Forbes Ecuador

La firma que procesa 18 millones de aves al año

Xavier Ormaza
Fotos: Pavel Calahorrano Betancourt

David Paredes Periodista

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Avitalsa nació en 1995 como una compañía que vendía pollos vivos en el norte de Quito. En 2025 logró una facturación de US$ 158,4 millones gracias a su apuesta de llegar a las tercenas y a las carnicerías de barrio y no a los autoservicios.

Tres médicos veterinarios y un ingeniero agrónomo crearon en 1995 Avitalsa, una empresa avícola que buscaba llevar a la mesa del consumidor final pollo fresco todos los días. Empezaron con una pequeña granja en Tumbaco y dos camionetas en las que llevaban los animales en pie (vivos) y los distribuían a tercenas y carnicerías en el norte de Quito. 

Hoy, 30 años después, la compañía procesa más de 18 millones de pollos y 120.000 pavos al año. Su concepto se mantiene desde el primer día: llegar al consumidor final con frescura y calidad. Avitalsa cuenta con 73 granjas, tres plantas operativas, 17 puntos de venta propios, una cartera que supera los 3.000 clientes y una facturación de US$ 158,4 millones.

“Nuestra compañía tiene control de toda la cadena. Manejamos desde la reproducción y genética hasta la alimentación, comercialización y procesamiento”, afirma Xavier Ormaza, gerente general de la compañía. Sin embargo, es en la logística donde está la magia, donde se marca la diferencia.

Avitalsa creció con su marca Pollo Andino y una logística que no permite errores. Ormaza asegura que “es lo más parecido a un juego de ajedrez”, donde cada pieza en este negocio juega un papel fundamental. Todas las noches, desde su planta de procesamiento en Píntag, al sur oriente de Quito, salen los 60 camiones que llevan el producto a escala nacional. 

Es una carrera a contrarreloj para asegurar la cadena de frío, los tiempos de entrega y su promesa de valor: “pollos frescos todos los días”. “La logística es uno de nuestros retos más importantes, porque todo tiene que ser cuadrado con exactitud. Desde que los pollos salen de las granjas para ser procesados, hasta que los subimos a los camiones para que salgan a las diferentes rutas y lleguen a los clientes a una hora apropiada”, asegura.

En temporada de pavo, que va desde octubre hasta diciembre, la logística crece. Se aumentan 10 vehículos más a la flota. 

La compañía es exigente en los requisitos que piden a sus transportistas para los furgones. Controlan que la temperatura sea la adecuada y que se mantenga durante el recorrido. “Hacemos controles minuciosos de la temperatura con la que salen los productos desde nuestra planta, durante el trayecto y cuando llegan al cliente”.

Manejan un cronograma donde se definen las horas de salida y de llegada, con la finalidad de garantizar la calidad y la frescura de sus aves. 

Del laboratorio a la granja

El programa de reproducción en Avitalsa se planifica con dos años de anticipación. Ormaza explica que las aves reproductoras (gallos y gallinas) provienen de casas genéticas internacionales en Estados Unidos, Colombia y Brasil. Al año llegan a la compañía cerca de 140.000 gallos y gallinas que son criados durante 60 semanas para producir los huevos fértiles que irán a las incubadoras y posteriormente a sus granjas integradas. 

Para Ormaza, esta etapa también es de cálculo y precisión. Hay un equipo que está enfocado en la evolución de las gallinas para que cumplan su objetivo. Además, hay un tiempo exacto que deben permanecer en las granjas. Después de eso son sacrificadas y reemplazadas por nuevas. 

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