El Brent superó los US$ 100 por barril la semana pasada, impulsado por lo que ocurre en una franja de agua de 32 kilómetros de ancho, situada a unos 10.500 kilómetros de la costa de Estados Unidos. El tráfico de buques cisterna por el estrecho de Ormuz, que concentraba cerca de una quinta parte del petróleo transportado por mar en el mundo antes de la guerra, cayó casi a cero. Antes del conflicto, unos 80 barcos cruzaban el paso en una jornada intensa. El máximo reciente quedó en 25.
Ahora, Irán abrió un segundo frente con el respaldo de sus aliados hutíes en Yemen, que amenazan el estrecho de Bab el-Mandeb, la puerta sur del Mar Rojo. El paso resulta casi tan angosto como Ormuz. Mientras Arabia Saudita eleva el flujo de barriles por el oleoducto Este-Oeste hacia el puerto de Yanbu, un ataque en esa zona pondría en riesgo unos 4,5 millones de barriles diarios. Además, a diferencia de Ormuz, trabaría el tráfico de contenedores rumbo a Suez y forzaría a la carga entre Europa y Asia a rodear el Cabo de Buena Esperanza.

Mientras tanto, la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos (SPR, por sus siglas en inglés) se ubicó en su nivel más bajo desde 1983. En mayo, el presidente Trump autorizó la liberación de hasta 172 millones de barriles para contener los precios. La medida funcionó durante un tiempo, pero los operadores hablan de "fondos de tanque", el punto en el que extraer más crudo resulta físicamente imposible.

Por qué el oro no repuntó durante la guerra
El oro debería ser el refugio elegido cuando estallan las guerras y los petroleros dejan de operar, por eso resulta comprensible la frustración de algunos inversores durante los últimos meses. Lejos de dispararse, el metal precioso permaneció estancado cerca de los US$ 4.000 por onza, con una baja aproximada de una quinta parte desde el comienzo de los ataques contra Irán, a fines de febrero, y muy por debajo del récord de enero, cercano a los US$ 5.600.
La explicación no encierra ningún misterio. El precio del petróleo subió, aceleró la inflación y elevó las expectativas sobre las tasas de interés. Esa combinación presionó al oro y frenó cualquier intento de recuperación.
El impacto quedó a la vista en el mercado de bonos. La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años llegó al 4,71% la semana pasada, su mayor nivel desde enero de 2025. Los bonos alemanes tocaron niveles que no se veían desde 2011. La Reserva Federal y el Banco de Inglaterra alertaron sobre el riesgo de nuevos aumentos de las tasas de interés en los próximos meses.

Quienes me leen habitualmente saben que desde hace años sostengo que la variable decisiva para el precio del oro es la tasa de interés real. Cuando las tasas reales suben, el metal suele perder atractivo porque, a diferencia de los bonos, no paga intereses directos.
La participación extranjera en las tenencias de bonos del Tesoro estadounidense también cayó, del 56% en 2008 al 30% a fines de 2025. El comprador marginal de deuda pública ahora es un inversor estadounidense sensible al precio, que reclama una compensación mayor mediante rendimientos más altos. No creo que esta situación cambie de manera significativa en los próximos años, cuando termine la crisis actual.
China aprovecha la debilidad del mercado para comprar
El Banco Popular de China adquirió 15 toneladas de oro en junio, su mayor compra mensual desde octubre de 2023, y elevó sus reservas oficiales a 2346 toneladas. Así, acumuló 20 meses consecutivos de compras, la racha más extensa registrada, según el Consejo Mundial del Oro (WGC).
Pero no te concentres solo en qué hace China, sino en la forma en que actúa. El ritmo de acumulación se aceleró a medida que cayó el precio del oro. El país sumó 40 toneladas durante el primer semestre, período en el que el metal perdió cerca del 30% de su valor frente al máximo histórico de fines de enero. Los analistas del fondo de cobertura Zweig-DiMenna, con sede en Nueva York, estimaron que las compras chinas alcanzaron unos US$ 5.700 millones en el primer semestre, principalmente durante el segundo trimestre, frente a los cerca de US$ 2.000 millones de todo 2025, cuando el oro registró una fuerte suba.
Creo que China podría concretar una apuesta histórica si el pronóstico de John Paulson resulta acertado. El legendario gestor de fondos de cobertura, que ganó miles de millones con su apuesta contra el mercado de hipotecas subprime en 2007, dijo la semana pasada en CNBC que el oro todavía transita las primeras etapas de una suba de largo plazo.
"A medida que la gente pierde la fe en el papel moneda, el oro como alternativa seguirá creciendo", dijo Paulson. Además, señaló que el metal “se está convirtiendo en la moneda de reserva más adecuada del mundo, reemplazando a la moneda fiduciaria”.
Las mineras ganan fortunas con el oro a US$ 4.000
Quiero destacar otro comentario que Paulson hizo durante la entrevista. Según explicó, los inversores podrían obtener mayores beneficios si suman exposición a las mineras de oro, además de invertir en el metal. Coincido con esa mirada y, por eso, desde hace tiempo recomiendo destinar un 10% de la cartera al oro, dividido en partes iguales entre lingotes físicos y acciones de compañías mineras.
El oro promedió cerca de US$ 4.700 por onza en lo que va de 2026, frente a costos totales de producción (AISC) inferiores a US$ 2.000. Incluso con una cotización de US$ 4.000, el margen resulta extraordinario y se refleja en el flujo de caja libre, los balances con caja neta positiva y las recompras de acciones. Scotiabank anticipa importantes recompras por parte de Newmont, Barrick, Agnico Eagle y Kinross. Josh Wolfson, de RBC, sostiene que los productores operan desde una posición de fortaleza.
Como se anticipó, Newmont alcanzó un flujo de caja libre récord en el segundo trimestre, con US$ 2.200 millones tras producir cerca de 1,3 millones de onzas. La compañía, con sede en Denver, también anunció un dividendo de US$ 0,26 por acción. Se espera que Newmont y Barrick, que publicará sus resultados el próximo mes, registren ganancias combinadas cercanas a US$ 3.500 millones durante el segundo trimestre, una cifra de enorme magnitud.
El mundo aún mantiene poca exposición
Según los registros históricos, la inversión en oro permanece muy por debajo de su peso máximo. Como proporción de las carteras, el metal representa una exposición de apenas un dígito. Con su precio un 30% por debajo del récord histórico, este podría ser un buen momento para evaluar nuevas compras.
Mantener una exposición de entre 5% y 10%, además de reequilibrar la cartera de forma periódica, ayuda a sostener la disciplina. Para hacerlo, no necesitás formular una opinión sobre el estrecho de Ormuz.
El banco central de China no busca anticipar cada movimiento del mercado, y tampoco creo que vos debas intentarlo.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.