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Los mercados resisten: por qué se mantienen las subas pese al shock del petróleo por la guerra

Robert Daugherty

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El ruido global sacude a los activos, aunque los indicadores que suelen anticipar el fin de ciclo aún no aparecen. Con caja disponible, balances firmes y prudencia inversora, la tendencia conserva su respaldo.

29 Marzo de 2026 06.00

Seguimos en un mercado alcista, incluso después del shock. Los titulares son dramáticos, y con razón. La guerra en Oriente Medio se intensificó, los precios del petróleo superaron los US$ 100 por barril y el estrecho de Ormuz, una de las arterias más importantes del suministro energético mundial, quedó casi cerrado. Al mismo tiempo, los políticos estadounidenses, a solo seis meses de la reelección, respondieron con una urgencia que a menudo reflejó tanto la supervivencia política como la prudencia económica. Todo indica que se trata del tipo de episodio que debería ponerle fin a un mercado alcista.

Pero la historia deja una enseñanza más matizada: la historia no se repite, aunque la naturaleza humana sí. Y esa naturaleza humana, marcada por el miedo, las reacciones exageradas y la mirada de corto plazo, suele generar volatilidad dentro de las tendencias de largo plazo, no su final. Vale subrayar, además, que antes de estos desafíos recientes el mercado alcista mostraba solidez, amplitud y fundamentos intactos. Aunque sacudidas como estas pueden provocar correcciones y bajas fuertes, no desarman de manera automática la estructura de fondo de un mercado alcista.

Interpretar correctamente las señales

Cada semana, algún analista de mercado se pregunta si ya vimos el techo, y la duda resulta lógica después de las ganancias extraordinarias, el auge de las acciones tecnológicas y los titulares que oscilan entre la euforia y la ansiedad. Pero, si mirás los indicadores concretos que históricamente marcaron los principales puntos de giro del mercado, la evidencia sugiere que todavía seguimos en un mercado alcista, no en su tramo final.

Predecir cuál es el momento oportuno para invertir en el mercado resulta muy difícil, pero la historia dejó una guía. En los máximos y mínimos aparecen patrones de conducta, técnicos y fundamentales que se repiten a lo largo de los ciclos, y eso les permite a los inversores disciplinados distinguir entre el ruido y la señal. Aunque ningún modelo garantiza una sincronización perfecta, entender estos patrones da una ventaja clara para moverse en medio de la incertidumbre.

Cómo son de verdad los techos del mercado

Los techos reales del mercado casi nunca pasan de manera sutil o silenciosa; suelen aparecer con una intensidad imposible de ignorar. En esos picos, la actividad de las OPV se dispara porque las empresas salen a aprovechar la demanda de los inversores, mientras los precios suben con rapidez y muchas veces se despegan de los fundamentos de base. A la vez, el apalancamiento crece porque los inversores se endeudan de forma agresiva para ampliar la rentabilidad, y el crédito circula con facilidad mientras el riesgo sistémico queda subestimado.

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Cada semana, algún analista de mercado se pregunta si ya vimos el techo, y la duda resulta lógica después de las ganancias extraordinarias.

Las señales culturales también resultan elocuentes. Los medios financieros celebran una “nueva era” y la frase "esta vez es diferente" pasa de ser una advertencia a convertirse en una consigna. Los inversores aficionados irrumpen en el mercado de acciones, convencidos de que generar riqueza se volvió fácil y repetible. La innovación deja de analizarse con sentido crítico y pasa a usarse como excusa para ignorar por completo la valuación. La validación social reemplaza al análisis, y la participación queda mucho más atada al impulso que a la disciplina.

Cómo se ven pisos del mercado

Los pisos del mercado muestran una escena muy distinta, marcada no por el exceso, sino por la falta de entusiasmo. Las fusiones y adquisiciones se frenan de manera drástica porque las empresas dudan antes de invertir capital, las OPV desaparecen y el financiamiento de capital de riesgo se reduce con fuerza. Los múltiplos de valuación se comprimen, e incluso las empresas sólidas cotizan con múltiplos históricos del mercado o por debajo de esos niveles, muchas veces ignorados por inversores que evitan asumir riesgo.

El miedo domina el comportamiento y lleva los ratios precio/beneficio a valores de un solo dígito, mientras los bancos centrales evalúan medidas de flexibilización monetaria agresivas. La confianza del consumidor se debilita y los inversores se retiran por completo de los mercados, con la prioridad puesta en preservar el capital antes que en salir a buscar oportunidades. La paradoja es que, justamente en ese momento, aparecen las mejores oportunidades de largo plazo, aunque casi nunca se las reconoce así en tiempo real.

¿Dónde nos encontramos hoy?

Si aplicás este marco al contexto actual, incluso frente a la crisis geopolítica, aparece un mercado bajo presión, pero lejos de una situación extrema. Si bien las ganancias fueron importantes y algunos sectores, en especial el tecnológico, cotizan con valuaciones elevadas, falta el conjunto más amplio de señales clave. No aparece una explosión de OPV, el apalancamiento no llega a máximos históricos y las condiciones crediticias, aunque siguen disponibles, están lejos de mostrar una laxitud excesiva.

El sentimiento de los inversores también refleja un escenario más equilibrado. La participación de los inversores minoristas aumentó, pero no llegó a los niveles frenéticos de otros picos, y todavía persiste un escepticismo extendido. Muchos inversores conservan posiciones importantes en efectivo, una señal de cautela más que de euforia. En los medios financieros conviven análisis cruzados, con preocupaciones que siguen puestas en la inflación, las tasas de interés, la inestabilidad geopolítica y el crecimiento económico. Esa no es la psicología de un mercado en su punto máximo; es la mentalidad de un mercado que todavía avanza frente a un muro de incertidumbre.

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La escalada regional, crudo arriba de US$ 100, aversión al riesgo e incertidumbre política sacuden a los inversores.

Al mismo tiempo, estamos lejos de las condiciones que suelen marcar un piso histórico. La actividad de fusiones y adquisiciones sigue en marcha, el capital de riesgo se mantiene activo y, en líneas generales, las empresas no cotizan con valuaciones castigadas. Los mercados de crédito funcionan y, aunque el sentimiento no es eufórico, tampoco luce profundamente deprimido. En conjunto, esto sugiere un mercado que no está ni recalentado ni en colapso, sino que atraviesa una etapa de maduración del ciclo.

La conclusión

Las crisis geopolíticas, los picos en los precios de la energía y las respuestas políticas atravesadas por intereses partidarios generan volatilidad de manera inevitable, pero la volatilidad por sí sola no marca el final de un mercado alcista. A lo largo de la historia, los mercados mostraron capacidad para absorber la incertidumbre y adaptarse, y muchas veces avanzaron no pese a ese contexto, sino a través de él. Los mercados alcistas, por su propia naturaleza, atraviesan la incertidumbre, y los hechos recientes apenas hicieron que ese recorrido resultara un poco más difícil.

Si se mira el cuadro completo, la base del escenario sigue igual. El mercado alcista que dio inicio a este período tenía fundamentos sólidos, respaldados por dinámicas económicas y corporativas de fondo que los hechos recientes no desarmaron por completo. Aunque las correcciones aparecen, en promedio, una vez por año e incluso resultan saludables, no conviene confundirlas con fallas estructurales.

Los inversores que construyen riqueza duradera no son los que intentan anticipar cada episodio geopolítico o cada movimiento de corto plazo. Por el contrario, mantienen la disciplina, se apoyan en los datos y ponen la mirada en las tendencias de largo plazo. Hoy, la evidencia apunta a un mercado bajo presión, no a uno que esté cerca de agotarse. Esa diferencia resulta decisiva, porque separa la reacción de la estrategia.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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