El largo mercado alcista de las acciones dejó a los estadounidenses más ricos ante un problema impositivo difícil de resolver: acumulan demasiadas ganancias de inversión y tienen muy pocas pérdidas para compensarlas. Con los principales índices bursátiles cada vez más arriba, mientras fundadores y primeros empleados de empresas tecnológicas amasan fortunas concentradas en unas pocas acciones, se volvió cada vez más difícil para los ricos identificar inversiones que puedan utilizar para compensar sus ganancias de capital.
Pero una estrategia que ganó terreno para resolver ese problema se convirtió en una de las grandes apuestas de la industria financiera, con fondos de cobertura de Wall Street que diseñan estos productos y asesores independientes que los promocionan entre sus clientes.
En la llamada estrategia long-short con gestión fiscal, el inversor usa apalancamiento, es decir, capital prestado, para ampliar su exposición y realiza cientos o incluso miles de apuestas adicionales sobre acciones, algunas de las cuales compra y otras vende en corto. La venta en corto consiste en apostar a que una acción bajará. Para hacerlo, el inversor toma acciones prestadas, las vende y luego vuelve a comprarlas, idealmente a un precio más bajo.
La fórmula genera deliberadamente una cantidad significativa de pérdidas, tanto en las posiciones compradas como en las vendidas en corto. Esas pérdidas pueden utilizarse para compensar estratégicamente las ganancias obtenidas en otras inversiones, mientras que la mayor parte del dinero permanece invertida en un mercado bursátil que sigue en alza.
En la actualidad, los activos destinados a estrategias long-short con gestión fiscal se acercan rápidamente a los US$ 200.000 millones, frente a apenas unos pocos miles de millones de dólares cinco años atrás.
AQR Capital Management, con sede en Greenwich, Connecticut, administra unos US$ 260.000 millones y cuenta con alrededor de 1.000 empleados entre su fondo de cobertura y su negocio de gestión de activos. La firma es reconocida como una de las pioneras de esta estrategia. Su éxito impulsó a grandes competidores de primera línea, entre ellos gigantes de la gestión de inversiones como BlackRock, Nuveen y Franklin Templeton, así como fondos cuantitativos como Two Sigma y WorldQuant. Todos lanzaron recientemente productos similares en esta categoría o están analizando hacerlo.
Sin embargo, el principal rival de AQR es una firma de Nueva York poco conocida llamada Quantinno Capital Management. Su fundador, Hoon Kim, un doctor en contabilidad de 57 años, incluso participó en la creación de uno de los primeros fondos long-short de AQR durante los 12 años que trabajó en la compañía.
En marzo de 2026, Quantinno informó activos por US$ 48.400 millones distribuidos entre 10.600 cuentas individuales, frente a menos de US$ 300 millones cinco años antes, según su sitio web y documentos públicos. Esa cifra de activos netos desapareció después de la página de Quantinno, pero en menos de seis meses el patrimonio administrado saltó hasta cerca de US$ 70.000 millones, según un asesor patrimonial que conoce los números de la firma. "Yo calificaría su éxito como extraordinario. En realidad, nunca vi algo así", aseguró Brent Sullivan, analista impositivo y fundador del blog Tax Alpha Insider.

En marzo, Sullivan calculó que las cuentas administradas por separado (SMA por sus siglas en inglés), dedicadas a estrategias long-short con gestión fiscal, reunían unos US$ 150.000 millones en activos netos. Las SMA son carteras gestionadas de manera individual para cada cliente, a diferencia de un fondo tradicional en el que muchos inversores comparten la misma cartera.

Ahora estima que esa cifra ronda los US$ 170.000 millones entre los cuatro principales jugadores, con AQR y Quantinno a la cabeza, seguidos por Gotham Funds y Aperio, la firma de BlackRock, mientras que los competidores más chicos buscan sumarse a este negocio. Sin embargo, Quantinno y AQR protagonizan, en la práctica, una carrera por el liderazgo del mercado, con cerca de US$ 70.000 millones cada uno en esta estrategia. "Son, por lejos, los más grandes", señaló Sullivan.
Kim rechazó dar una entrevista para esta nota, pero el origen del crecimiento explosivo de la firma es claro. Detrás de ese avance están los administradores de patrimonio, cuyos clientes buscan herramientas sofisticadas para reducir legalmente su carga impositiva tras las fuertes ganancias que dejó el boom bursátil.
De hecho, Kim lanzó Quantinno en 2018 como un fondo de cobertura long-short con gestión fiscal, pero poco después trasladó esa estrategia de inversión a las SMA, que constituyen uno de los principales productos para cientos de miles de asesores patrimoniales con clientes de alto patrimonio. A diferencia de los fondos comunes de inversión tradicionales o de los ETF, las SMA pueden adaptarse a las preferencias y objetivos particulares de cada inversor. Se estima que actualmente hay unos US$ 4 billones en cuentas administradas por separado destinadas a inversores minoristas.
"Podemos personalizar cómo se ve cada estrategia para cada cliente", dijo Kim durante una participación en el podcast Prime Alpha en 2021.
El ascenso meteórico de Quantinno llevó a Kim, un especialista en inversiones basado en modelos matemáticos y algoritmos, de muy bajo perfil mediático, al grupo de multimillonarios de Wall Street que construyeron su propia fortuna. Kim vive en una casa valuada en US$ 2 millones en Scarsdale, una localidad del condado de Westchester, en Nueva York. Su participación mayoritaria y de control en Quantinno vale hoy más de US$ 1.000 millones, según estimaciones de Forbes, y podría alcanzar una cifra bastante superior, dependiendo del precio que un eventual comprador esté dispuesto a pagar por la compañía.

"No hay un comparable que cotice en bolsa que iguale el crecimiento de Quantinno durante los últimos dos años", señaló Zach Milam, vicepresidente de la consultora Mercer Capital y especialista en valuación de administradoras de activos. “Este es un activo estratégico dentro de una de las categorías de productos de mayor expansión en la gestión patrimonial”, añadió.
La pregunta de US$ 1 billón para Quantinno, AQR y las firmas que intentan replicar su estrategia es cuánto tiempo más puede durar la fiesta. Fidelity y Schwab, dos de los mayores custodios financieros de Estados Unidos, comenzaron a imponer límites a las cuentas long-short por temor al impacto que un exceso de apalancamiento por parte de los inversores podría tener en sus propios balances. Los custodios son las entidades que mantienen los activos de los clientes y, en este caso, también les conceden préstamos de margen, es decir, crédito que permite invertir con dinero prestado.
Entre quienes comercializan estos productos, algunos asesores también empezaron a mostrar cautela ante la posibilidad de que la estrategia se venda de manera excesiva a inversores que no la comprenden o que, en realidad, no obtendrían ventajas con ella. Además, asumir grandes niveles de deuda para reinvertir ese dinero en acciones podría generar riesgos más amplios para el mercado bursátil.
"La estrategia no fue puesta a prueba durante una caída del mercado y toda la categoría está expuesta al riesgo de que un cambio en la política impositiva, decidido de un plumazo, altere las reglas", dijo Milam. También agregó: "La gestión de activos está llena de firmas que crecieron rápido y se desplomaron todavía más rápido".
Nacido en 1968, Hoon Kim creció en Corea del Sur y estudió administración de empresas en la prestigiosa Universidad Yonsei, en Seúl, antes de mudarse a Pittsburgh para cursar un MBA y un doctorado en contabilidad en la Universidad Carnegie Mellon entre 1996 y 2001. Durante sus estudios de posgrado analizó la relación entre la información contable, la valuación de las acciones y la volatilidad de los precios de los activos. Ahí estudió bajo la tutela de los reconocidos economistas y teóricos de la contabilidad, Yuji Ijiri, fallecido en 2017, y Shyam Sunder.
"Lo recuerdo como un estudiante muy brillante y trabajador", dijo Sunder, que hoy tiene 82 años y es profesor de la Escuela de Negocios de Yale. “Siempre pensaba en ideas nuevas y estaba abierto a ellas”, sostuvo.
En 2001, Kim comenzó su carrera en Mellon Capital Management, la división de Mellon Financial dedicada a inversiones que replican índices bursátiles, hoy parte de BNY, donde quedó al frente del área de investigación de acciones, con modelos matemáticos y algoritmos.
En 2005 pasó a AQR, un fondo de cobertura fundado en 1998 por Cliff Asness, David Kabiller, Robert Krail y John Liew a partir del trabajo que Asness desarrolló con su equipo de inversión en Goldman Sachs. AQR nació como un fondo de cobertura tradicional orientado a clientes institucionales, pero después de la crisis financiera se orientó a ofrecer productos más accesibles para inversores minoristas.
La firma utilizó modelos informáticos para intentar replicar los retornos de los hedge funds a un menor costo y trasladó esas estrategias a fondos comunes de inversión que buscaban generar "alpha", término en finanzas que se refiere al rendimiento obtenido por encima del de un índice de referencia. Esa apuesta impulsó una etapa de fuerte expansión para la compañía.
Para 2012, Kim ya participaba en la conducción del equipo global de selección de acciones de AQR. Ese mismo año colaboró en el lanzamiento de una familia de tres fondos comunes de acciones defensivas, diseñados para invertir únicamente en posiciones compradas y para reducir el riesgo.
En 2016 pasó a ser administrador de cartera del fondo de acciones long-short de AQR, un fondo común abierto, es decir, que permite el ingreso y la salida de inversores mediante la compra o el rescate de participaciones. Más tarde ese año, Kim participó en la creación de un nuevo hedge fund, uno de los primeros fondos long-short de AQR con gestión fiscal. "Es una gran idea porque, si lo pensás, podemos aprovechar las pérdidas fiscales en cualquier contexto de mercado", dijo Kim en aquella participación en el podcast, al explicar cómo funciona la estrategia. “Acciones que ganan dinero o que pierden dinero”, expresó.
Kim dejó AQR a comienzos de 2018 y fundó Quantinno más tarde ese mismo año. De su antiguo empleador incorporó a dos colegas del equipo global de selección de acciones, Paul Giordano y Albert Kim; sumó a Glenn Shirley, especialista en desarrollo de negocios, para dirigir las relaciones con inversores; y contrató a Todd Saunders, un veterano con 30 años de experiencia en hedge funds y antiguo compañero suyo en Mellon Capital Management. Los cuatro ingresaron en 2018 como socios con cargos en la alta dirección y participaciones minoritarias en la empresa.
Tishman Capital Partners, una firma de gestión patrimonial familiar vinculada a la familia propietaria de una desarrolladora inmobiliaria de Manhattan, se convirtió en el primer gran inversor de Kim. Según documentos públicos, Tishman destinó cerca de US$ 70 millones para que Quantinno los administrara.
Pero Kim pronto detectó que la verdadera oportunidad estaba en el enorme capital, todavía poco explotado, de los asesores de inversión registrados, conocidos en Estados Unidos como RIA, y de los administradores de patrimonio, a quienes Quantinno podía atraer mediante SMA personalizables. Los RIA son asesores registrados ante los organismos reguladores estadounidenses que administran inversiones o brindan recomendaciones financieras a sus clientes.
En 2021, Quantinno lanzó su plataforma DEALS, creada para facilitarles el acceso a sus cuentas long-short a esos asesores. Por esa época, Fidelity Investments, la mayor firma de corretaje de Estados Unidos, aceptó abrir su primera cuenta long-short con gestión fiscal, según trascendió, a pedido de uno de los clientes de Quantinno, quien también era cliente de Fidelity.
Después, Fidelity redujo de manera drástica el monto mínimo necesario para ingresar en la estrategia, lo que impulsó la llegada de asesores externos interesados en ayudar a sus clientes a postergar el pago de impuestos. AQR siguió los pasos de Quantinno y lanzó a fines de 2022 su propia plataforma de SMA long-short destinada a los RIA, bautizada Flex. Ambas firmas exigen hoy una inversión mínima de US$ 1 millón.
“El tema de las SMA realmente tuvo muy buena recepción entre los asesores. Quieren personalización a gran escala y la estructura de las SMA permite hacerlo", señaló el analista impositivo Sullivan.
La cosecha tradicional de pérdidas fiscales es sencilla en teoría. Un inversor vende una acción cuyo precio cayó, registra esa pérdida y compra otra distinta para reemplazarla, mientras utiliza esa pérdida para compensar las ganancias obtenidas en otras inversiones. Con el paso del tiempo, una cartera que solo mantiene posiciones compradas puede volverse cada vez más difícil de aprovechar con esta técnica, ya que las acciones que pierden valor se venden y, al final, solo quedan las ganadoras. Dentro de la industria, este fenómeno recibe el nombre de "osificación" y se transformó en un problema habitual durante el mercado alcista que ya lleva casi cuatro años.

Supongamos que trabajás en Nvidia y acumulás US$ 10 millones en acciones que subieron con fuerza desde que las recibiste o compraste, por lo que su costo original es muy bajo en relación con su valor actual.
Querés empezar a venderlas, pero no querés pagar un impuesto elevado sobre las ganancias de capital ni renunciar al efecto de reinvertir los rendimientos en el mercado. Ahí entra en juego una cuenta administrada por separado con una estrategia long-short. En una popular cartera long-short 130/30, tus US$ 10 millones en acciones de Nvidia sirven como capital inicial y garantía. El administrador toma préstamos de margen, es decir, dinero prestado contra los activos de la cuenta, para comprar otros US$ 3 millones en posiciones largas y, por separado, vende en corto US$ 3 millones en otras acciones.
El resultado es una cartera con unos US$ 13 millones apostados a subas y US$ 3 millones apostados a bajas, lo que mantiene una exposición neta al mercado de US$ 10 millones. Las pérdidas que aparezcan en cualquiera de los dos lados pueden utilizarse para compensar las ganancias que surjan a medida que vendés las acciones de Nvidia. También pueden servir para compensar otras ganancias todavía no realizadas de tu cartera si decidís desprenderte de esas inversiones, como participaciones en empresas privadas o fondos comunes de inversión que tengas en tu cuenta de inversión.
Para los inversores dispuestos a asumir más riesgo, existen alternativas más agresivas. La estrategia 200/100 eleva la apuesta a US$ 20 millones en posiciones largas y a US$ 10 millones en posiciones cortas, mientras que la 300/200 llega a US$ 30 millones en posiciones largas y a US$ 20 millones en posiciones cortas. En este último caso, la suma total de todas las posiciones, sin compensar, compradas y vendidas en corto, equivale a cinco veces el capital original. Estas versiones también exigen montos mínimos de inversión más altos.
El desenlace ideal de esta estrategia es que el inversor muera y deje la cuenta a sus herederos. Según una disposición impositiva de Estados Unidos conocida como stepped-up basis, los bienes heredados suelen actualizar su costo fiscal al valor de mercado al momento de la muerte del dueño original. De esta manera, la suba de valor acumulada durante la vida de esa persona, por lo general, no queda alcanzada por el impuesto a las ganancias de capital. En una cuenta long-short, los inversores pueden postergar impuestos sobre la garantía original —en este ejemplo, las acciones de Nvidia—, así como sobre las posiciones que aumentaron de valor y se financiaron con apalancamiento.

Sin ese beneficio fiscal, la estrategia long-short solo posterga el pago del impuesto sobre las ganancias de capital, en lugar de eliminarlo. Cliff Asness, responsable de AQR, remarcó que esta diferencia es muy importante. Después de todo, la lógica de una estrategia long-short consiste en compensar impuestos mientras el resto de la cartera acumula ganancias todavía mayores que no se hicieron. Pero si un inversor necesita efectivo de manera repentina, puede verse obligado a vender sus posiciones antes de lo previsto y reconocer esas ganancias, que entonces quedan sujetas a impuestos.
"Entrás en una de las estrategias de más largo plazo que probablemente veas en toda tu vida", señaló Aaron Brachman, asesor de Steward Partners, una firma con sede en Washington D. C. que administra US$ 1.400 millones. Brachman recomienda a sus clientes utilizar estrategias long-short solo si están dispuestos a mantenerlas durante toda su vida.
"Estás casado con tus administradores", señaló Matthew Lusins, asesor radicado en Jackson Hole, Wyoming, quien antes trabajó para Jim Simons. “No es que puedas simplemente tomar 2.000 posiciones y cuentas y trasladarlas fácilmente a otro lugar”, señaló.
Después están las comisiones. Además del cargo que cobra el subasesor, es decir, la firma especializada que administra parte de la cartera, Quantinno cobra alrededor del 0,45% de los activos. El inversor también debe asumir los costos de financiación que paga al custodio. Esos gastos suelen ubicarse entre 50 y 150 puntos base, equivalentes al 0,5% y al 1,5% de los activos. A eso se suman los costos de transacción, pequeños en cada operación pero relevantes cuando se acumulan, porque la cartera requiere ajustes frecuentes para mantener las proporciones previstas. En conjunto, estos gastos pueden alcanzar hasta el 3% de los activos administrados y presionan a firmas como Quantinno y AQR para generar alfa antes de impuestos.
"Tenés que encontrar alguna manera de obtener un rendimiento superior solo para compensar esos obstáculos", señaló Lusins, quien considera atractiva la inversión long-short para algunos clientes, aunque sostiene que muchas de las personas a las que se les propone estarían mejor sin ella. "Me preocupa que la gente se lance a este segmento", dijo. “Lo ves una y otra vez con estas estrategias innovadoras. La gente entra de golpe y los rendimientos bajan. Hay mucho arrepentimiento entre los compradores”, agregó.
La próxima etapa de Quantinno pondrá a prueba si la demanda de los inversores de alto patrimonio puede avanzar más rápido que los controles de riesgo de las firmas que custodian sus cuentas y si su estrategia, que hasta ahora tuvo una expansión extraordinaria, puede resistir un mercado bajista.

Durante el último año, dos de los principales custodios financieros de Estados Unidos pusieron un freno a la fiesta. Fidelity, que ayudó a impulsar el auge de las SMA long-short, dejó de abrir la mayoría de las cuentas nuevas en diciembre de 2025 y elevó los costos de financiación para algunos clientes existentes a comienzos de 2026. La firma, que presta servicios de custodia a más de 3.400 asesores de inversión registrados, o RIA, mantenía bajo custodia el 52% de los activos de los clientes de Quantinno en marzo. En este mercado, los custodios son las entidades financieras que resguardan los activos y, además, facilitan parte del financiamiento necesario para operar con apalancamiento.
Schwab, que recién ingresó en este negocio en 2025, ya mantenía bajo custodia el 32% de los activos de Quantinno en marzo. Al igual que Fidelity, la firma que presta servicios de custodia a más de 16.000 asesores de inversión registrados, endureció sus reglas en los últimos meses. Limitó las nuevas cuentas a estrategias con una exposición máxima del 200% en posiciones largas y del 100% en posiciones cortas. Además, fijó un tope del 30% para la proporción de los activos totales de cada asesor bajo custodia de Schwab que puede destinarse a esta estrategia.
Si Quantinno necesita buscar otros servicios de custodia, tiene opciones. Una de ellas es Pershing Advisor Solutions LLC, una filial de BNY Mellon que administraba alrededor del 13% de sus activos en marzo. Interactive Brokers, Apex Fintech Solutions y Goldman Sachs, nuevos jugadores en el negocio de custodia para estrategias long-short, también figuran como posibles opciones.
Aunque un mercado bajista rápido y profundo sin duda afectaría el crecimiento de las cuentas long-short con gestión fiscal, los asesores que hablaron con Forbes expresaron confianza en la capacidad de Quantinno para administrar el apalancamiento y destacaron su disposición a adaptar los planes a la situación particular de cada cliente.
"Desde el principio, se cumplieron mis expectativas sobre lo que hacían", señaló Matt Fitzsimmons, uno de esos clientes satisfechos y socio gerente de Watchman Group, una firma con US$ 700 millones bajo administración. La compañía, un RIA con sede en Plano, Texas, trabaja con clientes de todos los Estados Unidos.
Asesores como Fitzsimmons son piezas clave para el futuro de Quantinno, ya que controlan el acceso a los clientes que pueden contratar este tipo de estrategias. Si la firma mantiene su respaldo, su margen de expansión podría ser enorme. Después de todo, la demanda de pagar menos impuestos parece inagotable, incluso si eso implica hacer algo con tu dinero que no terminás de comprender. "No creo que nadie pregunte por nuestros clientes; no lo hacen", señaló Fitzsimmons. “No me importa si tienen un patrimonio de US$ 10 millones. Puede que no entiendan qué significa vender una acción en corto”, sintetizó.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.