Jason Wingard Colaborador sénior
Durante el Fin de Semana de las Estrellas de la NBA, Michael Jordan hizo una aparición pública poco habitual. Horas después, apareció en los boxes de Daytona mientras 23XI Racing ganaba las 500 Millas de Daytona. La imagen tuvo algo más que valor simbólico: marcó el último capítulo de un recorrido de liderazgo que hoy abarca tres niveles de influencia: rendimiento, plataforma y poder.
La carrera de Jordan muchas veces se cuenta como una mitología: seis campeonatos con los Chicago Bulls, fama mundial y una obsesión competitiva sin descanso. Sin embargo, el costado más ilustrativo de esa historia tiene que ver con la estructura.
En la NBA, restableció los estándares de rendimiento y se convirtió en la cara de la etapa de expansión global de la liga.
En Nike, pasó de patrocinador a presidente de la marca Jordan y, de ese modo, empujó la creación de una de las empresas impulsadas por atletas más exitosas de la historia. Nike reporta ingresos de la marca Jordan de aproximadamente US$ 7270 millones en el año fiscal 2025, una cifra que muestra cómo el dominio individual puede convertirse en escala institucional.
En la NASCAR Cup Series, como copropietario mayoritario de 23XI Racing —el primer dueño mayoritario negro de un equipo de tiempo completo en la categoría más alta del deporte— pasó de competidor a actor con peso en la gobernanza. Cuestionó puntos centrales del esquema económico de la categoría y, al final, ganó su prueba más emblemática: la Daytona 500.
Esa progresión, que va de figura artística a creador de plataformas y luego a factor de poder, no es habitual. Jordan no se conformó con ganar. Transformó el dominio en capital, el capital en influencia y esa influencia en una estructura con capacidad real de decisión. @@FIGURE@@
Rendimiento: elevar la línea base
Los seis campeonatos y los seis premios al Jugador Más Valioso de las Finales que consiguió Jordan hicieron mucho más que engrosar un currículum. Cambiaron las reglas de la excelencia dentro de una organización. Sus compañeros se adaptaron, los entrenadores ajustaron sus métodos y los rivales reaccionaron.
El alto rendimiento sostenido casi nunca nace de un talento aislado. Las investigaciones sobre creación de valor a largo plazo señalan que las organizaciones que lideran mejor superan a sus pares por un motivo claro: modifican los estándares en todo el sistema. No se trata de una figura brillante, sino de un umbral que se eleva para todos.
El liderazgo inicial de Jordan respondió a esa lógica. No se limitó a superar a sus oponentes. Cambió las expectativas internas en materia de preparación, acondicionamiento y ejecución. El punto de referencia se corrió.
Para los ejecutivos, la enseñanza resulta clara: el liderazgo empieza cuando redefinís qué significa un desempeño “normal” y lo sostenés en el tiempo. @@FIGURE@@
Plataforma: Institucionalizar la influencia
El segundo paso de Jordan fue estructural. En Nike pasó de ser patrocinado a convertirse en presidente de la marca Jordan. Lo que arrancó como unas zapatillas exclusivas terminó en un negocio global multimillonario. Ese salto cambió la manera en que los atletas de élite entienden el capital, la propiedad y la participación a largo plazo en las marcas que ayudan a construir.
Esa influencia también llegó a la propiedad intelectual. Con Space Jam, Jordan afianzó una franquicia global de entretenimiento que recaudó más de US$ 250 millones en todo el mundo. El caso dejó en claro que el dominio deportivo puede transformarse en patrimonio cultural con peso propio y proyección en el tiempo.
Las investigaciones sobre empresas que perduran muestran que el valor sostenido aparece cuando un éxito puntual se convierte en una plataforma que puede repetirse y escalar. Jordan Brand representa ese recorrido: del brillo individual a una estructura con capacidad de expansión.
Para los líderes, el paso de la excelencia personal a la iniciativa empresarial resulta decisivo. La reputación individual puede tocar techo y después perder fuerza. En cambio, las plataformas institucionales, si están bien diseñadas, ganan estabilidad y permanencia.
Poder: utilizar la propiedad para influir en el sistema
En 2020, Jordan cofundó 23XI Racing junto a Denny Hamlin y se convirtió en accionista mayoritario de un equipo de la NASCAR Cup Series. Al respaldar a Bubba Wallace, que en ese momento era el único piloto negro a tiempo completo de la categoría, dejó un mensaje claro: la propiedad podía dialogar con la cultura y con la competencia. Así amplió el acceso y la visibilidad en la cima del deporte. @@FIGURE@@
La propiedad también le dio peso en la toma de decisiones. En 2025, 23XI Racing se unió a Front Row Motorsports en una demanda contra aspectos de los estatutos y del esquema de reparto de ingresos de la NASCAR. El conflicto se resolvió el 11 de diciembre de 2025, aunque antes puso el foco nacional sobre el modelo económico de la categoría. El episodio expuso una verdad estructural: los dueños de equipos participan de la gobernanza, no compiten solo en la pista.
Semanas más tarde, 23XI se quedó con la Daytona 500.
Esa secuencia dice mucho. Muestra que la propiedad no es un gesto simbólico, sino una posición concreta dentro del sistema. La equidad aporta prestigio y el prestigio se traduce en influencia.
Las investigaciones sobre gobernanza corporativa vinculan de manera sistemática la creación de valor a largo plazo con líderes que se animan a cuestionar los sistemas de incentivos y las estructuras de capital, en lugar de limitarse a operar dentro de esos márgenes. El paso de Jordan por la NASCAR refleja ese principio en la práctica y muestra cómo la influencia cambia cuando hay participación real en la toma de decisiones.
Para los ejecutivos, la propiedad, ya sea a través de acciones, lugares en juntas directivas o autoridad sobre el capital, amplía el liderazgo. Ya no se trata solo de rendimiento, sino de la capacidad de fijar reglas y moldear el rumbo de una organización.
Infraestructura: la disciplina por encima de la imagen
En más de una ocasión, Jordan recibió críticas por el perfil bajo de su filantropía. Sin embargo, el esquema de sus donaciones muestra una lógica clara: priorizó la inversión en infraestructura antes que la exposición esporádica.
A través de alianzas con Novant Health, financió clínicas de atención primaria en comunidades postergadas de Charlotte y Wilmington, en Carolina del Norte. El compromiso inicial fue de US$ 7 millones y luego sumó nuevos aportes. Hasta hoy, Novant Health informó que Jordan donó un total de US$ 27 millones a la Fundación Novant Health. @@FIGURE@@
Además, Michael Jordan y Jordan Brand comprometieron US$ 100 millones a lo largo de diez años para organizaciones enfocadas en la igualdad racial, la justicia social y el acceso a la educación. La decisión marcó una postura sostenida en el tiempo, lejos de una reacción aislada frente a un hecho puntual.
El patrón guarda coherencia con su estrategia empresarial. Las clínicas, igual que las marcas y los equipos, funcionan como activos institucionales pensados para trascender los titulares y sostener impacto en el tiempo.
Para los líderes que enfrentan escrutinio público, la enseñanza pasa por la disciplina en la asignación de recursos. El capital que se destina a sistemas duraderos suele producir un impacto más profundo que las acciones reactivas y, además, ese efecto se acumula.
De closer a arquitecto
En la cancha, Jordan era el que cerraba el partido: el jugador al que le confiaban la última posesión. Como dueño, ya no define los encuentros; diseña entornos para que otros lo hagan.
La madurez del liderazgo se explica en ese paso del dominio personal a la solidez institucional. Ahí se ve quién trasciende.
La victoria en Daytona no fue un acto de heroísmo individual. Fue el resultado de una estrategia coordinada, precisión de ingeniería y disciplina institucional. Esa es la diferencia entre el rendimiento y la arquitectura.
El liderazgo de élite evoluciona en tres dimensiones claras:
- Estándares: elevar lo que exige la excelencia.
- Estructuras: convertir la influencia en plataformas escalables.
- Sistemas: usar la propiedad para moldear incentivos y la economía.
Muy pocos líderes logran moverse con éxito en esos tres planos.
Jordan sí. NBA. Nike. NASCAR.
Ese arco no habla de nostalgia. Habla de altura. Del desempeño pasó a la plataforma y, más tarde, al poder. Hoy su influencia se mueve en el terreno de la gobernanza y del diseño institucional.
Daytona no fue una victoria más. Fue la prueba de que sus campeonatos más trascendentes ya no se miden en puntos, sino en sistemas reestructurados e instituciones pensadas para durar.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com