La importancia de ser migrante
En momentos de políticas radicales y absurdas, vale recordar el valor de la migración en pleno siglo XXI y cuando estamos pensando en colonizar otros planetas, aunque en el nuestro algunos prefieren cerrar las fronteras y bloquearnos entre iguales.

Todos tenemos un familiar o un amigo migrante. Puede ser que esté en Estados Unidos, España, Canadá, Italia, Inglaterra, Australia, Chile u otro país. Algunos se fueron buscando un mejor futuro o porque pensaron que las oportunidades se acabaron en Ecuador; otros migraron porque pudieron salir a estudiar afuera y decidieron quedarse o por cualquier otra razón. La migración es sinónimo de ser humano, es un punto de origen y continuará hasta el final de los tiempos.

Ian Goldin, profesor de Oxford, la define a la perfección. “La historia de la migración es la historia de la humanidad y su progreso. Es una historia de cooperación e intercambio pacíficos, pero también de violencia. Se han cometido atrocidades que obligaron a las personas a emigrar contra su voluntad. Sin embargo, a pesar del sufrimiento, la migración sigue siendo la clave del éxito de nuestra especie”. Lo dice en su artículo ‘Una historia de movimientos’, publicado el año pasado en el portal del Fondo Monetario Internacional.

Ese éxito al que se refiere Goldin es esa valentía permanente que tenemos los seres humanos para cruzar fronteras, dejar atrás nuestro pasado y construir un futuro, con incertidumbre, pero siempre con el ideal de un mundo mejor, de una vida mejor.

Todo se remonta al momento en el que nuestros antepasados africanos decidieron migrar hace cerca de 65.000 años. Primero llegaron a Medio Oriente, luego a Asia, a Europa y después a lo que hoy es América. La migración está en el ADN de quienes habitamos este planeta.

Pero migrar no es sencillo. Más aún en estos tiempos marcados por una polarización extrema con políticas radicales, brutales, extremas y absurdas; con supuestos líderes que no se compadecen con esa necesidad intrínseca que tenemos mujeres y hombres, y que tampoco entienden o no quieren entender que la migración significa vida, empatía, progreso, renacimiento.

En momentos de tensión vale recordar la importancia de la migración hoy en día, en pleno siglo XXI y cuando estamos pensando en colonizar otros planetas, aunque en el nuestro algunos prefieren cerrar las fronteras y bloquearnos entre iguales.

Revisemos cifras. Según el US Latino GDP Report, la participación de los latinos en la economía estadounidense es más activa e intensa que la de los no hispanos. El documento señala que en 2023, el PIB latino de EE. UU. superó los US$ 4 trillones, frente a los US$ 1,6 trillones de 2010. En palabras sencillas, esto significa que la contribución económica de los latinos en EE. UU. equivale a la quinta economía más grande del mundo y la de mayor crecimiento entre las principales economías. 

“Si los latinos que viven en Estados Unidos fueran un país independiente, el PIB latino de EE.UU. sería el quinto más grande del mundo. Más grande que India y con un crecimiento más rápido que China, el PIB latino de EE.UU. es una enorme fuente de vitalidad económica”, agrega el reporte.

Ahora veamos algo de lo que representa la migración en Europa. Según el Banco Central Europeo, el 80 % del crecimiento que se ha registrado en España entre 2019 y 2025, se debe a la población extranjera. 

En Alemania, por su parte, más de una cuarta parte de todas las personas empleadas tiene origen migrante y una de cada siete solicitudes de patente procede de personas migrantes, señala el portal deutschland.de. “La inmigración actúa como motor de crecimiento y desempeña un papel esencial en la innovación, la generación de empleo y la renovación del tejido empresarial en Alemania”.

Los datos se repiten en distintas latitudes, en otros continentes y otros países. Pero más allá de las cifras están las mujeres y los hombres que no se acobardan y migran, seres humanos que protagonizan la historia sin temores y con esperanza. Ustedes, todos nosotros. (O)