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La fortaleza energética de Estados Unidos, la rotación global hacia activos locales y el peso de las petroleras sostienen a Wall Street pese al riesgo latente en el estrecho de Ormuz y en las cadenas de suministro.

6 Marzo de 2026 13.18

Un importante ataque militar de Estados Unidos contra Irán desató un conflicto abierto y planteó una amenaza inmediata sobre el estrecho de Ormuz, el punto de estrangulamiento por el que pasa cerca de una quinta parte del petróleo del mundo. En términos históricos, una interrupción repentina de esta magnitud en el suministro energético global funciona como un disparador clásico de una fuerte caída del mercado.

Durante el embargo petrolero árabe de 1973, el salto de los precios de la energía provocó una estanflación que borró cerca del 48% del valor del S&P 500. Algo similar pasó cuando Irak invadió Kuwait en 1990 y recortó de golpe el 20% de la oferta mundial de petróleo: el índice cayó casi 20% y entró en un mercado bajista. Sin embargo, en los días posteriores a los ataques del 28 de febrero, los mercados de Estados Unidos mostraron una resiliencia llamativa.

Aunque los picos en el precio del petróleo y la preocupación por la guerra provocaron fuertes bajas en la apertura, no apareció una venta masiva de acciones. Por el contrario, los compradores entraron de manera sostenida y el S&P 500 muchas veces rebotó para cerrar sin cambios, con una baja leve o incluso en terreno positivo. Entonces, ¿por qué Wall Street conserva la calma mientras una ruta energética clave para el mundo está bajo ataque? La respuesta está en una transformación profunda del sistema financiero de Estados Unidos.

¿Por qué Wall Street ignora el shock del petróleo?

La razón principal es la seguridad energética. Estados Unidos se ubica como el mayor productor mundial de petróleo y gas natural a comienzos de 2026, con un promedio de unos 13,6 millones de barriles por día. Además, exporta más energía de la que importa, algo que le da un resguardo natural frente a sacudones en la oferta global.

Esa ventaja energética explica una brecha cada vez más marcada entre los mercados internacionales. Mientras el KOSPI de Corea del Sur cayó con fuerza, al punto de hundirse hasta 12% en una sola rueda, y el Nikkei de Japón retrocedió casi 6% en los últimos cinco días de operaciones, el S&P 500 se mantuvo firme. Entre 70% y 80% del petróleo y del GNL que van hacia esos dos países debe pasar por el estrecho de Ormuz.

Es probable que los inversores globales estén reasignando fondos desde Asia y Europa, muy dependientes de las importaciones de energía, hacia acciones estadounidenses de gran capitalización. Esa búsqueda de resguardo en la renta variable de Estados Unidos aparece como una tendencia nueva en 2026. Muchos ya ven al S&P 500 como una alternativa más estable que los bonos del Tesoro estadounidense, en un contexto en el que los rendimientos de esos títulos sufren presión por el temor a una mayor inflación ligada al alza del petróleo. A eso se suma que empresas energéticas del país, como ExxonMobil, EOG y Chevron, sacan ventaja de la suba de los precios del crudo.

Drones militares
Un importante ataque militar de Estados Unidos contra Irán desató un conflicto abierto y planteó una amenaza inmediata sobre el Estrecho de Ormuz.

Como gran productor con capacidad para mover la oferta, Estados Unidos puede aumentar la producción si hace falta. Un conflicto en Irán también podría fortalecer el dólar, ya que los inversores globales desvían capital hacia la única gran economía con margen para sostener su propio suministro energético en medio de las interrupciones. Esa entrada de fondos ayuda al S&P 500 a esquivar bajas más profundas, como las que ya se vieron en Europa y Asia. En ese escenario, conviene seguir de cerca el recorrido de acciones financieras como JPMorgan, Goldman Sachs y Bank of America, porque una suba de las tasas de interés, un flujo firme de dólares y el crédito al sector energético empujan las ganancias.

¿Es el mercado completamente inmune a las consecuencias?

La independencia energética no vuelve a Estados Unidos inmune al conflicto.

Un cierre prolongado de más de 30 días podría alterar con fuerza las cadenas globales de suministro y convertir una crisis energética en una posible crisis manufacturera. El impacto no se limitaría al petróleo. El estrecho canaliza cerca de un tercio de la urea que se comercializa en el mundo, un fertilizante clave para la producción agrícola. Si sigue cerrado hasta la primavera de 2026, los precios globales de los alimentos podrían subir para la cosecha de verano por el aumento en los costos de los fertilizantes. Un golpe de ese tipo probablemente empujaría la inflación global y haría que los bancos centrales dudaran a la hora de bajar las tasas de interés, con un efecto negativo sobre los mercados.

En EE.UU., el principal riesgo no pasa por una escasez de combustible, sino por una desaceleración del comercio global, que aporta cerca del 40% de los ingresos del S&P 500. Si las rutas marítimas se congestionan y las cadenas de suministro se achican, el golpe sobre las ganancias podría sentirse incluso con la ventaja energética de Estados Unidos todavía intacta.

Manual histórico: los mercados tocaron piso antes del alto el fuego

La señal más contraintuitiva del pronóstico a 30 días es que el S&P 500 casi nunca espera un alto el fuego para rebotar. Los mercados suelen atravesar retrocesos breves. En términos históricos, el mercado descuenta el peor escenario posible en la previa de una guerra. Por eso, el inicio concreto de las hostilidades muchas veces funciona como un "evento despejador" de la incertidumbre.

NASDAQ, S&P 500, Acciones
Aunque la resiliencia del S&P 500 refleja la independencia energética de Estados Unidos, los riesgos de una inflación global más alta y de interrupciones en la cadena de suministro siguen muy presentes.
  • Guerra de Irak (2003): el mercado no esperó al inicio de la invasión, el 20 de marzo. Tocó piso 7 días antes del primer ataque. La incertidumbre ya estaba descontada durante la preparación y, después de eso, el S&P 500 subió 8% en el mes siguiente. Con el correr de los meses, avanzó 30% a lo largo del año posterior.
  • Israel-Hamás (2023): tras el ataque del 7 de octubre, el mercado cayó a medida que crecía el temor a una escalada. Sin embargo, tocó piso hacia fines de octubre, entre dos y tres semanas más tarde, antes de dispararse rumbo al mercado alcista récord de 2024.

¿Cómo proteger tu patrimonio del shock geopolítico?

Aunque la resiliencia del S&P 500 refleja la independencia energética de Estados Unidos, los riesgos de una inflación global más alta y de interrupciones en la cadena de suministro siguen muy presentes. En un clima geopolítico impredecible, dejar que el miedo marque tus decisiones de inversión o depender solo de una cartera frágil con pocas acciones puede poner en peligro tu capital. En ese contexto, un sistema profesional de gestión patrimonial te ayuda a sostener la disciplina.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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