Desde niña aprendió a ahorrar. Tanto, que en el colegio se ganó cierta fama entre sus amigas. “Salíamos a comer y yo pedía solo un vaso de agua”. Para ella ahorrar no fue solo una costumbre, fue la forma de tomar control y no depender de una sola decisión en su vida.
“Creo que mi papá tuvo mucho que ver en eso”. Cada vez que le daba la mesada le hacía la misma pregunta: ¿cuánto llevas ahorrado? “La necesidad de responder afirmativamente, de hacerlo sentir orgulloso, terminó convirtiéndose en una disciplina”.
En su casa también aprendió el valor del ‘no’. No porque faltara dinero, sino porque había prioridades. Si no era Navidad ni cumpleaños, no había razón. “Si quería algo, debía juntar”. Así llegaron sus primeros patines y una colección de discos que todavía recuerda.
Nació en Quito en 1982. Es la cuarta de cinco hermanos. Estudió la primaria en el Spellman, luego en Los Pinos y se graduó en el Colegio Americano. El paso a un colegio mixto fue decisivo en su formación. “Ahí me di cuenta de que podía trabajar de igual a igual con los hombres. A decidir sin miedo”.
Estudió Finanzas y Economía en la Universidad San Francisco de Quito. “Siempre digo que he sido muy afortunada”. Desde pequeña, su padre le inculcó el valor del networking. Dos padrinos influyeron de forma decisiva en su camino profesional. “Benjamín Ortiz, en Quantum, me enseñó a analizar noticias, contrastar fuentes y verificar la información antes de tomar decisiones. Roque Sevilla, en Grupo Futuro y Metropolitan Touring, me dejó una lección que no olvido: ‘Mientras más abajo empieces, más vas a entender y empatizar con la organización’.
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Su carrera arrancó con una pasantía en Banco Pichincha, en el área de riesgos. Le ofrecieron quedarse, pero su padre la empujó a mirar más allá. “Están abriendo un programa en Philip Morris, por favor aplica”. Lo hizo. Era 2004, aún le faltaba un año para graduarse, y fue aceptada en First Step, un programa de alto potencial. Para ejecutivos jóvenes.
Al graduarse ingresó como analista. Sus primeras tareas fueron básicas: buscar firmas para cheques, procesar pagos, organizar reportes. Luego pasó por tesorería y contraloría, donde comenzó a construir su mirada financiera integral.
En 2007, fue expatriada a México. “Lo que aquí vendíamos en un año, allá se vendía en un mes”. La escala era otra. Más de 1.000 empleados, negociaciones permanentes con la banca y procesos maduros. “Me volví chilanga”, dice y suelta una carcajada. Su carrera iba en ascenso. Asumió la gerencia de auditoría interna y luego la tesorería regional.
“Soy muy curiosa y quería entender cómo funciona el mundo más allá de una multinacional donde todo está resuelto”. Renunció, porque la curiosidad pesó más que el miedo. No fue un salto al vacío, contaba con ahorros suficientes para sobrevivir. La decisión no fue impulsiva, sino meditada. Empezó a realizar consultorías y asesorías financieras a empresas. En paralelo obtuvo el CFE (Certified Fraud Examiner), una certificación de alto nivel en EE.UU. para manejo de fondos de inversión.
En 2017, se mudó a Lima, Perú, con su entonces esposo. Continuó con asesorías a empresas y se conectó con Mariana Costa, fundadora de Laboratoria, una organización social enfocada en impulsar la economía digital de América Latina mediante la formación de mujeres en tecnología. Hasta ahora más de 5.000 mujeres han sido capacitadas y se han levantado fondos no rembolsables superiores a los US$ 15 millones.
Francisca ingresó primero como asesora y en 2018 asumió la dirección financiera de Laboratoria. “Ver cambiar vidas me sacudió y era lo que más me llenaba”. Fueron años de crecimiento acelerado y aprendizaje profundo. Pero la vida volvió a sacudir el tablero. Se divorció y en 2020, con la pandemia, apareció la nostalgia de volver a casa. Habían pasado más de 13 años desde que dejo Ecuador. “En agosto crucé la frontera, literalmente caminando con dos maletas”. Voló de Lima a Tumbes, entró por Huaquillas y llegó a Quito en plena cuarentena.
El miedo nunca fue ajeno a su historia. A los 18 años sufrió un accidente a caballo. Se desbocó, cayó y quedó inconsciente. Se rompió costillas, pelvis, un brazo y se fisuró una vértebra. Estuvo inmovilizada largo tiempo. Volvió a subirse. “Para romper el miedo y aprender a medir los riesgos”.
Su sueño de viajar por el mundo quedó en pausa. Reconstruyó su vida. Su esposo es pediatra y tiene dos hijastros. Profesionalmente Francisca sentía que en Laboratoria había llegado a un tope. “Mariana me dijo, tú deberías enseñar a las personas a construir capital”. Enseguida esta idea empezó a dar vueltas en su cabeza. Desde niña lo había hecho. Su primera inversión fue en Google y con eso pagó parte de su maestría.
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“En 2023, inicié una transición paulatina y ordenada. Volví a las asesorías y adopté el modelo de fractional CFO, un rol estratégico en las empresas. Siempre digo que mi jubilación ya está resuelta, lo que me falta es sostenerme hasta los 65 años”. Asegura que la tranquilidad financiera, permite tomar decisiones bien pensadas.
El bichito del emprendimiento terminó de tocar sus puertas. A finales de 2024 nació Prospera. “Prosperar es crecer. Una persona que se siente segura por lo logrado puede dar más”.
El proyecto arrancó con una inversión inicial de US$ 35.000, con la convicción de que la educación financiera debía ser cercana. Poco a poco las consultorías a empresas fueron remplazadas por asesorías a personas naturales. Además, cuenta con un MBA del IE Bussines School y es profesora en la USFQ.
Una hora de orientación financiera cuesta entre US$ 100 y US$ 120. Los talleres tienen un valor promedio de US$ 600 por mes y medio. Esta ecuatoriana hoy acompaña a personas a apropiarse de sus finanzas, entender sus ingresos, poner su dinero a trabajar y tomar decisiones conscientes. "Mi intención no es solo enseñarte, sino acompañarte en el proceso. Me enfoco principalmente en mujeres, más de 200 han pasado por mis programas. Eso me impulsa a seguir”. Para 2026 quiere lanzar un producto digital escalable, dirigido a mujeres entre 25 y 40 años, con una duración de nueve meses y un costo mensual cercano los US$ 100.
Para cerrar no podíamos dejar de preguntar ¿cuál es su estrategia de inversión? Su respuesta es tajante. “No prometo rendimientos extraordinarios. No te voy a decir que vas a ganar un 20% y te voy al volver millonaria. Hago crecer el capital con criterio y sin riesgos innecesarios” Su objetivo es que las finanzas dejen de ser una fuente de ansiedad y se conviertan una herramienta de autonomía económica”. A sus 44 años está convencida de que decidir sin miedo cambia vidas. Seguirá rompiendo barreras para que más mujeres tomen control de su dinero y de su futuro. (I)