Oscars 2026: dónde ver la ceremonia en Argentina, a qué hora empieza y quiénes llegan como favoritos
Tim Lammer y Sabrina Reeds
Tim Lammer y Sabrina Reeds
La 97.ª edición de los Premios Oscars ya tiene todo listo para una noche que volverá a concentrar la atención de la industria del cine y de millones de espectadores en todo el mundo. La ceremonia se realizará este domingo en el Teatro Dolby en Ovation Hollywood, en Los Ángeles, con Conan O'Brien como conductor de una gala que llega con una disputa abierta en varias de las categorías principales.
La edición de este año tiene a Emilia Pérez al frente de las nominaciones con 13 candidaturas, una marca que la convirtió en el título con mayor peso previo en la carrera. Detrás aparecen películas con fuerte presencia en la temporada como Una completa desconocida, Añora, El Brutalista, Cónclave y Wicked, que forman parte del grupo de títulos más observados antes de la entrega.

Más allá de los premios, la ceremonia también expone un cambio de fondo en el negocio audiovisual. La noticia de que YouTube se quedó con los derechos globales exclusivos de los Oscars a partir de 2029 dejó en claro que la discusión por el futuro de las transmisiones ya no queda limitada a la televisión abierta y al cable. Esa novedad no altera la emisión de este año, pero sí instala una pregunta de peso sobre cómo se distribuirán los grandes eventos globales en los próximos años.
En América Latina, la ceremonia suele emitirse por TNT, señal que una vez más llevará la gala en vivo con comentarios, análisis y una cobertura especial centrada en la previa y en la entrega de las categorías más esperadas. A la vez, el evento podrá seguirse por HBO Max, la opción de streaming para quienes prefieren ver la ceremonia desde el celular, la computadora o una smart TV.
El horario en la Argentina será a las 21, mientras que la previa de la alfombra roja empezará alrededor de las 20. Ese tramo previo concentra buena parte del atractivo comercial y mediático de la jornada porque aporta exposición para estudios, diseñadores, marcas y figuras del espectáculo.
En Estados Unidos, la 97.ª edición arrancará a las 7 p. m. ET / 4 p. m. PT y se transmitirá por ABC-TV y, por primera vez, por Hulu. Según la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, la ceremonia se verá en vivo en más de 200 territorios, un alcance que sostiene el carácter global de una premiación que, pese a los cambios de consumo, conserva una escala difícil de igualar.

Ese esquema de distribución muestra cómo conviven dos lógicas. Por un lado, la televisión tradicional todavía mantiene peso en los grandes eventos en vivo. Por otro, el streaming sumó protagonismo como canal de acceso para una audiencia que ya no depende de una sola pantalla. La ceremonia de este año vuelve a reflejar esa transición.
La película que llegó con mayor impulso cuantitativo a los Oscars 2026 fue Emilia Pérez, el drama musical criminal que reunió 13 nominaciones antes de la ceremonia. Esa cifra la dejó al frente de la temporada y la empujó al centro de una conversación que combinó impacto artístico, repercusión mediática y atención industrial.
En la categoría de Mejor Película, Emilia Pérez competirá con A Complete Unknown, Anora, The Brutalist, Conclave, Dune: Part Two, I'm Still Here, Nickel Boys, The Substance y Wicked. El listado reúne producciones de perfiles muy distintos, algo que volvió más incierta la carrera final y amplió el interés de públicos diversos.
Dentro de ese lote, Una completa desconocida, Añora, El Brutalista, Cónclave y Wicked aparecen entre los nombres que más fuerza reunieron en la previa. Algunas llegaron con respaldo crítico, otras arrastraron buenos resultados en premios de la industria y otras lograron instalarse como favoritas en parte del circuito comercial. Esa mezcla dejó una categoría abierta, sin una única dominante.
La nómina también expone una variedad de géneros y escalas que la Academia buscó reflejar en esta edición. Hay cine de autor, propuestas más cercanas al gran espectáculo, historias con anclaje político o institucional y películas con fuerte peso actoral. Esa amplitud ayuda a sostener el interés sobre una ceremonia que necesita relevancia cultural además de prestigio.

La carrera previa dejó señales útiles para leer el mapa de favoritismos, aunque no alcanzó para cerrar la discusión. Anora ganó el premio a Mejor Película de 2024 en los Producers Guild Awards y en los Film Independent Spirit Awards, mientras que el Directors Guild of America distinguió a Sean Baker con su máximo galardón. Además, la película se quedó con el premio principal en los Critics Choice Awards.
Sin embargo, el tramo final sumó un giro importante. Cónclave dio el golpe en los premios del Sindicato de Actores al ganar el reconocimiento a la Mejor Actuación de Reparto. A eso agregó otro resultado fuerte: el premio a Mejor Película en los BAFTA. Esa combinación le dio nuevo impulso a una producción que llegó a la noche central con más volumen del que sugerían algunos pronósticos iniciales.
En la categoría de Mejor Actor, Adrien Brody, por The Brutalist, dominó buena parte de la temporada con victorias en los Globos de Oro, los CCA y los BAFTA. Pero la definición quedó abierta después de que Timothée Chalamet, estrella de A Complete Unknown, ganara en los SAG Awards. Ese resultado alteró una carrera que parecía encaminada.
Entre las actrices, Demi Moore acumuló los premios más pesados de la temporada, entre ellos los Globos de Oro en la categoría de película musical o comedia, los CCA y los SAG Awards. Aun así, Mikey Madison, de Añora, sorprendió en los BAFTA. En paralelo, Fernanda Torres ganó el Globo de Oro a Mejor Actriz de Drama por su papel en I'm Still Here, otro dato que reforzó la idea de una categoría con más de una candidata competitiva.
En los rubros de reparto, el escenario resultó mucho más estable. Kieran Culkin y Zoe Saldaña dominaron la temporada con triunfos en los Globos de Oro, CCA, BAFTA y SAG Awards, una secuencia que los dejó como los nombres más firmes en la previa de la gala.
La Academia confirmó una lista amplia de figuras para presentar premios durante la ceremonia. Entre los nombres anunciados figuran Dave Bautista, Harrison Ford, Gal Gadot, Andrew Garfield, Samuel L. Jackson, Margaret Qualley, Alba Rohrwacher, Zoe Saldaña y Rachel Zegler.
La nómina también incluye a Joe Alwyn, Halle Berry, Sterling K. Brown, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Ana de Armas, Lily-Rose Depp, Robert Downey Jr., Elle Fanning, Whoopi Goldberg, Selena Gomez, Goldie Hawn, Scarlett Johansson y John Lithgow.
A ese grupo se suman Cillian Murphy, Connie Nielsen, Amy Poehler, Da'Vine Joy Randolph, June Squibb, Ben Stiller, Emma Stone, Oprah Winfrey y Bowen Yang, parte de una estrategia habitual de la Academia para sostener el atractivo televisivo de la gala con una sucesión constante de figuras reconocidas por el público global.

En un escenario de audiencias más fragmentadas, el armado del show pesa tanto como la lista de ganadores. La ceremonia necesita ritmo, momentos de impacto y nombres con capacidad de generar repercusión más allá del cine. En ese punto, la elección de Conan O'Brien apunta a darle identidad a una edición que buscará combinar humor, dinámica y un tono clásico de Hollywood.
La alfombra roja volverá a ocupar un lugar clave dentro de la transmisión. Además de funcionar como antesala de la ceremonia, ese espacio concentra una parte importante del interés comercial del evento.
Ese tramo previo tiene valor propio porque amplía la ventana de exposición para marcas, estudios y celebridades. También multiplica contenido para televisión, sitios, redes sociales y plataformas de video. Fotos, comentarios, entrevistas y clips cortos circulan con rapidez y mantienen activa la conversación antes incluso de que se entregue la primera estatuilla.
Los Oscars conservan un valor singular dentro del calendario del entretenimiento porque forman parte del grupo reducido de eventos capaces de captar atención global en simultáneo. Esa capacidad explica por qué la transmisión sigue siendo relevante para señales tradicionales, plataformas digitales y anunciantes. La gala no representa solo una premiación: también funciona como un activo de visibilidad internacional para la industria del cine.
A eso se suma otro factor: el efecto posterior sobre las películas, los actores y los estudios. Una victoria fuerte en los Oscars puede renovar interés, extender conversación pública y reforzar la vida comercial de un título. Esa potencia explica por qué la carrera de premios mantiene peso en términos de negocio, incluso en una industria que cambió fuerte en los últimos años.

En paralelo a la expectativa por la ceremonia de este año, la industria ya tiene otro dato de enorme peso sobre la mesa: YouTube se quedó con los derechos globales exclusivos de los Oscars a partir de 2029. La decisión sacudió el tablero porque marca un cambio profundo en la forma en que Hollywood distribuirá su evento más emblemático.
El acuerdo también tiene una carga simbólica fuerte. Los Oscars se televisaron por primera vez en 1953 por NBC, en la 25.ª ceremonia. Con la alianza con YouTube, la última emisión en televisión abierta será la 100.ª ceremonia. Ese número no funciona solo como una efeméride: marca el cierre de una era de 75 años de vínculo directo entre los premios de la Academia y la lógica de la TV tradicional.
Para YouTube, el movimiento representa una victoria de escala global. La plataforma llega a más de 2.000 millones de espectadores en todo el mundo, algo que amplía de forma drástica el potencial de acceso a la ceremonia. Esa red internacional permite imaginar una distribución mucho más amplia, gratuita y menos condicionada por fronteras nacionales o acuerdos regionales.
La novedad también deja una lectura más amplia sobre el consumo audiovisual. La posibilidad de que los Oscars estén disponibles en una plataforma abierta y masiva, con subtítulos y pistas de audio en distintos idiomas, fortalece la idea de un evento menos atado a la televisión estadounidense y más conectado con una audiencia global. En otras palabras, Hollywood empieza a aceptar que su noche más importante ya no depende de una sola pantalla ni de un solo mercado.
Ese cambio implica una ganancia para la audiencia internacional, pero al mismo tiempo abre una discusión incómoda para las emisoras tradicionales y para quienes todavía asocian los grandes eventos a la televisión abierta. Lo que aparece en juego no es solo el canal por el que se verá la ceremonia dentro de algunos años, sino también el control sobre el acceso a uno de los productos culturales con mayor visibilidad del planeta.
*Estos artículos fueron publicado originalmente por Forbes.com