Daniela García Noblecilla Editora digital
Katherine Proaño Sáenz aprendió a vivir entre maletas, ciudades y decisiones difíciles. Es quiteña, tiene 35 años y su historia no es el relato clásico de migración. La suya fue más bien un ir y venir constante entre Ecuador y Estados Unidos. Viajes por ajustes familiares, cambios de colegio, regresos necesarios y nuevos comienzos. Una vida en tránsito que fue la que moldeó su visión para levantar una empresa en Miami.
Su vínculo con el diseño nació en casa. Su madre tenía una fábrica de ropa en Ecuador y ella heredó el gusto por los detalles, los colores y la puesta en escena. Katherine estudió marketing y fashion merchandising en Miami International University of Florida con la idea inicial de convertirse en diseñadora de moda.
Sin embargo, mientras trabajaba en una agencia de publicidad y colaboraba como voluntaria en la producción de Miami Swim Week, descubrió que lo que realmente le apasionaba no era solo la ropa, era lo que ocurría detrás, el caos, la logística, la producción y la creación de experiencias.
Antes de fundar su empresa, esta ecuatoriana, en 2019, se involucró en un modelo de ventas directas en la industria del cuidado capilar, donde tuvo un equipo y llegó a generar más de US$ 100.000 mensuales en ventas. “Era como estar en Herbalife. Me fue súper bien y pude desarrollarme, sobre todo en el trato con la gente y en el manejo de redes sociales. Incluso llegué a ganar un carro. Todo eso me hizo pensar en la idea de empezar mi propia empresa”.
Aquello tomó forma en 2020. Con los eventos tradicionales detenidos por la pandemia y las reuniones trasladadas al aire libre, Proaño encontró una oportunidad de negocio en los picnics personalizados en la playa. Comenzó con propuestas íntimas para dos personas, que tenían un valor de alrededor de US$ 250. Incluían un teepee, mesas bajas, mantelería, vajilla, arreglos florales armados por ella misma en la sala de su casa y una estética instagrameable. Todo lo transportaba en su propio auto.
La demanda creció rápido por las redes sociales. Los picnics pasaron de encuentros pequeños a celebraciones de cumpleaños para 20 o 40 personas, con costaban alrededor de US$ 1.500 o US$ 2.500 por evento. La comida era complementaria y ofrecía tablas de charcutería preparadas por su suegra, postres, macarons. Pero, el foco estaba puesto en la experiencia visual. @@FIGURE@@
Kat Saenz Productions dio el salto de celebraciones privadas a eventos corporativos de gran escala. Uno de sus impulsos fue la producción de la fiesta de fin de año de Southern Wine & Spirits, uno de los mayores distribuidores de bebidas alcohólicas en Estados Unidos, un evento para cerca de 300 personas que tuvo un valor de alrededor de US$ 20.000 destinado exclusivamente a la ambientación y decoración.
Otro espacio que marcó ese crecimiento fue con la marca de moda PrettyLittleThing. Esta fue una celebración por el Día de la Madre junto a influencers en Miami. El mismo tuvo un costo similar.
Hoy, Kat Saenz Productions opera en otra liga. En 2024, tuvo ingresos de US$ 2,4 millones. De acuerdo a su último reporte en noviembre de 2025, esperan cerrar ese año con US$ 5 millones. La empresa trabaja con corporaciones globales como Chase y Apple, con producciones recientes en ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Miami. Suma una cartera de clientes que incluye marcas de moda, tecnología, banca y entretenimiento.
A ese portafolio se suman celebridades como Sofía Vergara, Ivanka Trump, Thalía y Usher, así como proyectos editoriales y eventos vinculados a medios internacionales como Forbes US. “Cada producción refuerza nuestro posicionamiento como una casa creativa capaz de ejecutar eventos complejos, personalizados y de alto impacto visual”.
Katherine y sus socios también integraron la fabricación dentro del negocio. Hace un año, adquirieron la empresa que producía sus estructuras y montajes. Desde entonces, todo —backdrops, estructuras de madera, piezas en 3D, photo moments y elementos personalizados— se diseña y produce in house, desde su propio warehouse. “Para mí era fundamental tener control total del proceso”. La inversión inicial fue de US$ 100.000 y se complementó con maquinaria especializada.
Ese control absoluto es, precisamente, su principal diferenciador. Mientras muchas event planners subcontratan flores, fabricación y producción, Katherine asegura que diseña desde cero cada evento. Crea el moodboard conceptual y, a partir de ahí, su equipo ejecuta cada elemento. Desde los arreglos —con rosas ecuatorianas— hasta piezas personalizadas, señalética, estructuras y detalles gráficos. A esto se suma Crafted Aesthetics, otra línea del negocio enfocada en objetos personalizados de pequeña escala que le dan un plus a la experiencia del invitado. @@FIGURE@@
El modelo no trabaja con paquetes ni catálogos cerrados. Cada cliente recibe una propuesta única, pensada específicamente para su historia, su marca o su celebración. La firma también realiza bodas de destino, eventos editoriales y producciones internacionales. En los últimos años han ejecutado proyectos en Dubái, México, Europa y distintas ciudades de Estados Unidos. Ya tienen un matrimonio confirmado en Italia para este 2026.
Esta organización emplea hoy a 25 personas entre equipo creativo, producción, fabricación y gestión, con talento distribuido entre Estados Unidos y Ecuador. Dos de sus colaboradoras más importantes, dice, trabajan desde Quito en diseño y gestión de eventos. “Ver cómo crece el equipo, cómo mejoran su calidad de vida y cómo avanzamos juntos, es una de las partes que más me llena”.
A esta artista le gusta insistir en el origen: “nací como una compañía de picnics, no necesité una inversión gigantesca y no tengo la intención de borrar ese comienzo”. Hubo trabajo constante, días largos y una convicción: contar esa parte de la historia es, para ella, una forma de recordarle a la comunidad latina que los sueños en Estados Unidos no siempre arrancan en grande, pero pueden crecer si hay disciplina, intuición y constancia.
Este 2026 el foco se dirige al lanzamiento de un curso para formar nuevas event planners —una forma de compartir el aprendizaje acumulado. En lo personal, Proaño también se permite pensar en nuevos comienzos como formar una familia y equilibrar, sin soltar, una empresa que sigue creciendo.
“Somos parte de los días más importantes de otras personas”, dice. Y quizá ahí esté la esencia de todo, construir escenarios donde otros celebran, sueñan y recuerdan. (I)