Son casi las 8 de la mañana cuando Gloria Moncrief llega al hangar de su compañía petrolera en el aeropuerto de Meacham, en Fort Worth, Texas. Sube a una avioneta Cessna Citation de ocho plazas y cuenta que su Boeing 737, Lucky Liz, está en el taller. El vuelo hasta un pequeño aeródromo del sur de Luisiana dura cerca de una hora. Después, le sigue un trayecto de 45 minutos por el dique hasta la cuenca del río Atchafalaya, el pantano más grande de Norteamérica, y otros 15 minutos en una lancha de fondo plano, entre caimanes, águilas calvas en sus nidos y pescadores que avanzan con sus botes por el pantano.
Al doblar una curva del canal, la embarcación llega a una enorme plataforma petrolera, con una torre de perforación de 45 metros de altura y motores que rugen sin pausa. Alto y delgado, vestido con jeans y botas altas de piel de avestruz, Moncrief, de 44 años, sube a la estructura, donde un puñado de obreros cubiertos de barro maniobran tramos de tubería de acero de 12 metros con enormes tenazas hidráulicas.
Moncrief es el CEO de Montex Drilling Company, la empresa familiar dueña de Moncrief Oil, que destinó US$ 300.000 diarios al alquiler de la plataforma y a mantenerla activa las 24 horas, con 60 personas en turnos de 12 horas, 14 días de trabajo y 14 de descanso. El objetivo: perforar el segundo pozo de gas natural más profundo jamás hallado en Estados Unidos. El Highlander 2 baja 9,4 kilómetros, donde intercepta una zona de arena de 244 metros de espesor bruto, saturada con billones de metros cúbicos de gas natural. El pozo se completó hace poco, tras 389 días de perforación.

En la industria actual del petróleo y el gas, no hay una apuesta más riesgosa que la de esta heredera petrolera, que dio todo por un pozo ultraprofundo que nadie más se animaba a explorar, después de 20 años de decepciones y desastres en la zona. La compañía ya invirtió US$ 300 millones en la perforación de Highlander 2. Ahora, Moncrief busca socios que la ayuden a financiar los cerca de US$ 2.000 millones adicionales que faltan para conectar el pozo, construir una planta de procesamiento y, en el mejor escenario, perforar otros cinco pozos ultraprofundos.
Por suerte, Moncrief lleva el petróleo en la sangre y la tenacidad en los genes. Tras la muerte de su padre y de su abuelo en 2021, su tío intentó quitarle la empresa. Apenas había tomado las riendas cuando el pozo anterior al Highlander colapsó. Lejos de desanimarse, reunió rápido a un equipo para probar otra vez. Con la primera etapa ya terminada y los precios del petróleo en alza, Moncrief está más segura que nunca de que podrá conseguir el dinero y vender el yacimiento a los exportadores de gas de Luisiana por US$ miles de millones. "Le prometí a mi padre y a mi abuelo que lo perforaría, y eso fue lo que hice", afirmó.
Los orígenes petroleros de su familia se remontan a 1927, cuando su bisabuelo William A. "Monty" Moncrief, ametrallador en la Primera Guerra Mundial, empezó a perforar. Tras más de una docena de pozos secos, dio un gran golpe con el descubrimiento de un yacimiento de 1.000 millones de barriles en el este de Texas, en 1931.
Su hijo William A. Jr., conocido como Tex, se sumó a la empresa en 1945. Con el respaldo de inversores como sus amigos de golf Bing Crosby y Bob Hope, levantaron una de las mayores petroleras familiares de Estados Unidos y llegaron a la primera lista Forbes 400 en 1982, una década después de explotar el gigantesco yacimiento de gas Madden Deep, en Wyoming, en 1972.

En 1994, el IRS allanó Moncrief Oil, incautó 300 cajas de documentos y 25 archivadores, en un operativo que el abogado de Tex describió en aquel momento como propio de la Gestapo. Tex llegó a un acuerdo con la agencia tributaria en 1996 por US$ 23 millones.
Tex tuvo ocho hijos con dos esposas. El mayor de su segundo matrimonio, Charlie, padre de Gloria, quedó como heredero natural, para disgusto de su hermanastro Richard, que tomó su propio camino y fundó Moncrief Oil International, aunque terminó envuelto en un largo litigio con la rusa Gazprom.
La hija mayor de Charlie quedó fascinada por la exploración petrolera no convencional. "Incluso de chica, sabía que eso era a lo que me iba a dedicar. Me encantaba la acción", dijo Moncrief, que se sumó al negocio en 2009, tras una breve etapa en el Departamento de Estado de EE.UU. durante el segundo mandato del presidente George W. Bush. Jenna Bush fue su compañera de cuarto en la Universidad de Texas en Austin.
Moncrief recuerda su primer día en la oficina familiar, cuando James Robert "Jim Bob" Moffett, presidente del gigante minero Freeport-McMoRan, llegó para proponerles a Tex y Charlie invertir en un yacimiento de gran profundidad en Luisiana. Había comprado el yacimiento Blackbeard a ExxonMobil, que se rindió tras más de un año y US$ 300 millones perdidos. Sin perder impulso, Moffett les mostró mapas con datos sísmicos que, según sus cálculos, revelaban enormes reservas de gas atrapadas en rocas de 100 millones de años de antigüedad.
Tex y Charlie se sumaron a la iniciativa con una participación del 10% en uno de los proyectos de Moffett. Gloria lo vio de cerca: "Asistí a todas las reuniones y escuché todas las llamadas telefónicas", recordó. Moffett, que bautizó sus proyectos con nombres de piratas, perforó el pozo Davy Jones hasta una profundidad de 8,8 kilómetros. Parecía un gran descubrimiento, con billones de metros cúbicos de gas, pero los problemas mecánicos, agravados por temperaturas de 227 °C y la fuerte presión en el fondo del pozo, los obligaron a abandonarlo en 2012.
El fracaso solo alimentó la obsesión. Después llegó una serie de pozos secos ultraprofundos. Más tarde apareció el Highlander original. Un consorcio liderado por Freeport-McMoRan, con Moncrief al 10%, completó el pozo en 2014; poco después empezó a producir 75 millones de metros cúbicos diarios, unos US$ 80 millones al año en ingresos a precios actuales.
Muchos creían que la perforación ultraprofunda no tenía sentido en pleno auge del gas de esquisto. Uno de esos detractores fue el inversor agresivo Carl Icahn, quien logró que Freeport abandonara el proyecto de Moffett.
En 2017, poco después de que Freeport se retirara y vendiera su participación a otra empresa, a Charlie le diagnosticaron cáncer cerebral. Gloria llevaba a su padre a radioterapia todos los días, y él aprovechaba esos viajes para enseñarle todo lo que necesitaba saber. "Me dijo: 'Gloria, todo esto va a recaer sobre vos'", recordó.
Tex y Charlie murieron en 2021. Después, el tío de Gloria, Dick, intentó despedir al CFO y se opuso a que una mujer quedara al frente del negocio familiar. La empresa pertenece a tres fideicomisos que representan a los descendientes de Tex. Gloria lo demandó y ganó una causa, aunque el litigio entre ambos sigue abierto. "Hay que ser fuerte, sobre todo en un negocio de hombres", afirmó Kit Moncrief, madre de Gloria, presidenta del directorio de la Universidad Cristiana de Texas. "Ella era quien debía hacerse cargo. Nunca hubo duda", agregó.
En enero de 2023, Gloria recibió una llamada en la que se le informó que el primer pozo Highlander había quedado destruido. El agua se había filtrado en el pozo y ya no saldría gas. Fue pérdida total. En mayo, el socio que había comprado la participación de Freeport se la vendió a Montex. Había, al menos, un punto a favor: una cobertura de seguro de US$ 300 millones destinada exclusivamente a reemplazar el Highlander por un pozo nuevo.
Los escépticos se preguntan por qué alguien gastaría tanto para perforar a semejante profundidad, con la abundancia de gas de esquisto barato en Estados Unidos. Pero, en una ironía del negocio, es justamente por la revolución del shale que Moncrief se muestra más optimista que nunca. Esa abundancia impulsó la construcción de terminales de exportación de gas natural licuado, GNL, con fuerte demanda a lo largo de la costa del Golfo, cerca de su plataforma Highlander. Para fines de 2027, Moncrief espera conectar Highlander 2 con alguno de los varios gasoductos ubicados a pocos kilómetros.
En pleno vuelo de regreso a casa, en medio de una tormenta, Moncrief se levanta de su asiento en el Citation para pedirles a los pilotos que, por favor, esquiven la enorme nube que bloquea el camino a Fort Worth. "Ya tuve bastantes turbulencias en los últimos años", dice.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.