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De la mano de Paul Hobbs, el país europeo que toma como ejemplo a Argentina para convertirse en una meca del vino

Layne Randolph

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Junto al reconocido enólogo, con larga trayectoria en la industria vitivinícola argentina, Robert Hayk trabaja desde hace más de diez años con los vinos búlgaros para posicionar su Cabernet Sauvignon en EE.UU.

2 Marzo de 2026 08.45

Cuando Robert Hayk empezó a construir su negocio de importación de vinos búlgaros, G&B Importers, hace 12 años, repitió la misma ambición ante cualquiera que quisiera escucharlo: "Quiero convertir a Bulgaria en Argentina".

Para Hayk, “Argentina” simboliza un salto de credibilidad y una transformación que el mundo del vino entiende a la perfección. Argentina, que antes quedó relegada por su supuesto poco valor agregado, hoy se reconoce por la calidad de su terroir y por su potencial de clase mundial. Él sostiene que Bulgaria cuenta con la materia prima —historia, viñedos y talento—, pero necesita disciplina moderna y una narrativa global que la lleven de ser un país olvidado a ocupar un lugar de excelencia.

Como cofundador de G&B Importers, Hayk lleva años dedicándose a introducir vinos búlgaros en el mercado estadounidense a través de marcas como Bulgariana y Rough Day Wines, que se distribuyen a nivel nacional en Whole Foods. Ahora vuelca esa experiencia en el proyecto premium Hayk & Hobbs, que comparte con el enólogo estadounidense Paul Hobbs. La primera cosecha, la 2024, tiene prevista su salida al mercado en la primavera de 2026.

Hayk & Hobbs, un Cabernet Sauvignon búlgaro de un solo viñedo, proveniente de las colinas Sakar, en el sudeste de Bulgaria, debutará con un lanzamiento chico de unas 600 cajas. El vino pasará su crianza en barricas de roble francés de segundo uso y se ubicará en un rango de precio minorista de entre US$ 45 y US$ 55. Las primeras asignaciones están previstas para Estados Unidos, Japón, Suecia y Bulgaria.

El objetivo va más allá de una nueva marca. "El vino es el resultado, pero la misión es reconstruir una región", dijo Hayk.

Un interés personal en Bulgaria

La urgencia de Hayk nace de su biografía, no de seguir tendencias. "Para mí, esto es profundamente personal", dijo. Llegó a Bulgaria después de dejar Armenia, devastada por la guerra, tras el colapso soviético, y describe a Bulgaria como el lugar que le dio estabilidad a él y a su familia cuando más la necesitaban.

El vino búlgaro me impacta en dos niveles: identidad y memoria. Bulgaria no es mi lugar de nacimiento, pero se convirtió en mi segunda patria en un capítulo clave de mi vida. Es parte de mi propia historia: algo antiguo, conmovedor y profundamente conectado con la gente y los paisajes que me reconstruyeron en mi juventud.

"Bulgaria… se convirtió en un hogar increíble y una plataforma de lanzamiento para mí… y esa conexión espiritual persiste. Revivir la región no es solo un negocio. Es como un legado."

Robert Hayk, cofundador de Hayk & Hobbs

Ese centro emocional también explica por qué habla de las regiones vinícolas de Bulgaria como comunidades bajo presión, y no solo como viñedos con potencial. "Cuando viajamos por esas hermosas regiones... vemos pueblos desolados. Sin guarderías, sin escuelas. La gente se marcha", dijo.

Regreso de la vendimia, cuadro que muestra a agricultores búlgaros transportando recipientes de vino guiados por bueyes.
Regreso de la Vendimia, 1893. Anton Mitov (1862-1930). Pintor búlgaro. Galería Nacional de Arte. Sofía, Bulgaria (Foto: Getty Images).

Muchos viticultores se fueron, pero otros se quedaron y trataron de seguir produciendo vino. Podrían haber aprovechado las subvenciones de la UE para cultivar trigo. Hayk contó que les preguntó por qué no lo hicieron. "Y la gente simplemente lloraba. Dijeron: ‘No puedo hacerlo. Mi bisabuelo cultivaba uvas acá’". La apuesta por la “próxima Argentina”, según él, no pasa solo por el prestigio. Se trata de darles a los productores una oportunidad para quedarse.

La brecha de calidad que Bulgaria intenta cerrar

Hayk sostiene que la reputación vitivinícola moderna de Bulgaria se forjó a partir de un desequilibrio estructural. “En Bulgaria… el volumen era mucho más importante que la calidad”, afirmó, y describió que el trabajo en el viñedo muchas veces se consideró agricultura, en lugar de una artesanía vitivinícola. Para él, eso derivó en una tendencia a depender de la técnica de bodega, en vez de apostar por la excelencia en el campo. “Simplemente cultivaban uvas y luego hacían magia en una bodega… con aditivos costosos”, relata.

Viñedo búlgaro con botellas de vino búlgaro
Una fila de botellas de vino se exhiben para degustación en la feria anual de vinos Vinaria en la ciudad sureña de Plovdiv el 18 de marzo de 2009 (Foto: Getty Images).

Más allá de que todos los productores encajen o no en esa descripción, el planteo de Hayk es que Bulgaria no necesita tanto un cambio de imagen como un sistema de calidad, que arranque por el viñedo.

Paul Hobbs y su vínculo con Argentina

El enólogo estadounidense Paul Hobbs tiene una historia de larga data con el vino argentino.  Su llegada al país en 1988, invitado por Nicolás Catena Zapata para evaluar Cabernet Sauvignon, marcó el inicio de una pasión por los viñedos locales, donde rápidamente identificó el potencial de los Malbec de viejos viñedos en Luján de Cuyo.

Hobbs colaboró inicialmente con Bodega Catena Zapata, contribuyendo a modernizar la producción de Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Malbec, lo que ayudó a posicionar los vinos argentinos en mercados como Estados Unidos. En 1998, fundó Viña Cobos en Perdriel, Luján de Cuyo, junto a los enólogos Andrea Marchiori y Luis Barraud, con el objetivo de elaborar vinos íconos de alta gama centrados en el terroir mendocino.

La bodega lanzó su primera cosecha con el Cobos Marchiori Malbec, que colocó a Argentina en el podio de vinos ultra premium globales, recibiendo puntuaciones perfectas como los 100 puntos de James Suckling en 2011 y posteriores añadas. En 2016, Molinos Río de la Plata (grupo Pérez Companc) adquirió el 50% de la propiedad por US$ 12,1 millones.

Esta asociación con Molinos Río de la Plata impulsó la expansión de la bodega, mientras Paul Hobbs conservaba el control absoluto sobre la enología. Hoy, Viña Cobos opera viñedos propios como Chañares en Valle de Uco y, en 2023, celebró sus 25 años.

Paul Hobbs y el impulso para convertir a Bulgaria en la próxima Argentina

Con la llegada de Paul Hobbs, “Argentina” dejó de ser solo una metáfora. Hobbs tiene una mirada que pone al viñedo en el centro y que, según Hayk, puede aplicarse en distintas regiones. "El enfoque de Paul es que el 98 % del proceso se realiza en el viñedo", dijo.

Paul Hobbs en su bodega argentina Viña Cobos
El enólogo Paul Hobbs en su finca Viña Cobos en Mendoza, Argentina (Foto: Sena Sebastián).

Hayk remarcó que la participación de Hobbs no se da por sentada. Aseguró que el enólogo es selectivo porque "para él, la colaboración es fundamental… con quién trabaja es fundamental", y que busca equipos dispuestos a implementar cambios, en vez de resistirse.

Una de las razones por las que Hobbs finalmente se decidió, sugiere Hayk, fue la fortaleza del equipo en el terreno, en especial Nina, gerente de Hayk en Bulgaria desde hace mucho tiempo. Hayk describe a Hobbs como alguien que se acerca a personas que combinan experiencia con humildad y curiosidad, y le atribuye a Nina —una veterana del sector— la disposición a cambiar su manera de trabajar a partir de la implementación de nuevas prácticas vitivinícolas. Puede parecer un detalle menor, pero para él es una señal importante: no se trata de una consultoría de paso, sino de una historia de cambios en el sistema.

Para Hayk, la colaboración también se sostiene en la confianza, por encima del ego. "Haremos lo que él diga, porque creo en su experiencia, creo en su conocimiento y veo los resultados", señaló.

Hayk y Hobbs
De izquierda a derecha: Robert Hayk, Paul Hobbs y la hija de Paul, Agustina, también enóloga (Foto: Robert Hayk).

"Paul se centra en la precisión, el equilibrio y la estructura: crea un vino que pueda destacar a nivel mundial", afirmó Hayk. Rough Day y Bulgariana ya funcionan como referencias instaladas; Hayk & Hobbs apunta a ser la botella que marque un antes y un después.

"Básicamente, intentamos crear una marca de entrada de primera calidad, que es Rough Day, y que es indiscutiblemente buena", explicó Hayk durante una videollamada internacional. "Puede competir fácilmente con los vinos californianos de US$ 25. La idea es ofrecer un valor extraordinario, pero con ello, ayudar a la gente a comprender que la región es capaz de mucho más", expresó.

El impulso inicial sugiere que la apuesta funciona. El Cabernet Sauvignon Rough Day 2021, disponible en Estados Unidos, recibió 92 puntos de Wine Enthusiast. Hayk lo describe como "limpio, con un marcado carácter del terroir, asequible y fiel a la esencia de la región".

Si la comparación con la “próxima Argentina” tiene sentido, será porque el vino es bueno y porque el sistema que hay detrás se puede replicar. dijo Hayk.

Hayk tiene claro qué significará el éxito en la práctica. "Cada botella apoya a familias que viven en pueblos que llevan 30 años prácticamente abandonados", expresó.

En definitiva, su planteo no es que Bulgaria necesite que la rescaten, sino una prueba lo suficientemente sólida como para cambiar las expectativas. Si la historia del vino argentino moderno fue el paso de un vino subestimado a otro con reconocimiento internacional, Hayk cree que Bulgaria puede seguir ese camino, con precisión en el viñedo y una motivación personal que va más allá de la botella.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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