Julissa Villanueva Periodista
El crecimiento de los servicios digitales abre una oportunidad para que Ecuador gane espacio en las exportaciones. Sin embargo, el reto del sector tecnológico no es solo desarrollar software, sino fortalecer capacidades para competir en el mercado internacional.
En 2025, los servicios de programación y consultoría informática generaron US$ 112 millones en exportaciones, que ascienden a US$ 187 millones al incluir consultoría de gestión, según registros del Servicio de Rentas Internas y el Banco Central del Ecuador. Aunque el sector aún es incipiente, su evolución refleja el potencial del país para insertarse en la economía digital.
En este contexto, David Dueñas, presidente del Clúster de Tecnología de Guayaquil, analiza los desafíos que enfrenta el sector para escalar sus exportaciones.
Hagamos un primer mapeo de lo que el clúster ha observado en estos últimos dos años. ¿Cómo está Ecuador en el desarrollo tecnológico?
Ecuador enfrenta desventajas estructurales cuando compite en mercados internacionales, especialmente en sectores donde no existen ventajas naturales como ocurre con el camarón o el cacao. En tecnología, en cambio, la competencia es global desde el inicio. Sin embargo, el rápido avance de tecnologías como la inteligencia artificial ha reducido parte de esas brechas. Hoy equipos pequeños pueden desarrollar soluciones innovadoras con posibilidades similares a las de empresas ubicadas en hubs tecnológicos tradicionales. Todos están aprendiendo y desarrollando estas tecnologías prácticamente al mismo tiempo, lo que abre una ventana de oportunidad para que países pequeños como Ecuador impulsen innovación en áreas como inteligencia artificial o Internet de las Cosas (IoT).
¿Ecuador está listo para exportar tecnología a escala, considerando que en 2025 este sector generó US$ 112 millones?
Hay que considerar que no todas las empresas están listas. El primer paso es identificar cuáles tienen potencial real de escalar y enfocarse en ellas. Muchas requieren fortalecer capacidades que no son técnicas, como ventas, marketing, finanzas o costos, para volverse sostenibles y competitivas. Desde el clúster, el enfoque es justamente acompañarlas en ese proceso y prepararlas para dar el salto hacia la internacionalización. Exportar tecnología, además, permite competir en condiciones más equitativas. El principal desafío sigue siendo el acceso a financiamiento y la capacidad de articular esfuerzos: unir talento o profesionales que dominen el negocio de la tecnología, recursos y capacidades es clave para escalar y posicionarse en mercados internacionales.
Según datos del INEC, en el país hay 260 empresas del sector que exportan. ¿Qué tecnología de la que desarrollan tiene ventajas competitivas en el exterior?
Es importante indicar que el sector tecnológico ecuatoriano puede dividirse en dos grandes segmentos: por un lado, las empresas de infraestructura, principalmente telecomunicaciones, que están altamente concentradas en pocos actores de gran tamaño, lo que limita la competencia; y por otro, las empresas de software, donde predomina una base amplia de compañías. En este último grupo, Ecuador ha desarrollado soluciones tecnológicas con ventajas competitivas, especialmente en el sector financiero y en aplicaciones basadas en datos e inteligencia artificial.
¿Cuáles son esas soluciones tecnológicas?
Por ejemplo, en banca ya existen desarrollos locales de reconocimiento facial e identificación digital integrados en aplicaciones móviles, que no solo validan la identidad del usuario, sino que además cruzan información con registros oficiales y detectan intentos de fraude en tiempo real. Estas soluciones, que antes se importaban, hoy se producen en el país con mayor nivel de adaptación al entorno local. Además, hay capacidades en desarrollo de software a medida, analítica de datos y aplicaciones móviles empresariales, que permiten a distintas industrias, como manufactura o acuacultura, optimizar procesos y tomar decisiones en tiempo real. Este tipo de tecnología tiene potencial exportador, porque responde a necesidades específicas y puede competir en igualdad de condiciones en el mercado internacional.
Según las últimas cifras del INEC, en 2024 se registraron 7.158 empresas del sector bajo la figura de persona natural, casi el 62 % de las empresas relacionadas con tecnología en el país. ¿Cómo impacta esta estructura en su capacidad de crecimiento?
Es una realidad. El sector tecnológico ecuatoriano está altamente fragmentado. Solo en el área de influencia de Guayaquil existen más de 1.500 empresas tecnológicas, pero la gran mayoría opera a pequeña escala: alrededor de 20 medianas, 300 pequeñas y más de 1.200 microempresas, donde muchas tienen la figura de persona natural. Esta estructura no solo limita su capacidad de crecimiento, sino que también refleja una alta debilidad financiera, que dificulta su sostenibilidad.
¿Qué políticas públicas podrían impulsar realmente al sector tecnológico ecuatoriano?
Hace poco me reuní con representantes de la Corporación Andina de Fomento y me hicieron exactamente esa pregunta: ¿cómo podemos ayudar como gobierno? Mi respuesta fue muy simple: enséñennos inglés. Puede parecer algo menor; incluso algunos se rieron cuando lo dije, pero para mí esa sería la política más importante. Lo otro es aprender a vender y eso implica capacitación especializada, porque estoy muy seguro de lo que le voy a decir: ya no estamos en una etapa para desarrollar software, eso ya lo sabemos, ya nos hicimos competitivos, falta dar el siguiente salto con estos temas tan básicos.
¿Por qué considera que el idioma es una barrera clave para la industria?
Lo que necesitamos es un empujón para vender al mundo. Tenemos muchas cosas para vender, pero si no podemos comunicarlas adecuadamente, perdemos competitividad frente a otros países.
¿Existen referentes regionales como Costa Rica que Ecuador podría tomar como ejemplo?
Sí. Un caso claro es Costa Rica. Hace años el gobierno impulsó políticas para que la población hablara inglés y hoy vemos que es un gran centro tecnológico. Ese proceso tomó entre 15 y 20 años. Uruguay también tiene políticas interesantes: independientemente de si gobierna la derecha o la izquierda, mantienen incentivos para la industria tecnológica como una política de Estado.
¿Qué tipo de incentivos han sido clave en esos países?
Por ejemplo, en Uruguay durante años las empresas de tecnología que exportan no pagan ciertos impuestos. Eliminar un impuesto de ese nivel puede ser decisivo para que una empresa se enfoque en exportar y desarrollar tecnología que compita globalmente. En Ecuador las empresas pagan 25 % de impuesto a la renta. No es alto, pero sí es un instrumento que el gobierno podría utilizar para promover ciertas industrias estratégicas.
Algunos críticos dicen que el sector tecnológico genera menos empleo que otras actividades tradicionales. ¿Cómo responde a ese argumento?
Es cierto que Ecuador contrata más jornaleros agrícolas que programadores. Pero el punto no es cuántos programadores tenemos, sino cómo la tecnología puede impulsar el desarrollo del país. La tecnología es un habilitador muy poderoso para cualquier sociedad.
¿Qué papel juega hoy la inteligencia artificial en ese proceso?
Es un ejemplo claro de cómo la tecnología puede transformar sectores completos. Desde el clúster incluso publicamos, con nuestros propios recursos, un libro para enseñar a la banca ecuatoriana cómo usar inteligencia artificial para su beneficio. Lo hicimos junto con la Universidad de Barcelona. Eso demuestra que el talento humano está ahí. Lo que falta es que nos pongamos de acuerdo para aprovecharlo.
¿Cuánto tiempo tarda una empresa tecnológica en lograr madurez en el mercado?
Por ejemplo, iRoute Solutions tiene 25 años. Empezamos trabajando en inteligencia de negocios, algo que en ese momento era muy novedoso. Íbamos a las empresas más grandes del Ecuador a mostrarles cómo podían acceder a información gerencial casi en tiempo real para tomar decisiones. Eso sorprendió mucho en ese momento y nos permitió crecer. Hoy tenemos tres divisiones. La primera es una unidad de inteligencia y datos, que trabaja desde planificación estratégica para bancos hasta diseño de bases de datos para empresas manufactureras. La segunda es la división de soluciones móviles, que desarrolla aplicaciones para grandes empresas. Y la tercera, que es la más importante, es nuestra fábrica de software a medida, donde desarrollamos soluciones que se integran con los sistemas que ya tienen las grandes compañías. De allí vino la expansión, es un proceso que han atravesado las empresas de este sector. El conocimiento y la experiencia ya están.
En diferentes charlas, usted ha mencionado también un problema de confianza en el ecosistema tecnológico local. ¿A qué se refiere?
Es algo que me duele decirlo, pero muchas empresas ecuatorianas confían más en proveedores extranjeros que en empresas tecnológicas ecuatorianas. Eso es un problema serio para el desarrollo del sector.
¿Cuál es el desafío de este clúster?
El clúster busca convertirse en una puerta de confianza. Si una empresa necesita desarrollar software, puede acercarse a nosotros y le ayudamos a identificar qué empresa del ecosistema puede hacerlo mejor. Tenemos procesos para validar a las empresas y saber en qué son realmente buenas. Así ayudamos a que más compañías ecuatorianas trabajen entre sí. Además, tenemos convenios con varias universidades. Influir en las mallas curriculares es un proceso lento, pero ya existe conciencia de que hay una demanda creciente de talento humano tecnológico. (I)