sostuvo al 90 % de sus empleados.

Implementó una política "muy de familia" con los colaboradores. Se llegó a un acuerdo de reducción de sueldo y se identificó quiénes ayudarían a sacar adelante el negocio. Algunos empleados mayores decidieron renunciar por miedo a contagiarse. Sin embargo, en septiembre de 2021, todos los demás regresaron al hotel con sus sueldos legales y beneficios de ley.

“Cuando la cosa se pone lo peor posible, y no hay nada peor para un hotel que una pandemia, lo primero es estar muy tranquilo. No desesperarse", reconoce este empresario.

Durante el confinamiento y la crisis sanitaria, Letort continuó con sus proyectos. Hospedó en una carpa a un carpintero para que construya una nueva pérgola para la zona de spa y la segunda piscina.

Hacienda San José de Puembo
La segunda piscina y la pérgola construida en pandemia.  Foto: Patricio Terán  

Mauricio también estudió sobre el virus. Aprendió todo lo que pudo del COVID al punto que daba cursos y clases magistrales para el gremio de hoteleros y el Ministerio de Turismo. Ayudó a diseñar el protocolo para la reapertura de hoteles a escala nacional. 

También aprovechó la reapertura de aeropuertos para viajar a Miami, en Estados Unidos, y comprar implementos de gimnasio en remate para su hotel.

“El gimnasio está disponible para todos nuestros huéspedes, pero los que más lo usan son los CEO de las empresas que hacen eventos. Muchas veces este espacio es clave para que se decidan por San José de Puembo para sus eventos”, asegura.

Mauricio espera que su hotel sea un espacio seguro y que las familias lo visiten para pasar un fin de semana, una tarde o para un evento. (I)

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