Un documento enmarcado con textos coreanos llama la atención en el Centro de Entrenamiento ‘Bolívar Toscano Saona’. Es el primer contrato de distribución entre Hyundai y la empresa ecuatoriana Fatosla. El acuerdo, del 18 de diciembre del 2003, inició con una inversión que no superó los US$ 40.000 y permitió la compra de una máquina pequeña y un montacargas. Hasta hoy colocó más de 4.000 productos en el mercado y, en 2025, superó los US$ 31 millones en ingresos totales, según registros de la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros.
No fue una coincidencia que Fabricio Toscano Lara, el CEO de Fatosla, iniciara hace 25 años su empresa de distribución y comercialización de maquinaria, camiones y vehículos. Durante 20 años trabajó en la industria automotriz y en la de venta de equipo pesado. Se formó en el grupo Morisaenz, Motransa, donde empezó como vendedor de autos Mitsubishi, a los 20 años. Su primer hijo fue quien lo cambió todo, según narra Toscano.
A esa edad, la necesidad y la pasión por “los fierros” le permitieron transitar por diferentes experiencias laborales que lo llevarían a ocupar cargos ejecutivos a los 26 años y luego a estructurar su propio negocio. “Pasé por los departamentos de servicios, repuestos, maquinaria de construcción… terminé como mandatario especial, una especie de gerente general”.
Tras su salida del grupo conocía perfectamente a los clientes y proveedores. Muchos siguen siendo grandes amigos, según Toscano. Pero la conversación que transformaría su historia sería con el coreano SJ Lee, que en esa época se encargaba de los negocios de Hyundai en Latinoamérica y que después de unos años llegaría a ser el presidente de la compañía coreana.

“Necesito encontrar un distribuidor de Hyundai en Ecuador que pueda firmar el contrato mañana. No me puedo ir con las manos vacías”, sentenció el asiático en el almuerzo con Fabricio. Más de 10 llamadas se produjeron esa tarde y nadie aceptó el reto. La venta de maquinaria de construcción no era un negocio interesante, incluso lo llamaban “el lado oscuro”, según Toscano. Las grandes inversiones y el arduo trabajo para conseguir ventas eran obstáculos para los empresarios de ese momento, intensificados por la rapidez con la que Lee quería concretar el convenio con su par local.
“¿Tiene usted una compañía?”, preguntó Lee. “Sí, pero no tengo plata”, argumentó el ecuatoriano, quien en ese momento se desempeñaba en un alto cargo de otro grupo empresarial. “Yo sé quién es usted”, fue la frase que le dio seguridad y produjo la renuncia de Toscano a su trabajo y la compra de una máquina pequeña y un montacargas que requirieron de una inversión de US$ 40.000. “Eran los equipos más baratos de Hyundai”, expresa Fabricio entre risas.
Al día siguiente, el 18 de diciembre de 2003, la empresa Fatosla, que lleva las primeras sílabas del nombre de Toscano, se reactivó con la comercialización de esos equipos. Dos años después de su creación.
Poner en práctica todo lo que había aprendido los 20 años anteriores, permitió que hoy la compañía se posicione entre los primeros tres puestos de las más importantes y competitivas de su sector, en el país. Cuenta con seis sucursales en Quito, Guayaquil, Santo Domingo, Tena, Loja y Yantzaza. Suma un portafolio de más de 50 productos de las marcas Kia, Dressta, Sakai, Daewoo, Hyundai (líneas Construction Equipment y Xite Solution), entre otras.
Son más de 90 trabajadores directos e indirectos que conforman la estructura organizacional y que mantienen una fuerte influencia coreana. No solo por los comienzos de la corporación, sino por acoger ciertos principios de esa cultura en el día a día. Como el concepto ‘Pali-Pali’, que significa hacer todo bien y rápido.
En el camino llegaron los desafíos. Uno fue hace aproximadamente 15 años, cuando el gobierno ecuatoriano impuso salvaguardas a las importaciones para evitar la salida de dólares del país. La disposición legal establecía que todo lo que se importara a partir de una fecha límite no tendría esta medida arancelaria, pero representaba un plazo extremadamente corto y casi imposible para cualquier fabricante.
Ante la situación, Fabricio decidió hablar con sus proveedores para que todos los pedidos se entregaran antes de la entrada en vigor de la medida. Las respuestas de las marcas evidenciaron el concepto cultural de los coreanos. “Nos respondieron en cinco minutos, pese al cambio horario. Embarcaron entre cuarenta y cincuenta máquinas de inmediato”.
Arraigados en esa filosofía, Fatosla logró, por varios años, recibir reconocimientos como mejor distribuidor en Latinoamérica y el Caribe, por parte de Dressta y Hyundai; así como los galardones a mejor dealer del mundo, atribuido a su servicio técnico, calidad y el acompañamiento postventa a los clientes. Tiene un área de repuestos y servicios con más de 20.000 ítems, cuyo valor supera los US$ 5 millones, además de la inmediatez en la gestión y atención mecánica de cada una de las máquinas vendidas o rentadas.
La colocación de productos se divide en varias industrias como la minería, que representa un 40 % de su mercado. Entre la construcción, la agricultura y otros sectores se reparte el 60 % restante. Solamente en 2025 ubicaron más de 100 máquinas, que van desde excavadoras pequeñas de 1,3 toneladas, hasta las más grandes de 85 toneladas, que tienen un costo superior a US$ 890.000 cada una.
A sus 25 años, Fatosla se sigue reestructurando como organización, convirtiéndose en una empresa familiar liderada por Fabricio y sus dos hijos. Además, genera innovaciones en el mercado regional como la creación y funcionamiento de un centro de entrenamiento, el segundo en el país. Capacitan sobre el funcionamiento y operación de las máquinas que venden, a través de un sistema de formación desarrollado por Fatosla, que incluye piezas reales y componentes especiales de los productos, que están cortados para que los estudiantes vean, de primera mano, el funcionamiento de cada uno.
Hasta julio de 2026 se entregaron 500 certificados de capacitación, nacionales y extranjeros. El nuevo reto de este centro es entrenar, de forma gratuita, a jóvenes vulnerables, provenientes de fundaciones o centros de acogimiento que, tras cumplir los 18 años, deben dejar esos espacios e iniciar un camino productivo. Esta certificación representa una opción para encontrar espacios laborales en su futuro.
Fabricio espera formar a 30 alumnos al año y continuar con la transición de Fatosla. Siguiendo el ejemplo del fundador de Hyundai, desde hace dos años la empresa se está dividiendo para evitar conflictos familiares futuros. La compañía madre se mantiene como la cabeza, importadora y dueña de las marcas, lo cual garantiza utilidades y un patrimonio para su familia. Mientras que la parte comercial se separa en dos compañías independientes, que operan según sectores determinados en el país. Esa transición, que terminará en 2027, le permitirá retirarse parcialmente y tener más tiempo libre para sus nietos.
“La verdad es muy importante el futuro de Fatosla. Tengo mucha confianza en el equipo humano que conforma esta empresa. También, lo que pase con mis hijos y su descendencia. Que ellos puedan continuar y mantener lo que se ha hecho, bajo una premisa: siendo felices".