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Por simple rebeldía y por las ganas irreprimibles de llevar la contraria a todo aquello que implique restricciones o prohibiciones, segregación y regulaciones, he querido fomentar el tabaquismo y evocar entre los lectores el incomparable ritual de fumar.

12 Junio de 2024 14.54

Por sus condiciones geográficas y climatológicas, el Ecuador produce uno de los mejores tabaco del mundo. De hecho, el origen del tabaco se ha situado en las zonas del sur de Ecuador y norte del Perú. De esas tierras emigraron al mundo durante la época de la colonia esas aromáticas hojas que los indígenas envolvían y fumaban en ceremonias sagradas, como un gesto de paz o amistad o por simple placer o posición social.

De esos tiempos hasta hoy transcurrieron tantas lunas que el tabaco llegó a conquistar al mundo entero y se convirtió en una industria multimillonaria; era apreciado, admirado y admitido en aviones, hospitales, supermercados o en los propios lechos conyugales. Más tarde fue inculpado directamente por afecciones pulmonares y por la muerte de millones de personas, pero en su defensa también es importante consignar que en ese prontuario de más de cinco siglos ha generado empleo y ha mantenido generaciones enteras de gente en todos los rincones del planeta, ya sea en industrias, negocios o empresas grandes o individuales y, sobre todo, porque ha brindado placer y compañía a todos los que han sido seducidos por sus encantos. 

También es cierto que en la actualidad el tabaco y los fumadores son perseguidos, segregados, despreciados y acosados. Se los confina a espacios minúsculos incluso a cielo abierto y se los tortura con imágenes horribles que están obligados a mirar cada vez que abren un paquete o una envoltura de cualquier tipo de producto derivado de esa mágica y ancestral planta de nuestras tierras, pero a pesar de haberse convertido en parias, en apestados de la humanidad, los fumadores están allí firmes y convencidos de que siguen siendo un ejército multitudinario, quizás el más grande del planeta, que disfruta del placer único e incomparable de fumar el fruto prohibido.

Confieso en este punto que no fumo cigarrillos, pues aunque me gusta su olor y no tengo problema alguno en que ese tipo de fumadores me contamine con su humo, me acostumbré hace más de treinta años a disfrutar de los buenos cigarros, a coleccionar vitolas y a leer sobre esos locos plantadores de tabaco (que evocan necesariamente a la novela de John Barth), normalmente varias generaciones familiares que formaron empresas fabulosas y que convirtieron al tabaco y a sus cigarros en verdaderas obras de arte vinculadas de manera particular con países centroamericanos. Y, sin embargo, una de esas obras de arte ahora se produce en Ecuador, con tabaco y mano de obra nacional y con una marca potente: 'Perro Negro'. 

Así conocí a Fabricio Lalama, un ecuatoriano que ha dedicado buena parte de su vida a sus cigarros 'Perro Negro', una marca que empezó en 2016 con cultivos de tabaco orgánico en Quevedo y Babahoyo, provincia de Los Ríos, o en Guayas y en Noroccidente de Pichincha, por medio de cooperativas que trabajan en la recuperación de entornos silvestres mediante buenas prácticas agropecuarias con trato y precios justos para todos los actores del proceso. Producen sus propias semillas y hacen de forma manual la fermentación, oxidación, envejecido y producción de cigarros que tarda aproximadamente cuatro años. Fabricio y sus colaboradores han logrado sembrar en esas zonas las mejores variedades de tabaco del mundo. 

La relación de Fabricio Lalama con el tabaco se origina en su juventud. No solo le atrajo desde la adolescencia el rito clásico de fumar sino que se interesó en las bondades de las plantas de tabaco para beneficiar a otras plantas y aprendió de esta especie todo lo necesario para ser un gran fumador y conocedor de cigarros, pero, sobre todo, un experto enrollador y fabricante de cigarros ecuatorianos con una calidad sobresaliente, comparable con cualquiera de las mejores marcas de cigarros del mundo.

La marca 'Perro Negro' nació de 'Tortilla', un perro que lo acompañaba en sus viajes a la costa cuando el negocio de Fabricio era tan solo sueños en sembríos experimentales entre el Noroccidente de Pichincha, Los Ríos y Guayas. Hoy la silueta de aquel perro es una impronta de calidad en el universo de los cigarros.

Dice Fabricio Lalama en la presentación digital de sus productos: “No intentamos fomentar el tabaquismo, TABACO PERRO NEGRO tiene la seria intención de educar en consumos más sanos, por lo que tenemos que diferenciar lo que es tabaco artesanal y orgánico y tabaco industrializado o cigarrillos la manera más consumida... La hoja de la planta de tabaco cultivada orgánicamente, secada al natural sin combustión, fermentada y añejada sin el uso de conservantes, puede ser la forma de evitar los químicos nocivos presentes en los cigarrillos y seguir disfrutando de un tabaco mucho mejor. Se trata de consumir tabaco natural, que nos brinda mejor sabor y aroma...”.

De modo que, por simple rebeldía y por las ganas irreprimibles de llevar la contraria a todo aquello que implique restricciones o prohibiciones, segregación y regulaciones, he querido fomentar el tabaquismo y evocar entre los lectores el incomparable ritual de fumar. (O)

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