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Cecilia Falconí y su mascota Quito - Ecuador
Lifestyle
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Cecilia Falconí ejerce desde 2020 el cargo de Managing Partner del estudio jurídico Falconí Puig. Tiene 24 años de experiencia profesional, que la ha ejercido principalmente en temas relacionados con la propiedad intelectual, asuntos regulatorios, competencia y asesoría legal. El estrés del día a día se acaba cuando llega a casa y sus mimadas, Cleo y Chiara, la reciben en la puerta.

06 Mayo de 2022 12.38

Manejar la firma y ejercer su profesión le significan horas de preparación y tensión. Es la encargada de alinear todas las áreas para cumplir con los objetivos del estudio de abogados Falconí Puig, que cuenta con más de 800 clientes activos, 26 profesionales y 353 corresponsales en el mundo. “En Ecuador, con más de 56.000 cuerpos legales, reformas constantes y adopción de nuevas leyes, es imposible dejar de estudiar y revisar diariamente las publicaciones del Registro Oficial para analizar los cambios introducidos a las normas legales”, comenta Falconí.

“Tengo que confesar que no era amante de los animales. Por mis hijos, tenía una mascota, pero no le dejaba pasar la puerta de la casa, vivía en el jardín porque me molestaba que fuera a ensuciar los muebles y alfombras. La verdad, no me interesaba ser su amiga, hasta que no sé qué pasó, empecé a sensibilizarme, a acariciarle, tomarle en cuenta y empezó a aflorar sentimientos que pensé que no existían. Esta mascota vivió con nosotros diez años. Y desde ahí no hubo otra.  

“Entonces vino la pandemia y decidimos irnos a una finca que la familia tiene en Amaguaña, me quedé varios meses, trabajaba en línea. Un día le pedí a Dios que me mandé un perro, que estaba lista para cuidarle y darle cariño. Al día siguiente salí a trotar. Al regresar, con sorpresa, veo una perrita al pie de mi ventana. Le llamé a Anita, la empleada, para que vaya donde los vecinos a preguntar si era de alguien. Fue casa por casa, pero no tenía dueño. Ahora estoy segura que Dios me la envió. 

Cecilia Falconí y su mascota Quito - Ecuador
Foto: Pavel Calahorrano

“La llevé al veterinario, la desparasitaron, bañaron y vacunaron. Días después, la esterilizamos. Le puse por nombre Cleo Thomas Puig (Thomas por el nombre de un tío). Ella es mi compañera inseparable, no me deja ni un momento sola, siempre está pendiente de mis movimientos y ahora no me importa que entre a la casa, se suba a los muebles. ¡Hasta duerme conmigo! Cleo significa un corazón enorme, una mirada llena de dulzura, un amor incondicional.

“Chiara, en cambio, es mi 'nieta'. Ella vivía en la propiedad, pero los cuidadores no le trataron bien. Estaba desnutrida, muy flaca, se alimentaba de aguacates y desperdicios, me dio un dolor encontrarla en ese estado. Decidimos traerla a Quito, nos tocó hacerle tres cirugías en una de sus patas por un problema en su tendón, hubo que ponerle un implante, ahora está bien. Mi hijo Matías es paramédico y le entrenó para seguridad, tiene su diploma. Pasa conmigo, porque Matías está en California. 

“Mi mamá me dice que ya no voy al pediatra, sino al veterinario. Son mi compañía, son una belleza, los fines de semana pasamos 24/7. Les encanta la fruta, sobre todo la papaya, el guineo y la manzana, entonces siempre pongo dos tenedores.

“Con Chiara salimos cuatro veces por semana a caminar, Cleo nos espera en la casa porque es demasiado fuerza para ella. Cuando hago yoga es un problema, Cleo se me sube encima, Chiara es más independiente. Cuando a Cleo le doy una galleta, salta y se para en dos patas, seguro en su otra vida trabajó en un circo (risas).

“Les encanta pasear en el auto, Chiara brinca automáticamente, mientras que a la pequeña hay que amarcarla, la siento junto a mí. En la noche comemos juntas, luego nos damos un momento en el jardín antes de irnos a la cama”. (I)

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