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Nobel economia
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30 Enero de 2026 11.22

El inicio del siglo XXI marca una complejidad económica sin precedentes, donde la globalización, las crisis financieras sistémicas y la creciente desigualdad han reconfigurado las relaciones de poder a nivel mundial. En este contexto, el Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel (Premio Nobel de Economía) ha buscado legitimar y orientar el pensamiento económico contemporáneo. El Premio no es solo un galardón, sino el "término de referencia" que define lo que se considera ciencia económica legítima. Su objetivo principal es reconocer contribuciones de importancia excepcional que hayan ampliado el conocimiento humano sobre procesos económicos complejos. Pero permanecen crudas disparidades que la teoría dominante ha decidido, sistemáticamente, ignorar.

Se busca premiar la originalidad teórica y el rigor empírico que aporten al desarrollo de la ciencia. Sin embargo, este afán por el "desarrollo de la ciencia" a menudo prioriza la elegancia matemática y la estabilidad de los mercados financieros sobre la resolución de problemas estructurales que afectan a la mayoría de la población mundial. A pesar del prestigio de los laureados entre 2001 y 2024, existe una brecha profunda entre las investigaciones premiadas y las realidades que configuran el presente siglo. Mientras se premia modelos de utilidad para las empresas, el mundo real se desangra en graves crisis migratorias, desindustrialización tecnológica y una explotación ambiental que asfixia al Sur Global. 

La economía mundial en este siglo ha transitado desde un optimismo tecnológico inicial hacia una fragmentación caracterizada por la inestabilidad. Los problemas han escalado desde la inestabilidad Financiera y Bancaria (Norteamérica y Europa), la  desigualdad Estructural y Pobreza (África y América Latina), hasta la gobernanza de recursos y la crisis climática global.

Uno de los fenómenos más críticos es el desplazamiento masivo desde países menos desarrollados hacia Norteamérica y Europa. Este proceso es consecuencia de las crisis económicas recurrentes y la incapacidad estructural de los países de origen para generar empleo digno, a pesar de poseer abundantes recursos naturales.

Los países del Sur enfrentan los costos devastadores del calentamiento global y una explotación de recursos naturales sin control. Este extractivismo responde a necesidades de consumo global, pero deja tras de sí una huella de degradación ambiental que los modelos económicos tradicionales fallan en estudiarlos adecuadamente.

En fin, el desarrollo tecnológico ha impulsado una "tercerización" de la economía que, en países dependientes, ha provocado un debilitamiento del aparato productivo interno. Estas economías se han vuelto extremadamente vulnerables a las fluctuaciones de la demanda externa, perdiendo soberanía sobre sus propios procesos de industrialización.

Existe una clara divergencia de intereses entre la corriente dominante de la economía a nivel mundial y los problemas básicos, reales, de las diversas regiones del planeta. Mientras que los trabajos premiados en las últimas dos décadas se han centrado en la estabilidad financiera o la economía conductual, los problemas de fondo, como la brecha de riqueza entre regiones y la desarticulación productiva por tecnología han sido relegados a un segundo plano.

La evolución de la economía en el siglo XXI muestra que el "rigor académico" premiado por el Banco de Suecia ha servido, en gran medida, para perfeccionar el funcionamiento del sistema financiero y comercial actual, pero no para cuestionar sus fallas de raíz. Persiste la brecha entre el rigor de los modelos matemáticos y la solución de problemas estructurales como el hambre, la desigualdad extrema y el colapso ambiental.  La realidad económica global demanda una visión más holística y menos sujeta a los intereses de estabilidad de los mercados financieros tradicionales.

La disparidad evidenciada sugiere que los Premios Nobel, aunque valiosos, operan a menudo como una validación de "cómo debería funcionar el mundo" bajo ciertos parámetros institucionales, dejando de lado la urgencia de transformar las realidades de aquellos espacios geográficos que no encajan en el modelo ideal de mercado.

La ciencia económica debe retornar a su esencia política y social para resolver las  crisis que la teoría, hasta ahora, solo ha observado desde la distancia. Se cuestiona a menudo si  la ciencia económica es una herramienta para transformar la realidad o un sofisticado ejercicio de validación institucional. Pero ella   se legitima solo si se orienta a atender las necesidades sociales. (O)

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