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La compañía que conduce fue valuada en US$ 500.000 millones.
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La compañía que conduce fue valuada en US$ 500.000 millones.
Foto: Steve Jurvetson, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Sam Altman, el hombre que llevó la IA al consumo, ahora quiere construir su base industrial

Nicolás Della Vecchia

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Con apuestas en energía, centros de datos, ciencia, robótica e identidad digital, el creador de OpenAI busca ocupar un lugar central en la infraestructura capaz de sostener la próxima etapa de la inteligencia artificial.

22 Abril de 2026 05.00

Sam Altman cumple 41 años en un momento de fuerte centralidad dentro del negocio tecnológico. El ejecutivo que impulsó la llegada de la inteligencia artificial al consumo masivo con ChatGPT ahora concentra su apuesta en otra escala. Su interés apunta a levantar la infraestructura capaz de sostener la próxima etapa de la IA, con una agenda que cruza energía, centros de datos, identidad digital, automatización científica y, más adelante, robots.

Ese desplazamiento marca el rasgo más claro de su presente. La discusión sobre Altman todavía queda atada al chatbot que llevó esta tecnología al gran público, pero su proyecto actual va bastante más lejos. Busca ocupar un lugar en las capas que podrían definir el próximo salto del sector, justo cuando la carrera por la IA también empezó a jugarse en el terreno de la escala material.

La magnitud de esa posición también se refleja en los números. La compañía que conduce cerró su ronda de financiamiento más reciente con US$ 122.000 millones en capital comprometido y una valuación post-money de US$ 852.000 millones. A la vez, ChatGPT quedó a las puertas de los 1.000 millones de usuarios activos semanales y OpenAI ya genera US$ 2.000 millones por mes:

En paralelo, Altman figura en el puesto 1242 entre las mayores fortunas del mundo (dato actualizado al día 21 de abril) dentro de la lista de Forbes, con una fortuna de US$ 3.400 millones.

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Sam Altman, creador de ChatGPT, cumple hoy 41 años en un momento de fuerte centralidad dentro del negocio tecnológico. (Foto: Pexels)

La escala que quiere darle a OpenAI

Durante el último año, el nombre de Altman quedó asociado a cuatro frentes que ayudan a entender ese movimiento. El primero fue la expansión industrial de OpenAI, ligada a Stargate, el megaproyecto de centros de datos y energía para IA junto a SoftBank, Oracle y MGX

Ese dato da una pista concreta sobre el tablero que tiene en mente. La carrera del sector depende de modelos más sofisticados y de una mayor adopción, pero además exige inversiones gigantescas en infraestructura física.

Ahí aparece una de las claves de esta etapa. Altman impulsa una idea de empresa que supera ampliamente a una firma de software convencional. Su interés apunta a los sistemas de base que, posteriormente, permiten que los productos lleguen al mercado, crezcan y sostengan su operación. 

En el negocio de la IA, esa base pesa cada vez más porque la competencia exige recursos materiales a una escala que el sector tecnológico no conocía hasta hace poco.

Centro de datos - SE PUEDE USAR - (Foto: Cloudwatt, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons)
La agenda que cruza energía, centros de datos, identidad digital, automatización científica y, más adelante, robots. (Foto: Cloudwatt, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons)

Ese desplazamiento también explica cómo quedó planteada su figura en la industria. Durante un tiempo, logró describirlo como el hombre detrás del chatbot más famoso del mundo. Esa definición hoy queda corta. Su agenda quedó asociada a una discusión más amplia sobre quién va a construir la infraestructura de la nueva economía de la IA y quién va a tener capacidad para ordenarla.

La ciencia como uno de los próximos territorios

El segundo frente fue el avance de la IA como herramienta de investigación autónoma. Altman habló del trabajo sobre un "AI scientist", un sistema con capacidad para generar innovación por su cuenta y, con el tiempo, conectarse con laboratorios para validar descubrimientos. La idea lleva la frontera de la inteligencia artificial hacia un terreno mucho más exigente que el del asistente conversacional.

El interés detrás de ese proyecto muestra con bastante claridad cómo imagina el próximo salto. La apuesta busca acelerar la producción de conocimiento y acortar los tiempos de investigación en áreas donde los ciclos suelen ser largos, costosos y complejos. Bajo esa lógica, la IA podría ganar un lugar en procesos científicos de alto impacto, sobre todo en salud y en el desarrollo tecnológico.

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Altman busca acelerar la búsqueda de conocimiento a través del uso de inteligencia artificial. (Foto: Pexels)

Ese punto también dialoga con otras decisiones de su cartera. Altman parece mirar la inteligencia artificial como una forma de ampliar la capacidad de descubrimiento y como una herramienta capaz de multiplicar la productividad intelectual. En ese caso, el atractivo pasa menos por la visibilidad pública del producto y más por el potencial para alterar la velocidad con la que se produce la innovación.

Robots, depósitos y centros de datos

El tercer frente fue la robótica. Altman adelantó que OpenAI arma un equipo para desarrollar robots de propósito general, con una primera etapa enfocada en centros de datos y depósitos. Recién después podría abrirse una fase orientada al consumo. Esa secuencia dice bastante sobre el tipo de avance que imagina.

Los depósitos y los centros de datos aparecen como ámbitos en los que la automatización física puede medirse mediante parámetros operativos claros. Son espacios cerrados, con tareas repetitivas y métricas vinculadas a tiempos, eficiencia y costos. Por eso, el desarrollo de robots encaja dentro de una lógica industrial mucho más que en una búsqueda de impacto mediático.

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Para el creador de OpenAI, la robótica formará una parte importante en la industria de los centros de datos. (Foto: Pexels)

El proyecto también completa la visión más amplia de Altman. Ese salto amplía el alcance de la compañía y vuelve todavía más visible su interés por construir un sistema integrado.

El avance sobre áreas del Estado

El cuarto frente fue la expansión hacia las estructuras estatales. OpenAI avanzó con acuerdos para desplegar modelos en redes clasificadas del Departamento de Defensa de Estados Unidos y mantuvo conversaciones con la OTAN sobre redes no clasificadas. Ese paso elevó la proyección de la empresa y la llevó a un terreno donde la discusión tecnológica se mezcla con defensa e infraestructura sensible.

La señal resulta fuerte porque evidencia un cambio de escala tanto en el tipo de interlocutores como en las funciones que podría asumir la compañía. En esos ámbitos, también pesan la confiabilidad, la capacidad de despliegue y el lugar que puede ocupar dentro de sistemas de alta sensibilidad institucional.

Para Altman, esa expansión encaja con la idea de convertir OpenAI en una plataforma con capacidad intelectual e infraestructura. La empresa busca ganar un espacio más estable y profundo dentro de la arquitectura tecnológica contemporánea. Ese parece ser, hoy, el centro de su ambición.

Donald Trump - SE PUEDE USAR - (Foto: Shealeah Craighead, Public domain, via Wikimedia Commons)
OpenAI llegó a un acuerdo con el Departamento de Defensa de Estados Unidos para proveerle su tecnología.  (Foto: Shealeah Craighead, Public domain, via Wikimedia Commons)

Las inversiones que muestran dónde ve el cuello de botella

Su cartera personal también deja una señal muy clara sobre cómo lee el negocio. En energía, aparecen Helion y Oklo como apuestas centrales. La razón es bastante clara. A mayor despliegue de IA, mayor la demanda de electricidad. Una compañía trabaja en la promesa de la fusión y la otra apuesta por reactores modulares de fisión. En ambos casos, el foco se centra en un límite material al crecimiento.

Ese cruce entre las inversiones personales y la expansión industrial produjo movimientos concretos. En marzo de 2026, Altman dejó el directorio de Helion mientras OpenAI exploraba comprarle electricidad a gran escala. En abril de 2025 también dejó la presidencia de Oklo. Las dos salidas mostraron hasta qué punto sus apuestas energéticas quedaron muy cerca de las necesidades operativas del negocio.

Otra inversión fuerte se observa en la identidad digital y la verificación humana. Altman cofundó Tools for Humanity, la firma detrás de World, con la premisa de que una internet saturada de agentes automáticos y deepfakes necesitará mecanismos para comprobar la humanidad. Dentro de esa línea, incluso se planteó la posibilidad de una red social biométrica para combatir bots.

La lógica vuelve a ser la misma. Altman intenta ocupar posiciones en sistemas que, según su mirada, podrían ganar valor estructural a medida que avance la IA. En su esquema, la tecnología obliga a resolver problemas de legitimidad.

Sam Altman - SE PUEDE USAR - (Foto: TechCrunch, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons)
La discusión sobre Altman todavía queda atada al chatbot que llevó esta tecnología al gran público, pero su proyecto actual va bastante más lejos. (Foto: TechCrunch, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons)

La tercera pata de ese mapa está en la biotecnología. Ahí figura como inversor en Formation Bio, una startup de Nueva York que utiliza IA para acelerar ensayos clínicos. También siguen presentes Retro Biosciences y Merge Labs. La conexión con el resto de su agenda resulta bastante visible. La inteligencia artificial aparece como una vía para reducir los tiempos de descubrimiento y ampliar la capacidad de investigación científica.

La pelea con Musk y la presión regulatoria

Ese despliegue convivió con conflictos importantes. El más visible fue el enfrentamiento con Elon Musk, una disputa que sumó un plano judicial y otro comercial. La pelea involucra la estructura de OpenAI, pero además expone una batalla por el relato y por el control de la próxima etapa de la IA. Esa discusión vale mucho más que una diferencia entre dos nombres conocidos.

Otro frente de tensión surgió entre reguladores y actores cívicos de Estados Unidos debido a la organización interna de la compañía. OpenAI dio marcha atrás con el plan que reducía el control de la entidad sin fines de lucro y decidió seguir bajo su supervisión, mientras que el brazo comercial pasará a ser una public benefit corporation. El cambio dejó a la vista que el crecimiento exige enormes cantidades de capital y, al mismo tiempo, que la empresa conserve una misión pública en su identidad formal.

La expansión hacia energía, infraestructura, defensa y automatización científica empuja la necesidad de financiamiento a una escala enorme. Por eso, la presión sobre la estructura de gobierno aparece como una consecuencia directa de la ambición que Altman intenta desplegar.

Elon Musk - SE PUEDE USAR - (Foto: La Real Sociedad, CC BY-SA 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0>, via Wikimedia Commons)
Elon Musk es el principal competidor de Altman en la carrera de la IA. (Foto: La Real Sociedad, CC BY-SA 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0>, via Wikimedia Commons)

La hoja de ruta para 2026 y 2027

Para lo que queda de 2026 y para 2027, la dirección parece bastante definida. Más infraestructura, mayor disponibilidad de energía, mayor capacidad en centros de datos, automatización científica y robots operando en el mundo real. La fórmula que resume esa visión concibe dos ideas muy claras. Por un lado, la abundancia de inteligencia; por otro, la abundancia de energía.

Nada garantiza que vaya a recorrer ese camino sin tropiezos. El último año dejó litigios, presión regulatoria, ruido político, dudas por conflictos de interés y costos materiales enormes. Aun así, la foto del día de su cumpleaños permite una definición bastante precisa.

Sam Altman llega a los 41 con un lugar central en la historia reciente de la IA, aunque su apuesta actual va mucho más allá del fenómeno ChatGPT. El empresario que abrió la puerta al consumo masivo ahora intenta construir la base industrial, energética, científica y biométrica de la siguiente etapa. En ese terreno se juega hoy una parte importante de su proyecto y de su futuro.

 *Imagen de portada: Steve Jurvetson, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons.

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