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Brasil se vislumbra como una potencia intermedia con visión innovadora ante una globalización en declive y en cruda competencia geoeconómica, pero con gran perspectiva regional y global.

18 Marzo de 2026 16.06

Los países a través de la geoeconomia proyectan su poder nacional en función de sus intereses y objetivos estratégicos, para lo cual primeramente deben proteger sus recursos, hacer uso adecuado de los instrumentos económicos, comerciales y mediante estrategias claves integrase en bloques que ofrezcan ventaja competitiva, para captar segmentos del mercado internacional.

El diseño de la política exterior, económica y de seguridad del Estado presupone un análisis del entorno regional y global, que sirva para tomar decisiones o desplegar iniciativas necearías para alcanzar los objetivos estratégicos nacionales, lo cual significa previsión y actitud constructiva de los escenarios deseados, antes que una actuación reactiva sobre consecuencias, que anulen la política delineada y expongan al Estado a ser superado por los acontecimientos.

Bajo esta consideración existen dos aspectos fundamentales; por una parte, establecer como referencia a La “Doctrina Don Roe”, del denominado corolario Trump, para establecer América First, lema de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025; así como de la Estrategia de Defensa Nacional 2026. 

Los postulados determinados, se refieren a la disuasión militar, a través de la capacidad y posicionamiento de fuerzas para controlar activos estratégicamente vitales en el entorno geopolítico. 

Según manifiesta Estados Unidos en su Libro Blanco; mediante el equilibrio de poder alcanzado, no se puede permitir que ninguna nación se vuelva tan dominante que pueda amenazar los intereses estadounidenses y prevenir la dominación global y regional.

Por lo tanto dice, conscientes que el dominio global ha terminado, la visión del mundo queda en las grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia, quienes ejercen influencia en diferentes regiones, lo cual, para analistas de la geopolítica, interpretan como una intención de dividir el mundo, o conseguir una división en Esferas de Influencia, con capacidad de intercambios tecnológicos, comerciales y de minerales, al mismo tiempo con suficiente potencial para llegar a acuerdos, pactar y resolver problemas. 

Esta aparente propuesta de reorganización del orden mundial amplio la desconfianza en el multilateralismo y en las organizaciones internacionales que coadyuvan con el papel de la ONU, virtualmente paralizada, debido al control del veto y la falta de financiamiento por mora de las contribuciones de las potencias.

Situación agravada con el retiro de los Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, convenios y tratados, indicando que estas entidades ya no sirven a los intereses estadounidenses que promueven agendas ineficaces u hostiles, según publicación de la BBC. 

 Concomitantemente el presidente Trump, despliega una iniciativa estratégica con la creación de una Junta de Paz, que no es otra cosa que alcanzar el control del orden internacional por medio de un equilibrio entre su gran influencia y poder para cumplir misiones de resolución de conflictos y preservación de la paz; sustituyendo   a la ONU, como una organización internacional oficial, como fue presentado en el Foro Mundial de Davos.

 El campo económico, según la NDS 20267, es la piedra angular; por la que Estados Unidos buscará un comercio equilibrado y priorizará con la diplomacia comercial de "América Primero" para reequilibrar las relaciones comerciales globales, abrir los mercados a los bienes y servicios estadounidenses.

La política arancelaria, o sea los impuestos que gravan a las mercancías para regular el comercio internacional, ha sido el instrumento más efectivo del realismo flexible estadounidense, que se ha aplicado con aranceles a nivel global, para luego según el caso, utilizarlo como mecanismo de negociación bilateral con los países; en un marcado bilateralismo asimétrico, con el propósito de ejercer influencia, mejorar los ingresos fiscales y proteger la industria nacional. 

De esta manera se transforma el comercio liberal, que se suponía estaba basado en el intercambio de bienes y servicios con una minina interferencia del Estado, con énfasis más bien en la libre competencia y en la oferta y demanda, que debería regular el mercado.

Con este propósito se establecieron acuerdos comerciales como los del TLC, reducir aranceles e impulsar la integración económica en la globalización. 

Asimismo, el respaldo del proceso económico con la OMC para las negociaciones, administración, negociación y libre comercio están transformándose en la globalización que actualmente se la considera en declive o al menos en proceso de reestructuración.

A más de los cambios en la política económica de los países, intervienen drásticamente las tensiones geopolíticas entre los países y la renuncia para abrir las fronteras comerciales que no son de interés nacional. Es una crisis del modelo de libre mercado que definen cambios en el comercio internacional, con gran tendencia hacia la regionalización y la conformación de bloques regionales.

Pero, de todas maneras, según Guy Miller de Financial Times, el comercio global seguirá siendo el motor clave del crecimiento económico, aunque de modo diferentes.

En idéntica forma, Jennifer Hillman asesora de la OMC, dice que el comercio internacional centrado en la OMC y sus reglas se están derrumbando, y que, en un futuro inmediato, se verá cada vez más bloques comerciales basados en intereses compartidos.

En esta perspectiva el presidente de Brasil, Lula da Silva, liderando a los países asociados: Argentina, Paraguay y Uruguay, y potencialmente a Bolivia y Chile, realiza un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), con lo cual marca un hito creando una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con capacidad de expandir el 25% del PIB mundial con 700 millones de personas.

De esta manera Brasil es un actor que a pesar de existir una globalización quebrantada opera con una geoecoomia dual entre Mercosur y su anterior inclusión en los acuerdos alcanzados en 2001 con los BRICS. 

 Integración que busca captar mercados y lograr diversificación financiera y comercial dentro de la expansión global de China que desafían a la amenaza hegemónica estadounidense como es percibida; incorporándose además a las alternativas del dólar y nuevas instituciones como el Nuevo Banco Desarrollo NBD. 

Brasil actúa por lo tanto en dos bandas, posicionándose como potencia intermedia y como una respuesta, con mayor autonomía en un orden internacional de “esferas de influenciay globalización fragmentada.

Mercosur con la Unión Europea, representan un esfuerzo de geoeconomia dual por construir interdependencia, reglas comunes y autonomía estratégica compartida entre dos regiones, sin subordinación a una gran potencia.

 Desde la óptica europea, Mercosur no es un socio menor: es un gran proveedor de alimentos y materias primas críticas mientras que Europa ofrece tecnología, inversión y acceso a cadenas de valor más sofisticadas; en tanto que los países latinoamericanos en su asociación comercial se insertan en un orden internacional cooperativo regional y global. 

Beijín por su parte desarrolla una ventaja estratégica significativa de interdependencia económica y se aparta de las frecuentes discrepancias mantenidas con Estados Unidos en el hemisferio, asegurándose con los países sudamericanos de un acceso estable a recursos estratégicos y mercados. 

Brasil se vislumbra como una potencia intermedia con visión innovadora ante una globalización en declive y en cruda competencia geoeconómica, pero con gran perspectiva regional y global

Una geoeconomia dual original alcanzada con el acuerdo Mercosur-UE, después de 25 años de negociación, demuestra tenacidad, continuidad de un proyecto y confianza en los intereses de los países de la región. (O)

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