Sbarro: Dónde queda el local porteño, y el más grande del mundo, que la icónica pizzería neoyorquina abrió en la Argentina
Hace poco más de una semana, inauguró en el Abasto Shopping el cuarto local de la marca, como parte de un plan de expansión que proyecta la apertura de 35 salones en todo el país; la inversión en una franquicia parte desde los 120.000 dólares.

El primer local abrió en pandemia. Y no fue una apertura más, porque la marquesina que ocupa la marca Sbarro en un espacio ubicado a metros del Obelisco porteño, es el más grande que la icónica franquicia de pizzas neoyorquina tiene en todo el mundo. Así aterrizó Sbarro en la Argentina, hace ya más de dos años. Hace unos dìas, la marca inauguró su cuarto local en el país, en el Abasto Shopping, y al mismo tiempo siguen de cerca la obra en Martínez, donde las famosas pizzas XXL se despacharán en la entrada del patio de comidas del centro comercial Unicenter.

Sbarro anunció su llegada al país para romper con una racha de 14 años en los que ninguna cadena norteamericana elegía a la Argentina para instalarse. Lo hizo, además, de la mano de una empresa local, ya que la franquicia de Sbarro pertenece a Desarrolladora Gastronómica, el mismo grupo que también es propietario de las cadenas Kentucky, Dandy y la reciente Chicken Chill, insignia del pollo crispy y un menú más saludable, que desembarcó el año pasado con su primer local en el centro porteño, sobre la avenida Corrientes.

 

“La marca fue muy bien recibida, con un local emblemático y un plan de expansión que se sostiene. El 1° de diciembre pasado abrimos un Sbarro en Galerías Pacífico, hace un mes en el Alto Rosario y hace apenas una semana, en el Abasto -repasa Francisco Bazán, director de expansión del Grupo DG-. En breve estará listo el local de Unicenter y seguimos hablando para concretar otras ubicaciones en distintos shoppings del país”. Esto implica, según la proyección estimada y bajo una modalidad de aperturas escalonadas -que serán repartidas entre locales propios y franquicias- de un total de 35 salones en todo el país. 


Doblar la porción al medio antes del primer bocado


Las icónicas pizzas de Sbarro responden a un clásico neoyorquino, con los sabores de Pepperoni y Napolitana como los más representativos. La medida es XXL, y precisamente por su tamaño y consistencia, el gesto típico del comensal antes de dar el primer bocado es el de doblar la porción al medio. Además, es habitual que la gente las consuma al paso, como un menú rápido de mediodía en medio de la jornada laboral.  

Hasta el momento, existen tres formatos de locales, que arrancan desde los cien metros cuadrados para un negocio más exprés y al paso; medianos con un salón pensado para los barrios donde la densidad de población no es tan alta y los más grandes, como el que está sobre la avenida Corrientes y metros del Obelisco, que tienen una superficie de alrededor de 500 metros cuadrados. “El de Sbarro es un modelo de negocio muy eficiente. Las pizzas se preparan en el momento y la materia prima es fresca y de calidad. El sistema de autoservicio es fácil y rápido para comer en el local o para seguir viaje y resolver con un menú rápido mientras vas de un lugar a otro”, grafica Bazán, y agrega que la inversión inicial de una franquicia parte desde los 120.000 dólares.

 

Carmen y Gennaro y sus hijos

Carmen y Gennaro Sbarro, fallecido en 1984, emigraron de Nápoles a Brooklyn en 1956. Llegaron a Estados Unidos con una valija y sus tres hijos. La señora Sbarro trabajaba cosiendo ropa para muñecas, mientras que Gennaro y sus dos hijos mayores encontraron trabajo en otras tiendas italianas. Todo lo que podían lo ahorraban para un fin que ya tenían en mente: abrir su propia charcutería. 

Finalmente, la tienda de comestibles con productos típicos, fiambres, chacinados y quesos de la gastronomía italiana abrió en la esquina de 65th Street and 17th Avenue en el barrio de Bensonhurst, Brooklyn, y la marca creó una identidad propia y una versión italo americana de la tradicional pizza napolitana. 

El primer local de la marca abrió en el centro comercial Kings Plaza de Nueva York, que impuso la evolución de la compañía a un nuevo modelo de negocio de comida rápida italiana para llevar. Con el impulso de los hijos, y gracias al éxito de propuesta de formato al paso, la marca se extendió hacia el resto del país. 

Después de que la única tienda se convirtiera en una cadena, sus hijos se marcharon de Brooklyn para dirigir la empresa, pero Carmela Sbarro se negó a abandonar su local en Bensonhurst.

Cuando los Sbarro abrieron restaurantes por toda la zona de Nueva York y luego en centros comerciales de todo el país, Carmela supervisó de manera personal la producción de más de 1000 tartas de queso para los nuevos restaurantes cada semana.

A medida que Sbarro se multiplicaba, dicen que era Carmen la que presionaba para mantener los estándares de calidad. Cuando la empresa creció demasiado como para que ella pudiera seguir haciendo todas las tartas de queso, uno de sus hijos, Joseph Sbarro tuvo que convencerla para que aceptara un nuevo proveedor. Su madre le hizo jurar que ni la receta ni la calidad cambiarían, y así fue. 

En su círculo más íntimo recuerdan que, ya con 70 años, Carmen seguía trabajando, y que se enorgullecía de vender más que sus empleados más jóvenes. Jubilarse, por supuesto, no era una palabra que estuviera en su discurso. Otro de sus hijos, Joan Sbarro, recordó en una nota al diario New York Times “la lucha” de la familia para que Carmen aceptara dejar Brooklyn, donde había vivido y cocinado en la misma casa durante décadas. Hoy, Sbarro está presente en 26 países, cuenta con más de 1000 franquicias en el mundo y planea crecer a razón de 70 aperturas por año a nivel global. En América latina tiene locales en Perú, Colombia, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador y Paraguay. En 2019 desembarcó en Uruguay y Costa Rica; y en 2021 comenzó su proceso de expansión a nivel local.  

 

El más grande del mundo

Carmen Sbarro murió a los 90 años, en julio de 2012, y seguramente nunca imaginó que el local más grande de la historia iba a desembarcar en la Argentina, uno de los países con mayor cantidad de inmigrantes italianos y una fuerte herencia de su cultura y su gastronomía.

En el local que está a pasos del Obelisco se realiza todo el proceso de amasado y producción, y entre sus sabores más distintivos están las pizzas de Peperoni y Napolitana, junto con los tradicionales strombolis con masa de pizza y rellenos varios o los bastones de pan saborizados, uno con ajo confitado y otro con pepperoni, acompañado de salsa ranchera, salsa de tomate y una opción picante, típicos de la cocina italoamericana.