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Ahorro (cropped)
Columnistas
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En pleno uso de mis facultades productivas como adulto menor, esto del ahorro ha sido una montaña rusa: leeeeenta y sufrida acumulación de riqueza seguida de desbordante y eufórico derroche.

22 Diciembre de 2021 21.48

Dícese que el ahorro es ese acto excelso que practica cierta logia de admirable disciplina para separar una parte de los ingresos que obtiene, con el único fin filantrópico de guardarlo para usar en el futuro, o sea para las vacas flacas. ¡Yo no estoy en ese club!

El ahorro y yo nos repelemos. No eres tú, ahorro, soy yo. Lo he intentado. Sabe Fidel -el de derecha- que ha sido así, desde que mis padres -ternuritas- me llevaron peinadito y con traje de domingo a abrir mi primera cuenta de ahorros. Qué orgulloso me sentía con esa cartola en mis manos, con ese puñado de sucres que me ponía de tú a tú con cualquier magnate. 

Una pelota de fútbol se cruzó en mi camino y, al poco tiempo, registraba saldo en contra con el banco por manutención de cuenta. Infancia, adolescencia y media vida universitaria transcurrió, como no podía ser de otra manera, viviendo entre la mendicidad socialmente aceptada y los primeros pasos en la generación de ingresos a través de apuestas en los picaditos o los partidos del Nachito, cuando en esos añorados tiempos de gloria del Bi-tri mis probabilidades de ganar eran mejores. 

Ya en pleno uso de mis facultades productivas como adulto menor, esto del ahorro ha sido una montaña rusa: leeeeenta y sufrida acumulación de riqueza seguida de desbordante y eufórico derroche. Intenté varias veces con los cepitos. La primera vez, cuando el andino y sonriente puerquito de cerámica ya estaba un poco pesado, decidí sacrificarlo, para  no quedar mal con el amiwi secreto. En otra ocasión, logré, por primera y única vez, llenar, en un poco más de un año, un tragoncísimo cepo con la imagen de Buda. Con la sensación de haber llegado al Kailash, gocé destinando esos recursos a un inolvidable viaje, logrando quedar mejor parado que el Presupuesto General del Estado, es decir, endeudado, pero no tan frito.

Y hace algunos años, cuando se puso de moda un mecanismo eficaz de ahorrar, me apunté al toque. Se trataba de un plan de 52 semanas. Según el número de semanas, va el ahorro; así, en la semana uno, un dólar; en la semana dos, US$ 2; en la semana tres, US$ 3; y así hasta la semana 52, con US$ 52. Ahorro anual: US$ 1.378. Llegué a la semana tres, listo a ofrecerme un depósito por adelantado para no preocuparme de las cuotas por las próximas cuatro semanas, lo que llegado la semana seis, se convirtió en caída y limpia. Ahí estaba yo, de nuevo, igualito a las hordas de personas que pagan cada 1° de enero por el plan anual del gimnasio y no llegan a Carnaval. 

Hoy estoy tratando de engordar un nuevo cepo, uno amarillo y con forma de hipopotamita. No sé cuánto lleve la aventura, sobre todo porque está grande e ingrávida. Igual, para darme y darle ánimo, cada mañana, al ver su sonrisa gigante, le comienzo a cantar: "Y es que me encantas tanto, si me miras mientras canto, se me pone cara tonto, niña, tú me tienes loco. Y es que me gustas no sé cuánto, más que el olor a café cuando me levanto, contigo no hace falta dinero en el banco...". 

No es mi intención hacer una apología del no ahorro, pero para todos quienes nos cuesta hacerlo: ¡Chulla vida! 

¡Feliz y abundante 2022 a todos! (O)

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