El acuerdo con OpenAI convierte a ChatGPT en una plataforma de venta de fotografías con licencia. Pero su silencio sobre el entrenamiento es lo primero que deberían leer los 600.000 colaboradores de Getty.
Algunas de mis fotografías forman parte del ecosistema de Getty a través de Unsplash, una de sus marcas. Las vieron millones de personas que jamás sabrán mi nombre. Por eso, cuando Getty abrió sus bibliotecas a OpenAI esta semana, leí el anuncio como lo haría cualquier colaborador: no por la palabra que aparecía, sino por la que faltaba.
Los datos principales son simples. El 21 de junio, Getty Images anunció un acuerdo plurianual con OpenAI para la exhibición de contenido, que integrará sus imágenes con licencia en las búsquedas y funciones de descubrimiento de ChatGPT. En otras palabras: cuando le preguntes a ChatGPT algo que requiera una imagen, la respuesta podría llegar como una fotografía con licencia de Getty en vez de una imagen sintética. El mercado lo recibió con entusiasmo. Las acciones de Getty subieron hasta 200% en la preapertura antes de estabilizarse, después de un año en el que cayeron más de la mitad.
Sin embargo, si se mira más allá del impulso inicial, el comunicado de prensa resulta llamativamente escueto. No precisa qué significa "plurianual", cuáles son las condiciones financieras ni cuánto dinero está en juego. Tampoco revela el reparto de ingresos y, de manera significativa, no menciona si las imágenes de Getty podrían usarse para entrenar futuros modelos de OpenAI.
Esa omisión lo explica todo.
Para Getty, el entrenamiento no es un tema menor. Fue el motivo de su batalla legal. Getty demandó a Stability AI a ambos lados del Atlántico, con el argumento de que la empresa usó sin permiso cerca de 12 millones de sus imágenes para entrenar un generador de imágenes. La batalla no terminó bien. En noviembre de 2025, el Tribunal Superior del Reino Unido falló en gran medida a favor de Stability, rechazó la principal demanda de Getty por derechos de autor y estableció una responsabilidad limitada en materia de marcas registradas.
Por eso, el contraste que vale la pena mirar es este: cuando Getty firmó su acuerdo anterior con Perplexity, el contrato prohibía de manera explícita el entrenamiento. La publicación de OpenAI no fija esa restricción en público. Autoriza la visualización de imágenes, pero guarda silencio sobre el único derecho que Getty intentó defender durante años, con un gasto legal considerable, y que finalmente perdió en los tribunales.
Unas palabras sobre las acciones, porque el número causa un fuerte impacto emocional. Getty cotiza por debajo de US$ 1, lo que hace que los movimientos porcentuales de tres dígitos parezcan más espectaculares de lo que son. Cerca del 17% de sus acciones en circulación están vendidas en corto, con un plazo de cobertura cercano a 4,6 días:
las condiciones precisas para que una sola buena noticia se transforme en presión alcista. Las acciones abrieron cerca de US$ 1,40, tocaron los US$ 2,66 durante la rueda y cerraron en torno a US$ 1,19, en un negocio que todavía arrastra una deuda elevada y un margen neto negativo frente a unos US$ 981 millones en ingresos de los últimos doce meses. Lo que se revalorizó esta semana fue la historia, no todavía la empresa.
Y, para ser justos con Getty, la historia es buena. Un acuerdo que convierte al mayor chatbot de IA en un canal de distribución de imágenes con licencia, en vez de un competidor que las vuelve gratuitas y obsoletas, es una manera de entrar en la disrupción en lugar de quedar al margen.
Además, sigue una línea clara: Getty dedicó las últimas semanas a blindar IA, deportes y entretenimiento al mismo tiempo, con la renovación de un acuerdo plurianual con la Federación de Fútbol de EE.UU. que llega a la Copa Mundial de 2026 y otro contrato renovado con el Festival de Tribeca. El reposicionamiento es coherente. Getty quiere ser la capa de procedencia con licencia a la que recurran las plataformas de IA cuando una imagen sintética no alcance.
Lo que me lleva otra vez a la palabra que no estaba ahí, y a los 600.000 de nosotros cuyo trabajo representa el inventario real de este acuerdo.
Para un colaborador, la palabra "exhibición" es la parte reconfortante de la frase. Implica que su fotografía se va a mostrar, tal vez con crédito, e incluso que se venda. La palabra "entrenamiento" es la que queda en blanco, y define si sus imágenes siguen como activos que vos licenciás o pasan a ser materia prima que un modelo ya usó. Por ahora, Getty vendió el derecho visible y no dijo nada sobre el invisible.
Puede que se trate de una negociación astuta. Puede que sea una medida provisoria mientras los abogados debaten. Pero los creadores que interpreten el éxito del lunes como una reivindicación deberían tener en cuenta que la compañía celebra una tregua en el campo de batalla donde acaba de perder, y se niega a revelar qué cedió para llegar hasta acá.
La imagen que aparezca en tu respuesta de ChatGPT tendrá licencia, los créditos correspondientes y estará en perfecto estado. Si el fotógrafo que la tomó aceptó todos los términos del acuerdo es otra cuestión y, ahora mismo, nadie en Getty ni en OpenAI responde esa pregunta.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.