Los autores detestan la inteligencia artificial. Lo dejaron en claro con las decenas de demandas que presentaron contra empresas del sector, a las que acusan de entrenar sus modelos con millones de libros protegidos por derechos de autor sin permiso ni compensación.
Sin embargo, sus editoriales no parecen compartir esa resistencia. Algunas de las más importantes del país, como Penguin Random House, Macmillan, Sourcebooks y Wiley, están contratando ingenieros de IA, según ofertas laborales publicadas y revisadas por Forbes.

Por ahora, ninguna tiene planes de usar inteligencia artificial para editar o escribir. Lo que revelan las búsquedas laborales es que quieren aplicar esta tecnología para gestionar sus negocios de manera más eficiente: desarrollar modelos de pronóstico que ayuden a anticipar qué libros pueden tener buen rendimiento y a qué precio conviene publicarlos.
“Creo que esto pone a las editoriales en una situación muy incómoda, ya que deben tener en cuenta que esta tecnología no desaparecerá”, dijo Jane Friedman, experta del sector, autora de un boletín muy leído sobre la industria editorial y asesora de varios grupos editoriales. “Tienen accionistas que probablemente se pregunten: '¿Cómo van a usar esto para generar ingresos, mejorar la eficiencia, etc.?'. Nadie quiere que la industria editorial se engañe en cuanto a beneficios”.
El gigante editorial Macmillan busca incorporar a dos "gerentes de soluciones" en inteligencia artificial. Su tarea será detectar posibles usos de esta tecnología y diseñar productos que ayuden a resolver problemas comerciales complejos. El rol incluye la creación de prototipos, el diseño de nuevos flujos de trabajo y el acompañamiento interno para integrar herramientas de IA en el funcionamiento diario de la empresa, según detalla la oferta publicada.

La compañía ya informó públicamente que usa inteligencia artificial en tareas administrativas, como el etiquetado de palabras clave para mejorar la visibilidad de sus libros, y también para resumir documentos, traducir y moderar contenido. Así lo explicó en un posteo en su blog institucional.
Sin embargo, en esa misma oferta laboral, Macmillan remarcó que su prioridad son los autores y sus derechos. "Somos una editorial de historias humanas, por escritores humanos", afirma el aviso.
La empresa no respondió a la consulta de Forbes.
Penguin Random House, la editorial de libros más grande del mundo, está buscando un ingeniero sénior de soluciones en inteligencia artificial. Según la oferta publicada, el objetivo es desarrollar sistemas de IA aplicados al marketing y a la visibilidad de los libros, además de asegurar que esas herramientas funcionen de forma estable y escalable.

La empresa ya está utilizando inteligencia artificial para mejorar su rendimiento operativo. Así lo explicó su vocera, Claire von Schilling, en un correo electrónico enviado a Forbes. Según detalló, emplean esta tecnología para gestionar el inventario con mayor eficiencia y calcular con más precisión cuántos ejemplares imprimir.
En enero de 2025, Bertelsmann (dueña de Penguin Random House) anunció que implementará ChatGPT Enterprise, de OpenAI, entre su personal.
La adopción interna de la inteligencia artificial no implica que Penguin Random House haya dejado de defender los derechos de autor de sus escritores. A fines de 2024, la editorial comenzó a incluir advertencias en sus libros, en las que aclara que no pueden usarse ni reproducirse para entrenar modelos de IA. “Como editoriales, nuestra principal responsabilidad es servir a nuestros autores. Sobre todo, nos comprometemos a proteger su propiedad intelectual y sus derechos de autor”, escribió Schilling.

Las editoriales deben manejar con cautela su postura pública frente a la IA, sobre todo por el rechazo extendido entre escritores, que ven esta tecnología como una máquina que absorbe su trabajo para producir textos que compiten con los suyos y amenazan su sustento.
La reconocida autora Margaret Atwood dijo a Reuters, en 2024, que “la IA es una poeta mediocre” y una “extractora de datos”. La novelista Zadie Smith sostuvo que cualquier cosa que genere la inteligencia artificial será “intrínsecamente hueca … como planetas sin gravedad” porque le falta la percepción humana. Y George R. R. Martin —uno de los 17 escritores que en 2023 iniciaron una demanda contra OpenAI junto al Gremio de Autores— definió a la IA como “la máquina de plagio más cara y energéticamente intensiva del mundo”.
No sorprende que muchos no quieran que la inteligencia artificial se acerque a su trabajo. En diciembre de 2025, Amazon recibió fuertes críticas por incorporar una función de IA en Kindle que permitía a los lectores "chatear" con un libro para hacerle preguntas sobre la trama, los nombres de los personajes o pedirle resúmenes y análisis.

El Gremio de Autores y numerosos escritores expresaron su rechazo a la herramienta, preocupados por la posibilidad de que el modelo de IA se hubiera entrenado con sus libros protegidos por derechos de autor, sin su consentimiento ni compensación.
A eso se sumaba que no existía la posibilidad de excluirse, ni para los autores ni para los lectores. Amazon respondió que el contenido de los libros no se utiliza para entrenar un modelo subyacente, y que la herramienta es, según la empresa, "una expansión en lenguaje natural de la funcionalidad de búsqueda que ya existe en Kindle".
En el plano legal, las compañías de inteligencia artificial obtuvieron fallos favorables. En junio de 2025, durante una demanda colectiva presentada por autores contra Anthropic, el juez federal William Alsup dictaminó que el uso de obras protegidas por derechos de autor para entrenar un modelo de IA se encuentra amparado por la doctrina del uso legítimo.
En demandas similares contra Meta y Stability AI por infracción de derechos de autor, los tribunales también fallaron mayormente a favor de las empresas de inteligencia artificial. Algunos casos siguen abiertos, como la conocida demanda colectiva iniciada por escritores y medios como The New York Times.

En ese proceso, la Justicia ordenó a OpenAI entregar 20 millones de registros de chat a los demandantes, como parte de la etapa de recopilación de pruebas. La empresa sostuvo que el caso no tiene fundamento y que el uso de información disponible públicamente constituye un uso legítimo.
Una advertencia clave: descargar versiones pirata de libros desde bibliotecas clandestinas o repositorios digitales ilegales con miles de libros electrónicos no es legal. En agosto de 2025, Anthropic acordó pagar US$ 1.500 millones a los autores de 500.000 libros incluidos en una de estas bases de datos. El acuerdo se resolvió fuera de los tribunales y sin que la empresa admitiera ninguna irregularidad.
En otros casos, como el de OpenAI, la respuesta fue dispar y todavía no se anunciaron decisiones relevantes.

Algunas editoriales decidieron firmar acuerdos de licencia por sumas millonarias con empresas de inteligencia artificial, en lugar de enfrentarlas judicialmente. Durante el año fiscal 2025, la editorial Wiley recaudó US$ 40 millones únicamente por licencias vinculadas a la IA. Cedió títulos de catálogo y libros académicos a empresas como Anthropic.
Para otras editoriales, muchas veces más chicas, la idea de ceder todos sus títulos a compañías de IA resulta difícil de aceptar, según explicó Thad Mcllroy, analista y consultor especializado en tecnología editorial.
“Existen infinitas preocupaciones justificables sobre si se está perdiendo el bebé y el agua del baño al otorgar esas licencias, y por eso hay muchas emociones encontradas sobre si esto es algo bueno o no”, dijo Mcllroy.
Aun así, como muchas otras compañías, las editoriales tienen interés en probar herramientas de inteligencia artificial en sus procesos. La IA podría servir, por ejemplo, para clasificar, analizar y dar devoluciones editoriales sobre la enorme cantidad de manuscritos que reciben. "Pero a día de hoy, si un autor se enterara de que eso está sucediendo, se disgustaría muchísimo", dijo Friedman.
“Las editoriales están reconociendo que esta herramienta les hará más eficientes, les permitirá realizar más trabajo con menos esfuerzo y les permitirá vender más libros”, señaló Mcllroy. “Por lo tanto, se enfrentan al dilema de cuántas herramientas incorporar antes de que se corra la voz”.
Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com