Daniela Segovia Velasteguí - Periodista
Cuenca marca el punto de partida en la vida de Clemente Tamariz. Nació en aquella ciudad y creció como hijo mayor en un hogar que giraba alrededor del tiempo en familia y la actividad física, donde el tenis ocupó un espacio central. No solo llenó las tardes o los fines de semana, sino que abrió una puerta hacia el extranjero. La práctica constante y el nivel competitivo lo acercaron a universidades en Estados Unidos.
Desde el colegio sintió interés por los números. “Siempre me llamó la atención la banca y me pareció una industria muy atractiva, por eso me incliné hacia ese camino”, comenta Tamariz en una entrevista con Forbes Ecuador. Con ese objetivo en mente, viajó para estudiar Finanzas en el Providence College (Rhode Island) y competir en el equipo de tenis universitario. Pasó cinco años en Estados Unidos. Compartió estudios, entrenamientos y torneos. La combinación de exigencias dejó poco margen para trabajos formales durante aquella etapa académica, pero él la define como una fase de formación integral. “Creo que esa experiencia, aparte del tema académico, me formó porque allá estás solo, eres responsable de tus actos y ya no tienes quien te vigile o te diga qué hacer”.
Al competir a un alto nivel —que implica partidos, viajes y presión—, esta actividad fue una escuela de disciplina, control y resistencia. Con el tiempo, esta faceta quedó atrás y, al regresar a Ecuador, dejó el tenis como práctica cotidiana. Ahora optó por el golf, el running o la bicicleta. “Luego de jugar toda la universidad de forma muy intensa, sentí que cumplí mi ciclo y ya no encontraba la misma motivación para seguir”.
La decisión de volver al país —según Tamariz— respondió a motivos personales. No quiso establecerse en el extranjero. “Me gusta mucho la vida en Cuenca y creo que necesitamos personas que hagan carrera aquí, que inviertan los conocimientos que aprenden en otros lados. Esta es una tierra de oportunidades y, sobre todo, la calidad de vida para mí es incalculable”. Es así como en sus vacaciones realizaba pasantías para aprender sobre las estructuras corporativas locales.
Cuando regresó oficialmente, con su título en mano, ingresó a Filanbanco, donde ocupó una posición como oficial de crédito empresarial por dos años. Ese fue su comienzo en la banca ecuatoriana y en 2001 recibió una llamada que definió su trayectoria. Banco del Austro le ofreció la gerencia de tarjetas de crédito. Tenía 22 años. El cargo lo puso al frente de un equipo con personas de más edad y con mayor tiempo dentro del sistema. “Uno de los mayores logros fue armar un grupo en el que ellos aportaron su experiencia y yo mis conocimientos técnicos”.
Desde esa primera posición, la carrera interna avanzó de forma gradual. Pasó de la gerencia de tarjetas de crédito a la gerencia regional del banco. Después ocupó la gerencia nacional de sucursales. Con el tiempo asumió la vicepresidencia ejecutiva y la gerencia general de Banco del Austro. Cada ascenso amplió el alcance de sus responsabilidades y lo acercó a la estructura completa del banco. Durante estas dos décadas, Tamariz acompañó la evolución de la institución y encontró un rasgo común: cercanía con los clientes, que es su mayor diferenciador. “Aquí todos dan ese paso extra por tratar de solucionar los inconvenientes de los clientes o por dar viabilidad a un requerimiento”, manifiesta este cuencano, y destaca que la venta de un servicio financiero no se ve, pero se percibe en el trato y en las respuestas.
La cultura interna también es parte de su liderazgo. En un contexto donde las nuevas generaciones cambian de trabajo con frecuencia y buscan resultados inmediatos, ve un reto claro para los empleadores. Tamariz menciona la necesidad de mantener motivados a los equipos y de ofrecer una ruta de crecimiento dentro de la misma institución. Él mismo es un ejemplo de esta práctica, ya que decidió permanecer en la institución; a pesar de recibir otras oportunidades, sabía el futuro que tenía.
Con una ligera sonrisa en su rostro, sentado en su despacho, en el centro de Cuenca, este ejecutivo asegura que parte del éxito de un buen liderazgo está en ser abierto y participativo. “Trato de involucrar a todos en las decisiones, escucho sus opiniones y las valoro sin basarme en el cargo que ocupan”. Su objetivo consiste en que cada colaborador se sienta parte del avance y de los resultados. Y este enfoque no nació de la noche a la mañana, fue pensado para tener un crecimiento y una transformación integral.
Este proceso se inició en 2020 y se consolidó en 2022. La institución decidió revisar su cultura organizacional, sus procesos y sus plataformas tecnológicas. Las etapas iniciales se concentraron en sesiones internas con equipos de distintas áreas. Antes de ese punto, según Tamariz, Banco del Austro arrastraba la percepción de ser una entidad conservadora y esta transformación coincidió, perfectamente, con los cambios en el comportamiento de las personas. La demanda se inclina hacia procesos rápidos, accesibles desde el celular y con poca tolerancia a fallas. “El cliente ya no concede varias oportunidades. Un error puede cerrar la relación —explica el ejecutivo—. Lo que hicimos es escuchar al cliente y desarrollar nuestros productos con base en sus necesidades”.
En ese marco, el banco definió que el celular se convertía en la oficina principal. Todas las soluciones debían estar disponibles en canales digitales, sin descuidar la relación directa. Hoy, Banco del Austro cuenta con casi 900.000 clientes y 92 oficinas en las tres regiones del país. Su liderazgo se ubica en el sur y en el centro del país, en ciudades como Ambato, Riobamba y Latacunga. La nómina llega a 1.400 colaboradores y Tamariz enfatiza en su red de corresponsales no bancarios, que amplían la cobertura hacia sectores lejanos a las sucursales tradicionales.
Según la Superintendencia de Bancos, con información hasta abril de 2025, Banco del Austro acumula un patrimonio de US$ 263,2 millones, que lo ubica entre los 10 principales bancos de Ecuador. Sus utilidades consolidadas a diciembre de 2024 llegaron a US$ 9,7 millones y hasta mayo de este año registra US$ 501,4 millones en inversiones en el sistema financiero nacional. Hoy, en el ranking de bancos con mayores activos, con información de 2024, ocupa el octavo lugar, con US$ 2.888 millones.
Retos en un sector que no se detiene
En Ecuador existe un 37 % de exclusión financiera, que afecta aproximadamente a 4,7 millones de ecuatorianos mayores de 15 años, según la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo. Al hablar sobre este tema, Tamariz dice que la inclusión ocupa un lugar céntrico en la estrategia del banco y ahora una parte importante de la cartera de crédito está dirigida a las mujeres. “Debemos dar la oportunidad de que todos tengan el banco en la palma de su mano. Lo más importante es desarrollar productos a la medida de cada segmento”.
¿Otro de sus hitos? El banco ejecutó en 2023 una emisión de bonos azules por US$ 50 millones en Latinex, la bolsa de valores de Panamá. Fue la primera empresa ecuatoriana en registrar una operación de ese tipo en aquel mercado, señala con orgullo Tamariz. La transacción recibió un reconocimiento como “emisión del año” en Panamá y fortalece su vínculo con clientes de la industria camaronera, atunera y de turismo costero. El entrevistado vincula estas líneas con una visión sobre el rol de la banca, ya que no pueden limitarse a la intermediación financiera: el sistema debe generar inclusión y desarrollo.
En esta conversación, el ejecutivo también señala que el marco regulatorio actual para tasas de interés es un obstáculo. “Cuando se pusieron techos a las tasas de interés por cada segmento, se buscaba proteger al usuario, pero en muchos casos se generó el efecto contrario”. En 2023, viendo los resultados, se cambiaron las tasas en el segmento corporativo y empresarial. Sin embargo, no tocaron las categorías de consumo o microcrédito, que son las más propensas a caer en la usura. Tamariz afirma que el costo operativo es elevado y, con las tasas actuales, no se cubre ese rubro y la ecuación no cierra, por eso existe una pobre inclusión financiera.
Bajo ese contexto, Banco del Austro define metas a corto y mediano plazo. Una prioridad es reforzar la experiencia de los clientes, simplificar procesos y reducir la fricción en los trámites. “La gente debe sentir menos recelo cuando escucha la palabra ‘banco’. La institución trabaja en productos para pymes, con ajustes orientados a mayor acceso y un manejo responsable de recursos”. Esto va atado al avance tecnológico. “No podemos hacerlo todo porque no hay dinero que alcance. La prioridad es elegir en función de lo que el cliente busca”.
La lectura de Tamariz sobre el entorno ecuatoriano parte de lo ocurrido en los últimos años. Recuerda la pandemia, las paralizaciones, la crisis energética y los distintos episodios de inestabilidad política. En su criterio, la banca es un termómetro nacional y las proyecciones a tres años se vuelven frágiles ante estos eventos. Aun así, destaca la reacción positiva del país y la resiliencia de su gente. “Valoro el empuje de los ecuatorianos y la forma en que empresas y familias se adaptan en medio de escenarios complejos”.
El espacio con su esposa y sus hijos completa el equilibrio que busca entre responsabilidad laboral y vida personal. Cuando describe qué lo motiva a sus 49 años, vuelve al proceso de cambio del banco. Su desafío más grande es sostener ese ritmo, no solo iniciarlo. Sobre su futuro, se proyecta dentro de la misma institución. “Quisiera estar aquí hasta poder decir ‘lo logramos’”. (I)