La economía de la inteligencia artificial no solo cambió la manera en que funcionan las empresas. También alteró el camino educativo que durante años se dio por hecho. Durante décadas, los jóvenes siguieron una fórmula bastante clara para alcanzar el éxito profesional. Los adolescentes con aspiraciones estudiaban con dedicación en la secundaria, cursaban materias avanzadas y sumaban actividades extracurriculares, como participar del anuario escolar. Practicaban deportes con la ilusión de conseguir una letra universitaria y se ofrecían como voluntarios en organizaciones como Key Club o Hábitat para la Humanidad.
Quienes lograban todo eso, además de destacarse con buenas calificaciones y obtener puntajes altos en los exámenes, podían aspirar a ingresar a una universidad de cuatro años con buen prestigio. Tras pagar un costo que en muchos lugares del país se parecía más a una hipoteca que a una matrícula, se graduaban con un título que abría la puerta a una vida estable dentro de la clase media.
Esa era la promesa, de todos modos.
Pero la irrupción de la inteligencia artificial desarmó ese modelo. "La economía ya no invierte tanto en la relación experto-novato, ya que las empresas reducen sus puestos de trabajo de nivel inicial en favor de la IA para aumentar la eficiencia, reducir costos y aumentar sus beneficios", declaró Matt Beane, autor de The Skill Code: How to Save Human Ability in an Age of Intelligent Machines, citado en CNBC.
Beane advierte que un solo informe corporativo, que antes necesitaba de cinco empleados durante una semana, ahora puede resolverse con inteligencia artificial en aproximadamente una hora. Esa realidad impacta de lleno en los jóvenes, que con razón desconfían sobre cómo construir un futuro en un terreno que se parece más a la arena que a una base sólida.

Para esos jóvenes —y sus padres— que sienten cómo el suelo se les mueve bajo los pies, hay algunas medidas prácticas que pueden considerar.
Paso 1: Invertí en tu educación, no en tus calificaciones
Durante años se sostuvo un acuerdo cínico en el sistema educativo: las escuelas inflaban las calificaciones, bajaban las exigencias y enseñaban solo para que el alumno rindiera el examen. "En este momento, la evidencia de la inflación de calificaciones es incontrovertible. Entre 2010 y 2022, el promedio de calificaciones (GPA) de los estudiantes aumentó notablemente", escribió Rick Hess, del American Enterprise Institute, en Education Week. "En Los Ángeles, el segundo distrito escolar más grande del país, el 83 % de los estudiantes de sexto grado obtuvieron calificaciones de A, B o C en la primavera de 2022, a pesar de que solo el 27 % cumplió o superó los estándares en las evaluaciones estatales y nacionales", expresó. Mientras tanto, muchos estudiantes hicieron lo justo para aprobar, sin incorporar realmente los conocimientos que se suponía debían aprender.
En tiempos de inteligencia artificial, mientras las empresas automatizan tareas que antes hacían personas —sobre todo en puestos de nivel inicial—, son los estudiantes quienes terminan pagando el costo de no haber aprendido. Puede que algunos crean que son vivos por delegar ensayos o ejercicios de matemáticas a la IA, pero están equivocados. Esos atajos no los llevan a ningún lado.
Lejos de adoptar un rol pasivo, los jóvenes necesitan involucrarse de manera activa en su aprendizaje y convertirse en autodidactas, como lo fueron Benjamin Franklin o Mary Shelley. No alcanza con sumar habilidades técnicas como programación, edición de video o nociones básicas de robótica. También es clave invertir tiempo en disciplinas fundamentales, como la filosofía, que enseñan a pensar. Así lo recomendó, con razón, el multimillonario John P. Calamos Sr., fundador de Calamos Investments.
Paso 2: Pensá en los certificados educativos como alternativa a la universidad
La educación superior cuesta cada vez más y ya no garantiza el éxito una vez que se termina la carrera. Frente a ese panorama, los certificados educativos aparecen como una opción concreta para muchos jóvenes. Hay una alta demanda de personas con habilidades prácticas en áreas como análisis de datos, robótica, ciberseguridad y soporte informático. Según el programa Grow with Google, que ofrece este tipo de formación, "el 75 % de los graduados del programa reportan una mejora en su carrera profesional a los seis meses de obtener el certificado".
Si bien son mucho más accesibles que una carrera universitaria, estos programas no siempre son gratuitos. Pero hay alternativas. Tal como indica Scholarships360: "Muchos empleadores pagan para que sus empleados obtengan un certificado relacionado con su carrera. Algunas empresas tienen políticas descritas en la sección de beneficios de sus manuales para empleados, así que podés empezar tu búsqueda por ahí. También podés consultar con tu departamento de recursos humanos para averiguar qué programas están cubiertos y cuánto dinero ofrecen".
Paso 3: Empezá temprano y seguí mejorando
Hace siglos, los jóvenes se formaban como aprendices, trabajando codo a codo con expertos en oficios como herrería, carnicería, plomería o albañilería. "En este contexto, un niño de tan solo 12 años dejaba su hogar y vivía con un maestro artesano. Durante varios años, trabajaba duro por poco o ningún salario, aprendiendo todos los aspectos del oficio. A cambio, el maestro le proporcionaba comida, techo y, lo más importante, conocimiento", explica future1st.com.

Hoy, la mejor estrategia laboral no pasa por quedarse cuatro años en la universidad sin tener claro qué camino seguir. La economía impulsada por la inteligencia artificial avanza demasiado rápido para eso. En cambio, es preferible elegir un campo que despierte interés y buscar una pasantía o un programa de formación que permita empezar a trabajar. En esta etapa, cobrar un sueldo no es lo más importante. Lo verdaderamente valioso es sumar experiencia real, de la que después se puede aprovechar en la próxima oportunidad profesional.
Paso 4: Emprendé tu propio camino
Durante años, la fórmula del éxito consistía en ser elegido por una empresa. Había que armar un currículum prolijo y enviarlo con la esperanza de que algún empleador lo seleccionara. Todo eso partía de la idea de que hacía falta alguien que abriera la puerta.
Pero ya no es así. La autopublicación es un buen ejemplo de cómo se pueden sortear esas barreras. Antes, quienes querían escribir libros tenían que esperar la aprobación de una editorial. Hoy, gracias a Amazon Kindle Direct Publishing, cualquier autor puede publicar su manuscrito online sin pedirle permiso a nadie.
Algo parecido vale para los jóvenes que se formaron por su cuenta, obtuvieron certificados o hicieron prácticas profesionales el tiempo suficiente como para empezar a generar sus propias oportunidades. El éxito no está asegurado, claro. Pero sí existe la posibilidad real de ser dueños de su futuro.
El denominador común: la resiliencia
La economía impulsada por la inteligencia artificial avanza con velocidad y no recompensa las viejas formas de hacer las cosas. Quejarse por lo injusto que puede parecer este escenario no sirve de mucho. Lo más importante que podemos transmitirles a los jóvenes es la resiliencia.
Nadie sabe cómo será el futuro. Lo único seguro es que no se parecerá al presente ni al pasado. Cuanto antes los jóvenes empiecen a invertir en sí mismos, mejor preparados estarán para enfrentar lo que viene. No solo para adaptarse, sino también para crecer y encontrar su lugar en los años que se acercan.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com