El horóscopo es una herramienta que influencia nuestra forma de ser y condiciona nuestra personalidad. Los astros son los culpables de nuestros errores y obsesiones, afectan nuestro destino e inclusive predicen con muchísima certeza lo que nos pasará. Como dicen por ahí, errar es humano, pero más humano es echarle la culpa al otro. Según los más versados sabios como Walter Mercado, las estrellas que están a millones de años luz influencian a toda la humanidad.
Los chinos, que todo lo cambian, tienen el suyo. Los occidentales otro. Pero todos lo buscan, todos lo tienen, a todos influencian. Son tantos los que creen en los astros que no pueden estar tan equivocados. Por eso este sistema ha sobrevivido a través de los siglos. Pero está completamente desactualizado. Los tiempos han cambiado, por eso el horóscopo no está calibrado por la modernidad y las circunstancias.
Mi teoría consiste en que el horóscopo tenía sentido cuando los antiguos miraban para arriba porque creían en la influencia de los planetas porque no tenían otra cosa que hacer mientras esperaban que se secara la tinta del pergamino. Ni Mundial. Ni Netflix. Ni WhatsApp que vibra el rato menos pensado de manera enervante. Hoy en día, nadie levanta la vista al cielo por voluntad propia. Hoy miramos para abajo: el celular, la tablet, la computadora, el televisor. Nuestro cielo se mide en pulgadas y muchas veces tiene control remoto.
Sin duda este no es un dato menor. Desde la segunda mitad del siglo veinte, en la habitación hay múltiples dispositivos con pantalla azul que, además, algunos son inalámbricos. Esto quiere decir que mientras nuestros papás nos concebían, estaban mirando la televisión o estaba prendido algún dispositivo, que influenciaba directamente en el acto y en sus consecuencias. Lo mismo al nacer. Sin embargo, los astrólogos en la actualidad han pasado por alto este detalle. Por eso, pretender que Marte siga influyendo cuando Netflix ya lo hace con más eficacia es, como mínimo, ingenuo.
Por eso, es necesario crear un horóscopo moderno. No podemos seguir hablando de ascendente en Leo cuando la gente tiene ascendente en Stranger Things. El signo ya no debería depender de la fecha de nacimiento. Este nuevo horóscopo sería mucho más honesto. Porque hoy no nos define Saturno, nos define el algoritmo. No somos hijos del cosmos: somos hijos de la serie o el evento que influye directamente al copular y, secundariamente, al nacer. Por ejemplo, me acuerdo de que cuando iba a nacer mi hijo Josemaría, había una televisión en la sala de parto del hospital y estaban pasando un partido de fútbol. Esto fue en el 2009. Sin embargo, fue concebido el 2008, cuando el Deportivo Quito quedaba campeón. Es decir, fue concebido bajo el signo del Deportivo Quito, con ascendente en Luis Fernando Saritama y gol de Martín Mandra. De ahí entiendo su obsesión por este deporte.
Estoy seguro de que lo mismo le pasó a la madre de mis hijos. Ella nació en 1981, pero fue concebida en 1980. Eso quiere decir que ella es Olimpiadas de Moscú con ascendente en Leonid Brezhnev y el boicot de USA. Eso quiere decir que ella debía casarse con un Mundial 78 con ascendente en Kempes. Se hubieran llevado de maravilla. Pero se casó conmigo, que soy Montreal 76 con ascendente en Nadia Comaneci. Incompatibilidad absoluta. Por eso nos separamos.
En cambio, mi hijo Agustín fue concebido en el 2012 y es Olimpiadas de Londres con ascendente en Usain Bolt y Michael Phelps. De ahí se entiende porque corre tanto y, por otro lado, se explica porque le encantaba aguantarse la respiración de chico, aunque se le dañaran un poco los pulmones.
El horóscopo es algo completamente desactualizado para los tiempos en los que vivimos. Entiendo que la gente todavía tenga la necesidad de decir que es Leo con ascendente en marte retrógrado y esas cosas. También entiendo que la gente, muchísima, cree que si es escorpión no puede estar con un Cáncer, pero no hay problemas entre un Tauro y un Géminis. Por eso urge replantear el horóscopo. Actualizarlo. Ponerlo al día con la vida real. Crear un zodíaco moderno que tenga en cuenta las verdaderas fuerzas que nos gobiernan. Porque nadie toma decisiones importantes según la posición de la Luna, pero todos cambiamos de humor según la velocidad del internet.
No se trata de abandonar el horóscopo. Se trata de mudarlo. Y, coincidiendo con las ideas de Casciari, ya es hora, queridos contemporáneos, de que las supersticiones se rijan por una astrología moderna y utilitaria, tan absurda como la anterior, pero por lo menos con un mínimo de sentido común. (O)