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(Foto: Getty Images).

Los dos hábitos que revelan la verdadera inteligencia directiva

Mark Travers Psicólogo estadounidense egresado de la Universidad de Cornell y la Universidad de Colorado Boulder.

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Frente a problemas complejos, quienes se toman un tiempo antes de responder y rechazan las certezas absolutas suelen tomar mejores decisiones, aunque esa cautela muchas veces se disfrace de indecisión.

13 Septiembre de 2026 09.30

La rapidez para decidir suele leerse como una señal de inteligencia. Quien responde al instante, no duda y dice "vamos por esto" mientras los demás todavía evalúan la situación, transmite una imagen de lucidez. En cambio, la indecisión constante suele asociarse con falta de claridad.

Pero vacilar no constituye una conducta aislada. La clave está en detectar en qué etapa de un problema alguien se detiene y con qué propósito. Hay dos formas de vacilación que suelen confundirse con debilidad, aunque en realidad revelan una capacidad intelectual mayor.

Hábito 1: Se traban al principio, no al final

Si les planteás el mismo problema a dos personas, observá qué ocurre durante los primeros cinco minutos. Una propone alternativas enseguida. La otra parece inmóvil: relee, pregunta cuál es el problema real y se pregunta en voz alta si esa es incluso la pregunta adecuada. Esa segunda persona parece bloqueada. Muchas veces, sin embargo, es la única que trabaja de verdad.

Este patrón aparece con frecuencia en las investigaciones sobre la pericia. En ajedrez, física, medicina y diseño, los especialistas destinan proporcionalmente más tiempo que los principiantes a definir con precisión el problema, es decir, a reconocer qué clase de desafío tienen delante, antes de intentar una respuesta.

Los principiantes ordenan los problemas por sus rasgos superficiales y avanzan enseguida. Los expertos, en cambio, los interpretan según su estructura profunda. Ese proceso demanda más tiempo al comienzo, pero rinde frutos después. Un estudio de 2024 publicado en el Journal of Hospital Medicine detectó ese comportamiento entre médicos: los de planta y residentes, frente a casos clínicos idénticos, observaron y jerarquizaron elementos distintos antes de establecer un diagnóstico más certero.

La demora pasa inadvertida porque no deja resultados a la vista. No hay borradores, listas ni señales concretas de avance. En cambio, quien arranca rápido ya sugirió tres alternativas y transmite una sensación de progreso, aunque todas respondan a la pregunta equivocada. El tiempo destinado a escoger con precisión entre opciones deficientes termina desperdiciado y no puede recuperarse después, una vez que la decisión ya se tomó.

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Vacilar antes de responder puede ser una señal de análisis profundo y no una muestra de inseguridad (Pexels).

Esto no equivale a procrastinar. La diferencia está en la dirección del movimiento. Quien define un problema avanza hacia él: formula preguntas, revisa sus límites y busca comprenderlo. Quien lo esquiva toma distancia. Desde afuera, ambos parecen inmóviles, aunque por dentro atraviesan procesos por completo distintos.

Hábito 2: Dicen "depende" y realmente hablan en serio

El segundo hábito tiene un costo social mayor porque puede sonar como una negativa a tomar posición. Hacé una pregunta amplia: si conviene seguir adelante o tomarse un descanso, si la honestidad siempre es la mejor opción o si cierto método funciona. No te darán una respuesta definitiva. Primero te preguntarán cuál es la situación.

En la mayoría de las conversaciones, esa respuesta suele interpretarse como evasiva. Para la investigación psicológica, en cambio, es una cuestión de precisión. Casi nada dentro del comportamiento humano permanece inalterable: los efectos aparecen o desaparecen según el contexto. Un estudio de 2022 publicado en Psychological Science lo mostró con claridad: el mismo programa breve sobre mentalidad de crecimiento, aplicado en todo el país para mejorar las calificaciones estudiantiles, funcionó únicamente en las aulas cuyos profesores compartían esa mentalidad. La intervención fue idéntica, pero produjo resultados opuestos según el contexto específico que la acompañó.

Esto produce una paradoja llamativa: quienes conocen un tema en profundidad suelen mostrarse menos dispuestos a responder preguntas sin contexto, no porque sepan menos, sino porque la experiencia los obliga a considerar las excepciones junto con la regla general antes de formular una conclusión tajante, definitiva o apresurada.

Es más fácil dar consejos universales y tajantes cuando se sabe menos, porque no hay matices capaces de complicarlos. La certeza sobre cuestiones complejas suele reflejar la amplitud del modelo mental de una persona, no el verdadero estado del mundo que intenta explicar con precisión.

SE PUEDE USAR/Reunión de trabajo/duda/toma de desiciones.         Foto: Inteligencia artificial
Quienes se toman unos segundos para pensar suelen detectar matices que una respuesta rápida pasa por alto (Foto: ilustración creada con inteligencia artificial).

Quien responde "depende" suele pensar en una explicación condicional: esto funciona cuando ocurre X y se revierte cuando aparece Y. Por eso, no puede reducirla a un eslogan sin faltar a la verdad. Si le pedís que detalle esas condiciones, recibirás algo mucho más útil que un veredicto. La vacilación nunca supuso ausencia de respuesta, sino de una respuesta universal; una diferencia importante, legítima y honesta.

Lo que estos dos hábitos tienen en común

Ambos hábitos trasladan el esfuerzo a una etapa previa. Quien decide rápido concentra su razonamiento en la respuesta; estas dos personas, en cambio, lo ponen en la pregunta: qué se está preguntando en realidad y bajo qué condiciones cambiaría la respuesta. Ese trabajo ocurre antes de que haya algo visible y, por eso mismo, suele confundirse con una demora.

También comparten un costo que no conviene ignorar. Toda decisión llega a un punto en el que un análisis adicional ya no la mejora, y ambos hábitos pueden llevarse demasiado lejos: el planteo eterno de un problema que exigía una respuesta rápida, igual que el "depende" que deja a la otra persona realmente confundida. Un análisis de 2022 publicado en el Journal of Consumer Psychology lo confirmó: quienes se aferran de manera compulsiva a la mejor opción objetiva registran un bienestar sostenidamente menor que aquellos que aceptan una alternativa suficientemente buena. El buen criterio exige reconocer qué decisiones merecen un análisis previo y cuáles apenas requieren una llamada.

SE PUEDE USAR/reunió, duda, toma de decisiones    Foto: Ilustración realizada con IA.
Dos miradas sobre una misma opción pueden revelar matices que una respuesta apresurada suele pasar por alto (Foto: Ilustración realizada con IA).

Cuando estos hábitos faltan,  rara vez se debe a la arrogancia. En general, se va como consecuencia de la presión. Un aanálisis de 2017 publicado en Personnel Psychology, que incluyó a más de 22.000 personas, detectó que los ámbitos con bajos niveles de lo que los investigadores llaman "seguridad psicológica", es decir, donde expresarse resulta riesgoso, limitan de manera sistemática varias conductas esenciales para aprender: formular preguntas, reconocer la incertidumbre y pedir más tiempo. 

El punto no es presentar la indecisión como una virtud. La lentitud al inicio de un problema y la resistencia a simplificar una respuesta compleja al final suelen generar costos sociales. Sin embargo, de manera silenciosa, muchas veces permiten tomar decisiones más acertadas y precisas.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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