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"El alma de un pueblo se encuentra en su mercado", Anónimo

30 Enero de 2026 12.26

A igual que el Gran Bazar de Estambul en Turquia, o el famoso Tsukiji Fihs Market de Tokio, Japón o el renombrado Mercado de la Boquería en Barcelona,España, recientemente Quito también eligió a sus mercados como puntos referentes para el turismo nacional  y muy especialmente para el internacional ; mucho antes el reconocido Mercado de los Ponchos de Otavalo ya se destacaba por sus artesanías tradicionales junto con el festivo ambiente reinante, por ello constaba y consta en todas las guías turísticas del Ecuador.

 En los mercados populares se concentran todo lo que un país produce y necesita, la dinámica y los reflejos de la gente se sintetizan en esos lugares, lugares que han existido siempre y que se han ido transformando o cambiando según la metamorfosis que han experimentado sus usuarios, por ello al pisar un mercado, recorrerlo, mirarlo pero sobre todo al conversar o platicar con sus vendedores y sus habitúes se adquiere un punto de vista diferente, único y muy cercano a la realidad que vive tal o cual pueblo o ciudad .

Nuestros mercados

Los mercados quiteños tienen el especial encanto de su cromática permanente, de su exhibición diaria de colores vivos en todas sus tonalidades. Puesto a puesto se admira como frutas, legumbres y hortalizas van dejando su impronta, igual sucede con granos tiernos, maduros o sus distintas harinas que se presentan en sacos de yute o grandes recipientes de madera. Rosas, claveles, lirios o astromelias ponen su toque de color, mientras que “las delicias del mar” con olores y colores de camarones, langostinos, conchas que, junto con el hielo picado y el blanco o rosado del picudo, la sardina o la corvina nos remontan a pescadores, atarrayas, playas y palmeras.

El ambiente – como todo mercado-es de constante bulla, un permanente ir y venir de todo tipo de personas, el clásico perifoneo de las oferentes se mezcla con las peticiones de los clientes, los precios se regatean y las razones de lado y lado se manifiestan, el mercado es un ser vivo que parece no tener calma y cuya sonoridad va en aumento para decaer sólo cuando se cierra.

El Ecuador con regiones diferenciadas que van de la costa hasta las elevadas montañas, o desde la región insular hasta el siempre verde oriente, es un país que en su pequeña extensión tiene muchos pisos climáticos , con suelos diferentes y una producción agropecuaria extremadamente variada y constante- situación que no ocurre en lugares con cuatro estaciones- aquí hay una oferta casi permanente de cítricos : naranjas, mandarinas, limas, limones, así como de las más disímiles frutas : peras, manzanas, uvas y duraznos, papayas y piñas. El reflejo de la producción hortícola está en la extraordinaria presentación de zanahorias, coles, brócolis, cebollas, tomates, así como en el inusitado despliegue de arvejas, habas, lentejas, arroz pilado ya sea en sacos o a granel. Las papas con todas sus variedades, más chicas, más grandes, más arenosas o según su uso desde la que sirve para locro y puré hasta la “que rinde más en la fritura”, igual sucede con los granos maduros y tiernos del maíz, en mazorca o enfundados. Aparecen entonces los granos blancos del morocho o los amarillos del chulpi o quizás los morados y negros para coladas y tortas.

La oferta y la demanda nunca terminan, acelgas, nabos, zanahoria blanca y lechugas junto con romero, perejil y culantro constan en la lista de asiduos compradores junto con lomo de falda, el pollo y los “huevos de campo” o de los otros, así cada puesto del mercado no solo cumple una función específica sino entre todos ellos ponen su cuota de sabor y color para dar una visión completa de lo que es en esencia un país que produce de todo y todo el año.

El visitado “Patio de Comidas” es una muestra firme de la afamada gastronomía local, acabados platos de distinto origen. Olores a frituras, a queso derretido, a especies propias que se mezclan con vapores provenientes de grandes ollas de caldo, encebollado costeño, maíto oriental junto con el típico locro serrano sintetizan el gusto de los ecuatorianos por su heterogénea y dispar cocina.

Nos hacía falta

A ojos de un turista nacional o extranjero, cualquier mercado resulta un sitio a la par que curioso muy atractivo, ya que en el libre juego de “comprar y vender alimentos” se encuentra el detalle de costumbres, de formas de vida o como diría un sociólogo de “idiosincrasia pura”. Los consabidos roles que cumplen ofertantes y demandantes brindan con nitidez absoluta un auténtico retrato de las personas involucradas y que reflejan- de primera mano- lo que textos o estudios apenas afirman.

Los monumentos turísticos, generalmente construidos o creados por hombres y mujeres del pasado, ameritan ser conocidos, visitados, fotografiados y desde luego disfrutados, su fama va de la mano con su historia, son obras que nos hablan de un pretérito importante que raya con la inmortalidad o en los que parece que el tiempo se ha detenido. Templos, conventos, cuadros, esculturas, fachadas, sinuosas calles, en medio de cerros, nevados y montañas, llevaron a que el año 1978 Quito fuera reconocida como “Patrimonio de la Humanidad” título que dio la UNESCO después de verificar la autenticidad de sus artísticas joyas desparramadas por el casco colonial “el más grande de América”.

A ese Quito, monumental y hermoso le hacía falta que los visitantes propios y extraños, conocieran más a su gente, a su manera de vivir, a su forma de actuar y a su diario quehacer y para ello los mercados capitalinos al fin se sinceraron y abrieron sus puertas, sus secretos y hasta sus conjuros, todo con el afán que los afuereños tengan una idea más clara y real de quienes somos.

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