Hay que eliminar la trampa del offside
Porque el fútbol no necesita ser justo todo el tiempo ni llegar a extremos. Necesita ser emocionante. Quizá hemos confundido demasiado el fútbol con las reglas del fútbol.
Porque el fútbol no necesita ser justo todo el tiempo ni llegar a extremos. Necesita ser emocionante. Quizá hemos confundido demasiado el fútbol con las reglas del fútbol.
Quizá la amistad sea justamente eso: encontrar a alguien capaz de hacerte olvidar, aunque sea un rato, que el mundo sigue siendo un lugar complicado.
Hay cosas en la vida que no sirven para nada. No resuelve los problemas del país. No hace que funcionen mejor los semáforos, ni consigue que los hijos hagan los deberes. Mucho menos sirve para que te suban el sueldo o que tu esposa te dé la razón. Pero son indispensables para vivir. Torear es una de ellas.
Cuando nacimos nos lanzaron al mundo sin instrucciones ni manual, ni garantía de servicio técnico por fallas o desperfectos y menos con seguro de protección contra idiotas. Tampoco elegimos la época, ni la gente con la que coincidimos, ni el catálogo de problemas que venían incluidos en el paquete. Simplemente, un día aparecimos.
Pertenecer a este Club es la última gran ficción que nos pertenece. Por eso, aquí nos gusta ser genuinos. Ser la gata que anda silenciosa por los tejados, perseguida por otros gatos. Sin pedir permiso, sin explicar sus intenciones y, sobre todo, sin publicar una historia de Instagram anunciando en qué tejado se encuentra.
Proteger la continuidad empresarial no es proteger solamente al empresario: es proteger empleos, proveedores, familias, consumidores y la recaudación que sostiene al Estado.
Cada pareja crea y tiene su propio lenguaje, señales y gestos. Es único e irrepetible. Por eso, cuando una pareja se separa, se pierde un mundo, se acaba un lenguaje único.
No hay nada mejor que llegar a ese lugar donde uno no tiene que explicar por qué está cansado ni justificar un silencio; donde nadie espera que seas interesante, brillante o invencible. Donde, simplemente, basta con estar. Donde hasta el silencio sabe bien.
Es que el bar es el anhelo de los buenos momentos. Sabina tenía razón al exhortar “que no te cierren el bar de la esquina” porque es algo que simplemente no puede ser.
No me cabe duda: quienes mejor olvidan viven mejor. Olvidar, después de todo, no es eliminar. Es aprender a recordar sin que duela tanto.
Así que aquí estamos. Viviendo en una era extraña. Antes, hablar con las paredes parecía cosa de locos. Hoy, hablar con Alexa es sinónimo de modernidad y adaptación.
También hay algo profundamente humano en insistir sin demasiados motivos. Porque es también una forma de esperanza. La de llamar la atención, intentar que alguien responda, sentirse necesitado, querido y aceptado alguna vez. De romper con la soledad.
Nos caemos, nos quejamos, hacemos memes, votamos, pagamos impuestos y seguimos adelante. Porque en el fondo sabemos que la patria no es ese concepto solemne que aparece en los discursos oficiales, sino esta suma caótica de personas intentando sobrevivir con dignidad y siempre con una sonrisa en la cara.
En un contexto regional donde muchos países aún debaten entre el control excesivo y la desregulación imprudente, Ecuador ha optado por un camino intermedio: uno en el que la empresa puede moverse con libertad, pero dentro de reglas claras.
Al final del día o duermo sola y en paz. O duermo con él y con su orquesta particular. Y yo, a pesar de todo, elijo la banda de pueblo. Aunque me cueste el sueño, la cordura y, probablemente, varios años de vida.
Con el tiempo, uno entiende que abril no vino a recordarnos lo que perdimos, tampoco aspira a tanto, sino a ofrecernos lo que todavía es posible. Porque el tiempo no devuelve, pero insiste. No corrige, pero enseña. Quizás por eso abril no duele tanto como creemos. No es el mes que nos roba, sino el que nos desnuda de excusas.
La historia ha sido contundente. El mundo no es blanco o negro. Es entender que nos quieren imponer microrrelatos que destruyan la esencia de la sociedad para poder dividirla y así gobernar con más facilidad. No caigamos en la trampa. Simplemente hay cosas que no funcionan.
Esta es una carta que espero nunca nadie la escriba. Menos que alguien la reciba. Esta debe ser siempre una carta sin remitente, sin sobre ni estampilla. Al leerla, quiero que se ponga en los zapatos del que escribe. Pero sobre todo del que la recibe. Estas cosas, lamentablemente, todavía suceden. Por eso, esta carta es para usted, de cualquiera de los dos lados.