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Abelardo Nichols y sus mascotas
Lifestyle
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Las mascotas se han convertido en parte importante de su familia. Abelardo Nicholls vive a tope con cada una de ellas. Pese a que no era un fan de los animales, aprendió a quererlos.

14 Abril de 2022 14.29

Abelardo Nicholls maneja Delltex, la primera empresa fundada por el grupo DK en el Ecuador, hace 60 años. El negocio está principalmente dirigido a la producción de hilo acrílico y cobijas, especialmente la 'cinco tigres'. Estos productos se exportan a Colombia y Chile. Para el 2025, aspiran que las ventas superen los US$ 20 millones. 

Tiene tres perros y dos gatos, entre todos, le rompen los esquemas.

“La decana de la familia es Eli, una salchicha que llegó a nuestra casa hace 13 años, ella es la que nos pone en orden a todos por su carácter firme. Pese a su diminuto tamaño, no mide las consecuencias con los otros integrantes de la familia. Mi esposa Connie me enseñó a amar a los animales, ella debió ser en su anterior vida un perro o un gato, porque no puede ver un animal abandonado y, lamentablemente, hoy abundan en cada esquina. Arturo y los gatos Ernesto y Pipo llegaron así a nuestras vidas, cada uno con su propio carácter e historia. Ahora ellos, junto a Eli y Dalí llenan el nido vacío dejado por Martín, nuestro hijo de 27 años, quien se encuentra estudiando una maestría en el exterior.

“Mis mañanas, luego de un beso de mi esposa, empiezan con un abrazo cariñoso de Arturo, recogido de la calle hace un año. Enseguida viene la acción con Dalí, un dálmata de cuatro años, que no puede quedarse ni un minuto quieto. Es hiperactivo, todo un atleta, si no jugamos, no para de molestar, tiene su juguete y le encanta que le lancemos lo mas lejos posible para ir a recogerlo. Después de media hora, él sigue con la misma energía y yo agotado. Él es el tercer dálmata que tenemos en la familia, su nombre, lo puso mi hijo en honor al pintor español. 

“Arturo es el polo opuesto a Dalí, es todo amor, dulzura y ternura. Aquí, entre nos, es mi mimado. Apareció hace un poco más de un año en el terreno contiguo, se alimentaba de aguacates y de las sobras que encontraba. Un día me dije 'esto no es justo', hablé con Connie y decidimos darle un cambio de vida. Poco a poco me fui acercando, le llevaba comida, me tomó tiempo haceme amigo, que confiara, que no le ibamos hacer daño. Ahora puedo asegurar que el adoptado no es él, sino yo. 

“No me desampara, no me deja ni un solo instante, siempre está pendiente de lo que hago, es mi sombra, es lo más amoroso del mundo. Le pusimos Arturo, en homenaje al perro callejero adoptado por el equipo sueco que participó en el Huairasinchi en Ecuador en 2014. Arturo siempre me despide en la puerta cuando salgo a trabajar en las mañanas y en la tarde es el primero en estar en la puerta para recibirme, pese a que nunca llego a la misma hora, creo que escucha a lo lejos el motor del carro.

“Los animales nos han enseñado lo importante que es el respeto hacia los demás. Por ejemplo, Ernesto, el gato, llegó hace cinco años a la casa y decidió nunca más irse. Le encanta estar en los árboles del jardín y por suerte no nos ha dañado ni un mueble. Poco a poco ha aprendido a manejar la relación con la jefa Eli, con ella mantiene su distancia y la respeta, con Arturo no tiene problema y con Dalí se han hecho amigos y a veces les encontramos durmiendo juntos en la misma cama. Cuando le doy de comer a Ernesto me pide que le haga masajes, aunque él es hecho el indiferente e independiente.

Abelardo Nichols y sus mascotas
Abelardo Nichols con su gato Pipo. Foto: Pavel Calahorrano

“Ahora estamos en el trabajo de introducir a Pipo, tiene 15 días de llegado a la casa. Es todo un terremoto, Connie no puede quitarle el ojo de encima porque se sube a los muebles, a las mesas, bota los adornos. Es todavía un bebé, nuestro último hijo. Cuando Martín regrese se encontrará con nuevos hermanitos. Siempre pensamos que como hijo único era importante que tenga animales a su alrededor para que aprenda a respetarlos y compartir.

“Esta manada nos transmite paz, alegría, en mi caso me aleja del estrés del día a día, me olvido de los problemas de la oficina. Estamos muy comprometidos, hay una interdependencia total con ellos, siempre estamos preocupados y pendientes, nuestros paseos no son muy largos en tiempo por nuestros animales. Tengo 64 años y hemos decidido que con Pipo cerramos la fábrica”. (I)

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