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Cómo impactará en las acciones la suba de tasas que resolvió la FED

Jim Osman

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Los bonos del Tesoro estadounidense ahora ofrecen un rendimiento cercano al 5%. En ese contexto, las empresas necesitan mostrar mejores perspectivas de crecimiento y balances más sólidos para sostener el atractivo de sus acciones.

20 Septiembre de 2026 08.00

La relación entre las tasas de interés altas y las acciones acaba de cambiar. La Reserva Federal de Estados Unidos subió las tasas de interés por primera vez desde 2023 y fijó su rango objetivo entre el 3,75% y el 4%. Ahora, buena parte de los inversores probablemente esté tratando de anticipar si se viene una nueva suba.

Para eso, analizarán el comunicado, las proyecciones económicas y cada matiz en las palabras de la Fed. Sin embargo, podrían estar mirando el número equivocado. Para el mercado accionario, la cifra que realmente importa es otra: el 5%. Ese es, aproximadamente, el rendimiento que hoy puede obtener un inversor con un bono del Tesoro estadounidense a 10 años. Cuando alternativas más seguras empiezan a competir seriamente con las acciones, los inversores se vuelven más exigentes y las empresas que dependían del financiamiento barato suelen ser las primeras en sentir el impacto.

Un rendimiento cercano al 5% no vuelve poco atractivas a las acciones, pero sí eleva considerablemente la vara para invertir en ellas.

¿Por qué las tasas altas obligan a las acciones a ser más atractivas?

Durante buena parte de los años posteriores a la crisis financiera de 2008, los inversores tuvieron pocas alternativas. Mantener el dinero en efectivo prácticamente no generaba rendimientos y los bonos pagaban muy poco, por lo que una gran cantidad de capital siguió fluyendo hacia las acciones.

En algunos casos, las empresas justificaban ese interés. En muchos otros, no. Cuando casi todas las alternativas relativamente seguras ofrecen retornos insignificantes, es más fácil aceptar valuaciones elevadas. También se toleran mejor las empresas cuyas ganancias importantes recién se esperan dentro de varios años y los equipos directivos que piden ser evaluados por resultados todavía lejanos.

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Durante años, las bajas tasas empujaron capital hacia las acciones y ayudaron a sostener valuaciones cada vez más exigentes. (Foto: Pexels) 

Ahora el escenario es distinto. Un inversor puede considerar que una acción está demasiado cara y obtener un rendimiento cercano al 5% con alternativas de menor riesgo mientras espera una oportunidad más conveniente. Ya no existe la misma presión por subirse a la última tendencia ni por justificar valuaciones exigentes únicamente porque una empresa opera en un sector con perspectivas de crecimiento.

Antes, esperar tenía un costo. Hoy, esa espera puede generar rendimientos. Por eso, las empresas necesitan ofrecer razones más sólidas para convencer a los inversores de asumir un riesgo mayor. Una buena historia de crecimiento ya no alcanza, sobre todo cuando el precio de la acción ya incorpora buena parte de ese crecimiento futuro.

La incómoda comparación con el 5%

El S&P 500 cotiza a alrededor de 19 veces las ganancias esperadas, lo que implica un rendimiento de las ganancias cercano al 5,3%. Este indicador, conocido como earnings yield, muestra cuánto representan las ganancias de las empresas en relación con el precio de sus acciones.

No conviene compararlo automáticamente con el rendimiento de un bono del Tesoro estadounidense. Un bono ofrece una tasa de retorno relativamente previsible si se mantiene hasta el vencimiento. En cambio, una buena empresa puede aumentar sus ganancias e incrementar considerablemente su valor con el tiempo.

Invertir en una compañía, sin embargo, conlleva otros riesgos. Puede recortar sus previsiones de ganancias, pagar demasiado por una adquisición o descubrir que su ventaja frente a los competidores era menor de lo que su dirección aseguraba. Con las valuaciones actuales, buena parte del retorno adicional que ofrecen las acciones deberá provenir del crecimiento futuro de las empresas. El desafío es que los precios ya incorporan expectativas elevadas sobre cuánto podrán crecer.

NYSE, Wall Street, Mercado, acciones (SE PUEDE USAR) Wikimedia Commons - Foto: Scott Beale, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons
Una buena empresa no siempre es una buena inversión si el mercado ya incorporó expectativas demasiado optimistas en su precio. (Foto: Scott Beale vía Wikimedia Commons)

Ahí aparece una distinción que los inversores no siempre hacen. Admirar una empresa no significa necesariamente que su acción sea una buena inversión a cualquier precio. Vi a grandes compañías generar retornos decepcionantes para sus accionistas simplemente porque el mercado había pagado demasiado por ellas tras sus primeros éxitos. La facturación creció, las ganancias aumentaron y, aun así, la cotización cayó. No hubo ningún misterio. La empresa siguió funcionando bien, pero su valuación se ajustó a niveles más razonables.

Las tasas altas vuelven este cálculo aún más exigente porque reducen el valor actual de las ganancias que una empresa espera obtener en el futuro. Eso no significa que invertir en compañías de crecimiento haya dejado de tener sentido. 

Una empresa capaz de aumentar su flujo de caja de manera sostenida durante muchos años todavía puede ofrecer un retorno superior al de un bono con una tasa fija. Pero el precio tiene que contemplar también que la dirección puede incumplir las expectativas en algún trimestre, que puede aparecer un nuevo competidor o que los clientes pueden perder interés. Con determinadas valuaciones, una buena ejecución ya no basta. Tiene que salir todo bien prácticamente.

Las tasas de interés más altas dejan al descubierto los balances débiles

Las tasas más altas también pueden evidenciar problemas que durante años quedaron disimulados por el acceso a financiamiento barato. Una empresa podía endeudarse al 3%, comprar otra compañía y presentar el aumento posterior de sus ganancias como señal de crecimiento. También podía financiar con deuda la recompra de sus propias acciones o pagar dividendos, incluso cuando el desempeño del negocio ya no lo justificaba.

Mientras refinanciar esas obligaciones siguiera siendo barato, esas decisiones podían pasar relativamente inadvertidas. El panorama cambia cuando la deuda debe renovarse a una tasa del 7%. La empresa todavía puede mostrar un aumento de sus ingresos, pero una proporción mayor del efectivo deberá destinarse al pago de intereses y otras obligaciones financieras. Eso deja menos recursos para reinvertir y reduce el margen de maniobra si el negocio se debilita.

Acciones (Foto: Pexels) - Foto: Pexels
El costo de la deuda gana peso cuando suben las tasas y obliga a mirar con más atención la solidez financiera de cada empresa. (Foto: Pexels)

Así, una acción que parece barata cuando se mira únicamente su nivel de ganancias puede ser mucho más cara si los intereses absorben una parte importante de su flujo de caja libre. Por eso, mi análisis empieza por el riesgo. Antes de concentrarme en cuánto podría llegar a ganar una empresa, quiero entender qué factores pueden deteriorar su valor mientras espero.

Los inversores que buscan acciones que paguen dividendos se enfrentan a una decisión similar. Un rendimiento del 3,5% podía resultar atractivo cuando los bonos del Tesoro estadounidense pagaban apenas un 1%. Pero si esos títulos ofrecen cerca del 5%, la acción necesita ofrecer algo más para justificar el riesgo adicional.

El dividendo podría crecer lo suficiente como para volver atractiva la inversión, aunque eso no debería darse por sentado. Los inversores necesitan entender qué sustenta esos pagos, qué nivel de deuda enfrenta la compañía y si la dirección preserva el dividendo porque es financieramente sostenible o simplemente porque recortarlo enviaría una señal negativa al mercado.

No estoy anticipando un derrumbe de la bolsa. El punto es otro. En este contexto, puede ampliarse la brecha entre las empresas con fundamentos sólidos y las que presentan mayores dificultades.

Llegó el momento de los "catalizadores"

Este contexto también debería favorecer a los inversores que buscan empresas en las que exista algún acontecimiento concreto capaz de modificar la percepción del mercado. En el mundo financiero, estos hechos suelen denominarse catalizadores.

Toma macro detallada del sello del Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos en moneda papel.
En un mercado más exigente, identificar qué puede cambiar la percepción sobre una acción se vuelve una parte central del análisis. (Foto: Pexels)

Cuando analizo una acción en The Edge, no me basta con comprobar que está barata. También quiero saber qué podría hacer que el resto del mercado cambiara su valoración sobre esa compañía. Ese catalizador podría ser una escisión, es decir, la separación de una empresa o unidad de negocios en una compañía independiente, que permita valorar por separado dos actividades que el mercado tenía dificultades para analizar en conjunto.

Las compras de acciones realizadas por los propios directivos pueden constituir otra señal importante, sobre todo cuando los ejecutivos invierten una cantidad significativa de su propio dinero. No es lo mismo que recibir acciones como parte de su remuneración. En el primer caso, están poniendo en juego su capital personal porque consideran atractiva la inversión.

Una acción barata, si no existe un catalizador que impulse una reevaluación, puede seguir barata durante años. Cuando las alternativas prácticamente no ofrecían rendimiento, esa espera resultaba frustrante. Con los bonos del Tesoro estadounidense cerca del 5%, además, tiene un costo de oportunidad mucho mayor.

La Reserva Federal de EE.UU. acaba de subir las tasas de interés en un cuarto de punto porcentual, pero el cambio más importante ya se produjo. Los inversores volvieron a contar con una alternativa atractiva.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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