Forbes Ecuador
deuda como analgésico
Columnistas
Share

Si Ecuador quiere dejar de sobrevivir y empezar a vivir, debe cambiar el tratamiento. Aprovechar un riesgo país más bajo para atraer inversión productiva.

4 Febrero de 2026 15.58

¿Qué ecuatoriano no ha salido frustrado de un hospital público después de horas eternas de espera, con un dolor que no lo deja ni pensar, para recibir como “solución” un simple paracetamol? No es mala fe del médico; es falta de recursos. Algo muy parecido le está ocurriendo hoy al Ecuador: un país con un malestar profundo y crónico, acumulado durante años, al que se le administra un analgésico de corto plazo para evitar el colapso.

Hoy celebramos la baja del riesgo país. Y sí, es una buena noticia. Es una puerta que llevaba años cerrada, una oportunidad para volver a los mercados internacionales y recuperar algo de confianza. El problema es que esa ventaja, que debería ser estratégica, se está desperdiciando. No para crecer, no para transformar la economía, sino para seguir postergando las decisiones difíciles.

Para 2026, el Gobierno está dispuesto a tomar nueva deuda para pagar deuda vieja y sostener un gasto público que no resuelve nada estructural. Es una forma de mantener con vida a una economía enferma un año más. No es un tratamiento; es un analgésico. Alivia el dolor inmediato, pero no cura la enfermedad.

La paradoja es incómoda: el país necesita alrededor de USD 15.000 millones para salud, educación y seguridad, pero destina entre USD 16.000 y 17.000 millones a una burocracia sobredimensionada. Nos endeudamos para pagar sueldos y gastos que no generan crecimiento. La deuda no es mala en sí misma; lo imperdonable es endeudarse para no cambiar nada.

Ecuador ya no financia su desarrollo: financia su supervivencia. Vive de préstamos, no de crecimiento. Y ningún país ha salido del subdesarrollo bajo esa lógica. Sin crecimiento sostenido, no hay futuro posible.

Si Ecuador quiere dejar de sobrevivir y empezar a vivir, debe cambiar el tratamiento. Aprovechar un riesgo país más bajo para atraer inversión productiva, no solo deuda; reducir un Estado que se volvió demasiado pesado para una economía pequeña; liberar al sector privado para que genere empleo, crecimiento y recaudación real. Sin crecimiento, no hay salud, no hay educación ni seguridad sostenibles.

Seguir endeudándonos para pagar lo mismo de siempre es la receta perfecta para el estancamiento. El analgésico se acaba. Y cuando eso ocurra, el dolor será mucho más fuerte que hoy. (O)

10